
VIVA LA
VIDA
Estaba bajo la ducha en mi
barraca "Charly" en el campo de concentración de
Isla Dawson, cuando llegó
uno de los soldados condenados a muerte, más
machucado que membrillo de
colegial a tomar lo que sería su última ducha.
La muerte estaba dibujada
en su rostro: grandes ojos de gato que miraban al
vacío infinito como
ausentes de toda luz y esperanza.
Algo se apretó en mi
garganta. Yo también sabía lo que era eso. El Jueves
13 de Sept. de 1973, me
habían fusilado.
Fue un simulacro, desde
luego, pero yo entonces lo creía
realmente y me
hicieron escribir mi última
carta a mi madre, a mi mujer y a mis hijos.
Pero la vida gira
eternamente y la vida es buena en la medida en que tú
puedes sacar la parte
positiva de ella y transformar lo negativo en positivo.
Como aprendiz de panadero
en el campo de concentración Río Chico, en Isla Dawson, yo tenía otro horario.
Comenzaba a las 5:00 a.m.,
pero a las 15:00 ya había terminado mi labor.
Por eso tuve la ocasión de
toparme con este zombie, con este muerto en
vida.
A parte del campo de
concentración Río Chico, hubo otro campo de concentración, para los primeros
presos políticos. Le conocíamos como COMPINGIM, Compañía de Ingenieros
Militares o algo por el estilo.
El campo de concentración
Río Chico, estaba casi listo hacía más de un año, bajo la asesoría atenta del
nazi Walter Rauff, quién soñaba eufórico con hornos, según un oficial de los
infantes de marina, que en un gesto humanitario, le dejó disimuladamente su
pistola a Charly 8 para que se pegara un tiro y pudiera evitar así a todo mal
trato y humillación posteriores. Felizmente venció el optimismo y
gracias a la solidaridad
internacional y ahora estamos contando el cuento.
Es decir, los nazis
chilenos andaban ebrios de sangre en el primer período y pensaban hacernos
desaparecer a todos.
El campo estaba destinado
sólo a los presos de Santiago, en un comienzo.
Pero como las ocho barracas
con capacidad para 100 presos cada una, según el modelito Auswitch fuera mucho,
se nos concedió el privilegio de ocupar algunas, a nosotros, los presos de
Punta Arenas y alrededores.
Yo ya tenía tiempo de estar
en la isla y estaba haciendo carrera como ayudante panadero.
A las 11:30 le había llevado, junto con Sergio Miguel
Loguercio su última comida, al condenado a muerte, en una lata vacía de
duraznos en conserva, a la celda de
castigo Nr. 3. La misma celda dónde yo había estado castigado, un par de días
antes.
Llevar o repartir la comida
a los castigados era un privilegio de mi cargo.
El campo estaba en el
valle, Río Chico, frente a Bahía Inútil, cerca de la
playa. Al otro lado, Tierra
del Fuego, Porvenir, Rgto. Caupolicán.
A ambos lados del valle Río
Chico había 4 nidos de ametralladoras
punto 30
y con reflectores que
iluminaban de noche como si fuese de día.
Y a lo largo de la costa
tenían cañones contra los portaviones soviéticos.
Grande fue la algarabía
cuando una noche cañonearon una fragata de la marina.
Sin dar en el blanco por
supuesto. Serán babosos?
El Cabo Araya, Cocinero
Jefe, nos había ordenado: "lleven la comida a los
del chucho".
Y esta vez, las personas
del chucho iban a ser fusilados al día siguiente.
Hicimos lo mejor posible
con Sergio Miguel. Metimos el cucharón
bien hasta el fondo para
bucear una papa y un pedazo de carne de
oveja en la olla
gigantesca.
"Antes de salir el
Sol", así rezaba la sentencia, serán fusilados.
Yo agregué a esta comida el
pan, del que robaba diariamente.
Honradamente yo robaba. Yo
robaba honradamente. Robaba diariamente pan y
más pan para darlo a los de
la barraca Isla, Remo, Bravo, Alfa y Charly.
