PESCADO ANDRADE

Existe
en Punta Arenas un Pescado de apellido Andrade. No tiene cara de pez y sin
embargo nada por la vida como un verdadero pez en el agua. Lo vimos en la
edición de internet del diario La Prensa Austral del 16 de febrero de 2003
recolectando firmas a favor de la paz en el centro de la ciudad como Presidente
de la Comisión de Derechos Humanos del Partido Socialista de Magallanes.
Las
nuevas generaciones pocos saben de este amigo Pescado que a los 16 años, en
1973, era Secretario General del Centro de Alumnos del Instituto Superior de
Comercio y militante de la Juventud Socialista. Se llama Ricardo Andrade
Santana y participó, junto a su generación, del proceso de cambios que
lideró Salvador Allende, desde su mundo de joven. Compartimos jornadas de
trabajo voluntario construyendo plazas infantiles, pintando letreros en el
camino al aeropuerto de Chabunco, hoy llamado Presidente Ibáñez, recorriendo
colegios para promover nuestras ideas, organizando eventos electorales, y como
activo participante en fiestas estudiantiles y asados partidarios y gremiales.
Nuestro
amigo pez fue detenido el 21 de septiembre de 1973 por efectivos de la Fuerza
Aérea de Chile y posteriormente llevado a un Consejo de Guerra junto a Emilia
Díaz, Vilma Mansilla, Sergio Mayorga, Magda Ruiz, Custodio Tenorio, Miguel
Aguila, Hugo Miranda, Erna Aqueveque, Hernán Cárdenas. En el libro de
testimonios “El sur de la memoria”, Ricardo Andrade cuenta: “Los servicios de
inteligencia andaban detrás de nosotros porque éramos los dirigentes de
recambio, a pesar de nuestra edad, y como no tenían forma de infiltrarnos, nos
tendieron una trampa, como quedó demostrado después. Un día llega una carta desde Río Gallegos para Emilia Díaz firmada
por el Secretario Regional de la Juventud Socialista, Eduardo Ramírez Zañartu.
La analizamos y encontramos que algunas cosas eran interesantes desde el punto
de vista político, así que la hicimos correr entre los compañeros. Pero se
trataba de una carta falsa redactada por el Servicio de Inteligencia Militar
para ver cual era nuestra reacción. Las personas que entregaron la
correspondencia fueron Antonia Díaz y Alicia Seissus Díaz, colaboradoras del
ejército. Todo esto lo supimos cuando fuimos llevados a Consejo de Guerra,
donde el fiscal Juan Toro nos acusó de “asociación ilícita” y pidió para mí dos
años de cárcel o cuatro en libertad condicional”.
Nuestro
amigo “pescado” permaneció en Punta Arenas y participó activamente en la
reconstrucción de su partido y la izquierda. Laboralmente se desempeñó durante
un período en la biblioteca de la Universidad de Magallanes y actualmente en la
Corporación Municipal de Educación.
Como
dirigente del área de DDHH su aporte es consecuente con su vida: impulsor de
campañas contra la guerra, buscando un mundo mejor, solidarizando con las
luchas en pro de la justicia y la verdad en Chile, intentando por todos los
medios que los asesinos paguen por sus crímenes, indagando sobre el destino de
los detenidos desaparecidos, impulsando tareas para la reparación por el daño
causado a cientos de jóvenes que fueron torturados, secuestrados y asesinados
sin que hasta el momento el Estado y el Gobierno de Chile se preocupen por la
suerte de las víctimas.
La paradoja es que la
Concertación se preocupó más de la suerte de Pinochet en Londres que de los
cientos de hombres y mujeres que fueron tirados al mar o fusilados por las
Fuerzas Armadas, como ellos lo reconocieron en la Mesa de Diàlogo.
La
generación de Ricardo “Pescado” Andrade en Punta Arenas se debe
preguntar por què un gobierno que ellos ayudaron a elegir con su impulso y votos termina apoyando al dictador y no a
ellos que en plena adolescencia fueron masacrados hasta decir basta por
esbirros que hoy se pasean impunemente por las calles de esa austral ciudad y
que se presentan como candidatos a concejales o parlamentarios.
Salud,
amigo pez, de tus amigos dispersos por el mundo, que a la distancia siguen de
cerca tus andanzas y que esperan
encontrarse contigo pronto para caminar de nuevo por la calle Bories, rememorar
nuestra bohemia en el Diamond, el Tío Paco, El Sargento Aldea, junto al Pelao
Díaz, Pichimoni Muñoz, y tantos compañeros que hoy observan con asombro como la
democracia se la lleva el viento de los consensos y la diversidad solo es
posible encontrarla en los supermercados.
Aristóteles España
Antofagasta, abril 2003
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