EL CABEZA DE  ALCANCÍA

---

 

 

Qué será del “Cabeza de Alcancía”?, me preguntan amigos por mail. De Punta Arenas y otras partes del mundo, nos pondremos a buscar a este mítico personaje, conscripto de la Fuerza Aérea de Chile, que llegó a Dawson el día 11 de septiembre de 1973, junto a otro soldado, también de la Base Aérea “Catalina”  y cuyo nombre nadie recuerda. Sus ropas harapientas, su pelo cortado al rape, como todos los detenidos de la FACH, nos contó un día que, en un allanamiento en sus dormitorios, les encontraron fotos de Salvador Allende. Un calendario dijo, de bolsillo.

 

Dos o tres días antes del Golpe los vejaron  en las aguas del Estrecho de Magallanes y fueron sometidos a  atropellos, con todo tipo de herramientas, para obligarlos a confesar contactos con líderes de la Unidad Popular de esa austral región.

 

Los primeros días en “Compingim” muchos desconfiamos de ambos. Pueden ser infiltrados, comentó alguien,  pero al ver, posteriormente, sus llagas, sus cicatrices, el profundo dolor que salía de sus poros, nos dimos cuenta que eran tan víctimas como nosotros.

 

Y también desconfiaban. No venían del mundo militante y el separar aguas, era mejor para  su seguridad, ya que los agentes de inteligencia merodeaban el sector,  intentando encontrar  reuniones conspirativas entre los presos, como si no fuera suficiente el hecho de estar confinados en una isla y reunidos en un solo lugar tan miserable como ellos.

Cabeza de Alcancía ,

al medio, en Copingim, 1973.

 

 

El Cabeza de Alcancía era servicial, jugaba fútbol, limpiaba las barracas, se preocupaba de los baños y a menudo nos tocó pelar varios sacos de papas en las cocinas donde personal de la Armada de Chile ordenaba la alimentación de toda la Compañía de Ingenieros Navales, que estaba a cargo de los prisioneros.

 

“Tenemos que salvar el pellejo”, me dijo una tarde. Pero creo que nos van a matar. Lo dijo con la certeza de un tipo que estaba preparado para morir en cualquier momento. A menudo los suboficiales lo humillaban, sobre todo los del ejército. Traidor de mierda, le decían, y el Cabeza de Alcancía agachaba  su cabeza de alcancía y callaba.

 

Le decíamos así porque tenía una enorme cicatriz que atravesaba su cráneo cortado al cero, sin un solo pelo, rapado con navaja, contó, por un cabo peluquero.

 

Qué será  de estos  ex conscriptos, primeras víctimas de la represión. Nunca nos quisieron contar de qué pueblo de la zona central eran,  qué  hacían sus padres, pero tenían  las huellas de  muchachos campesinos, acostumbrados al trabajo de la tierra.

 

Recuerdo su overol  azul lleno de barro en los primeros  apaleos de la Compañía de Ingenieros Navales de la Armada de Chile en Isla Dawson, su rostro con sangre de narices por las patadas de los cosacos.

 

Dónde estás Cabeza de Alcancía?. Eras de verdad un infiltrado, un agente de verdad, escuchando las conversaciones de los dirigentes de la Unidad Popular que después transmitían a tus contactos secretos?, o eras, de verdad, un joven que deseaba cambiar la sociedad y que tuvo la mala suerte de venir a Punta Arenas a cumplir su Servicio Militar y le hicieron una trampa al colocarle calendarios de Salvador Allende, para después darle una lección de terror a toda la tropa.

 

Nunca te creímos el cuento que tenías ese calendario. Tampoco dijiste que eras de izquierda, sólo decías que mala suerte tuvimos con mi amigo y nada más.

 

Después, te perdimos la pista, los sucesivos cambios de prisión, los traslados intempestivos. Pero siempre, con amigos dawsonianos, te hemos recordado.

 

 Fuiste y serás una incógnita, como mucho de lo que sucedió, y aunque no lo creas, te imagino con hijos, patos, caballos, en la zona central de Chile, en algún pueblo perdido en los mapas, rodeado  de todos los fantasmas que merodearon y aún viven en la Isla Dawson y que a veces se escapan con el viento para visitarnos, donde quiera que estemos en el mundo, solamente para observarnos, nada más que eso.

 

 Fantasmas llenos de soledad que están atrapados entre la vegetación y el mar, entre los pájaros y los maderos y vestigios del Campo de Concentración de “Compingim” y “Río Chico”; vagabundos de la nada, como decía Jorge Teillier,  condenados a vivir en la isla para siempre.

 

 

 

Aristóteles España

 

 

 

Calama-Chuquicamata

Diciembre de 2001

 

 

 

 

 

 

---

 

 

*  Actualidades

 

 

 

 

---

Volver a la Portada                   Volver al Indice

---