Pero había que andarse con
cuidado. Los nenes de las Juventudes Comunistas, se habían adueñado de la
cocina y robaban sólo para ellos y eran más sapos y peores que los milicos.
Carcamito me sorprendió una vez, cuando me llevaba una lata de mermelada y me
la quitó. Honradez era su lema.
Claro que yo llevaba la lata un poco a la vista, para
poder pasar un cargamento más valioso, escondido en otro lado. Uno que ha sido
marino....
En la barraca Isla estaban
los presos de Stgo. y Valparaíso. En Remo, los de Pta. Arenas ya condenados. En
Alfa, Bravo y Charly, los que aún estábamos en proceso.
Nuestra identificación
consistía en el nombre de la barraca y el número de la litera donde cada uno
dormía.
Yo era charly 7. Y yo lo
uso no porque me guste, sino para no olvidarme simplemente. Aunque algunas
avestruces entendidas en psicología, aseguran que hay que olvidar y perdonar.
La panadería, la cocina y
el horno me hacían bien. Hacía ya más de dos
meses que tenía una tos que
no me dejaba dormir ni dejaba dormir a nadie.
Mis pulmones enfermos no
aguantaban mucho más. Hasta que Lucho B. (charly 8)
(Luchito como te quiero) se
robó, en la enfermería, un frasco de “romilar”
para mí. Y me mejoré.
El soldado junto a mí, bajo
la ducha había llegado hacía dos días y había sido martirizado ante nuestra
presencia por un tenientillo que llamábamos el Care'vieja, quien había hecho un
festín de los jóvenes reclutas, junto con otro tenientillo de apellido
Valenzuela, quien era claramente retardado mental.
No estoy seguro, pero creo
que era pariente de Camilo Valenzuela, jefe de plaza de Stgo. el 4 de
Septiembre del año de Gloria de 1970.
Care'vieja y Valenzuela, estaban bajo las órdenes del
Capitán Mario Zamora Flores, pero no hace mucha diferencia, pues todos eran y
son psicópatas.
Care'vieja quería
inpresionarnos, a nosotros, los políticos, y comenzó a dar de golpes con su
metralleta automática Sik a los jóvenes reclutas a modo de bienvenida.
Cuando ambos jóvenes
cayeron como sacos de papas, los pateó en el suelo, y ellos se cubrían el
rostro en posición fetal.
De tanto en tanto, estos
campeones de la cobardía, se detenían para tomar aliento.
Y entonces se vislumbraba
una fugaz mirada de clemencia en los ojos aterrorizados de estos conscriptos.
No puedes hacer nada, me
decía a mi mismo. Aguántate brother, reclamaba mi subconsciente! Tú pasaste lo
mismo y aún estás vivito y coleando.
Mientras el guardia
esperaba afuera, le pregunté bajo la ducha al joven conscripto, quién apenas se
movía: "quieres mandar algún mensaje para tu familia?"
El apenas movió la cabeza
negativamente.
"Tal vez a tu madre,
tu hermano, tu mujer....?"
Movió nuevamente la cabeza
en señal negativa.
"Soy de Stgo.",
dijo, apenas en un susurro.
"Yo también", le
respondí, "vivo en Conchalí, entre Recoleta y El Salto".
"Tal vez somos del
mismo barrio dijo el canario". Yo intentaba hacerlo entrar en
confianza.
Un pequeño rayito de luz se
dibujó en sus ojos apagados y vidriosos y una
mueca de dolor fue un
intento de sonrisa.
"Tengo una perica en
el barrio El Salto, pero no tengo su dirección". "Ella
me parió un hijo".
"Como te llamai?” “Queris fumar?"
El movió la cabeza de
izquierda a derecha, pero afirmativamente.
"En la misma celda Nr.
3, dónde tú estás ahora, yo dejé cigarrillos y fósforos escondidos entre una
tabla del techo y las planchas de zinc. Están envueltos en una bolsa plástica.
Son tuyos".
"A menos que quieras
fumar ahora.....".
"Nooooh…."
Pera a buen entendedor,
media palabra es suficiente.
Dejé el agua corriendo, me
sequé un poco y le acerqué mis fósforos y
cigarrillos.
"Que fue lo que
hiciste?"
El dudaba de comenzar a
contar su drama, pero al calor del cigarrillo, comenzó a deshilvanar su cuento.
El 31 de Diciembre de 1973,
estaba de guardia con el Juancho a la entrada del Rgto. Pudeto.
(Hoy me acuerdo que ese 31
de Diciembre Orlando Letelier nos fue a cantar
tango a nuestra barraca. Y
cuando lo trasladaron de Isla Dawson, me dejó su chaleco que yo llevaba
orgullosamente todo el tiempo. Debe haber sido en parte de pago por el pan que
le daba. Traje el chaleco a Holanda y lo conservé muchos años hasta que a mi
mujer le dio por ordenar la casa............
)
Y continuando con su relato
me dijo: "Y como hacía tanto frío y había que celebrar el año nuevo, fui a
comprar un litrito de vino al clandestino del sargento, enfrente del Rgto.
Claro que un litrito no es ná y se nos acabó en un santiamén.
Entonces se rajó el Juancho
con otro litrito.
Y así nos fuimos poniendo
contentitos, litritos van litritos vienen y se nos calentó la trompa.
A eso de la tres de la
mañana y con más sed que nunca, el sargento no quiso
vendernos más vino y me dio
con la puerta en las narices.
Yo me regresé a la guardia,
humillado y sediento de todo: de vino y de venganza. Hijo e'puta….!
Después parece que me quedé
dormido en la garita, pero de pronto sentí como
un cienpiés que se
arrastraba sobre la nieve. Me desperté sobresaltado y mandé "alto!"
Algo respondió una voz que
siguió caminando.
"Alto!"
"Santo y seña!"
"Santo y seña!"
Algo respondió una voz sin
detenerse.
Y entonces disparé y el
caminante caminó tambaleándose aún unos pasos y
terminó cayendo suavemente
sobre la nieve, sin ruido, sin quejarse, silenciosamente muerto....para
siempre....
Y ocurrió que era mi sargento que vendía vino en el clandestino.
Estaba aclarando, cuando
llegó el relevo y nos agarraron. Nos torturaron y nos hicieron firmar una
declaración donde dice que éramos de la UP.
Y vino el proceso y el Juez
nos condenó a fusilamiento.....
De pronto entro el guardia que
esperaba al conscripto y nos dijo.
"Apurénse! Allí viene
el Tte."
Y Pedro, el joven con ojos
de gato asustado fue llevado de vuelta a la celda de castigo Nr. 3.
Aquella noche no pude
dormir, pensando en la lucha diaria contra la muerte.
Esperaba oír en cualquier
momento la descarga del pelotón de fusilamiento,
que se multiplicaría como
reacción en cadena miles de veces en los valles de Isla Dawson, recorriendo los
riachos y provocando la estampida del ganado libre y silvestre, de los
baguales, y la corrida estéril de algún par de terneros alcanzados por las
balas locas de los verdugos. Y un relámpago de luz se abriría como un paraguas
infinito iluminándolo todo.
Una linterna me alumbraba
la cara. Era hora de levantarme para comenzar mi
trabajo. Mis compañeros
dormían.
Una vez afuera, le pregunté
al guardia: "Y? Que pasó con los condenados a
muerte?" "Los
fusilaron ya?"
Pena remitida. Cadena
perpetua y 30 años y un día.
“Felizmente”, exclamé yo!
“Cadena perpetua y treinta años y un día. No es nada. Pasan volando”.
Y ese día el pan nuestro de
cada día fue infinitamente mas sabroso.
Viva la vida!
Probablemente el Pedro y el
Juancho viven ahora en el extranjero, lejos de
nuestro país al pié de los
Andes.
(c) 1998 r.p. cáceres vidal
atte. charly7
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