EL
MAGO WILLIAMS

El año 1992 el municipio de Punta Arenas contrató los
servicios del Mago Williams para que efectúe presentaciones en diversos eventos
con motivo de Fiestas Patrias. Un hecho de esta naturaleza sólo es posible
cuando no se tiene información de quien fue este personaje y el rol que cumplió
como asistente de los torturadores magallánicos.
Oriundo de Puerto Natales, merodeó en distintas
organizaciones políticas y sociales de la región magallánica, siempre al acecho
en la búsqueda de contactos e informaciones sobre el funcionamiento de las
mismas. Todos los indicios apuntan a que El Mago Williams, como Otto Trujillo y
tantos mercenarios entró a trabajar en los Servicios Secretos de la Fuerzas
Armadas de Chile, antes, mucho antes del Golpe de Estado.
En el acto oficial de ese entonces y cuando El Mago fue
anunciado por los altoparlantes, se escuchó la protesta de Manuel Troncoso,
dirigente socialista, Secretario Regional Ministerial de Educación del gobierno
de Patricio Aylwin, quien explicó el
caso al Intendente Roque Tomás Scarpa y junto a otras autoridades de la época
hicieron abandono del acto ante el asombro de los organizadores y la
perplejidad del público que no entendía lo que estaba ocurriendo en sus
narices.
Al día siguiente en el diario local El Mago denunció ser
víctima de una persecución en su contra y su palabra era sólo comparable a la
de los Monjes Benedictinos cuando hablan de la paz. Junto a Angel Vera en su
calidad de Presidente de la Agrupación de DDHH Orlando Letelier,
denunciamos a este personaje diciendo simplemente que había torturado a Kika
González de Zanzi y a muchos compañeros y compañeras en El Palacio de la Risa,
en la Casa del Deportista, en el Regimiento Ojo Bueno y que tendría que
responder ante la historia por sus actos y también ante la justicia.
Como todo cobarde que se precie pidió ayuda siquiátrica y
era visto ingresar a la Unidad de Salud Mental de la localidad en busca de
protección y para realizar –seguro-una adecuada catarsis. El Mago Williams pagó
y seguirá pagando sus atrocidades como torturar con electricidad a mujeres
indefensas y después intentar hipnotizarlas con fines oscuros.
Hasta 1995, fecha en que le perdimos la pista, era
golpeado en la calle, expulsado de los bares de Puerto Natales y Punta Arenas,
cuando ya alcohólico y destruido entraba a beber una caña de vino.
“Fuera maldito”, le espetaron en una oportunidad en el bar
“Punta Arenas”, ubicado en calle Chiloé al llegar a Balmaceda y El Mago Maraco
debió irse, famélico, gris, como implorando perdón.
Un conocido médico de la ciudad nos preguntó una vez si
era realmente cierto todo lo que se le atribuía a El Mago. Parece una buena
persona, me dijo.
Le
respondí que los torturadores no tienen por qué ser malos tipos en su vida
fuera de esos calabozos. Le cité el caso de Goering, de Beria, de Astiz. Todos
ellos históricos flageladores pero que de acuerdo a sus vecinos eran padres
ejemplares que regaban el jardín los días sábados y hacían parrilladas y cantaban hermosas canciones.
El invierno de 1995 recibí un recado de una mujer de
Puerto Natales, vinculada al Partido Socialista. El Mago quiere hablar contigo,
señaló. En buena onda. Quiere que lo escuches porque en tu libro aparece
nombrado varias veces y quiere que
conozcas su punto de vista. Me negué con fuerza. Pero después de
pensarlo dos veces le dije okey pero con una grabadora y con usted como
testigo. Por supuesto, nunca apareció.
Curiosamente, El Mago fue vendido por los propios agentes del SIM quienes
contaron que el tipo que hipnotizaba se llamaba Williams y era mago. En varios
lugares y después de las sesiones de interrogatorios. Ignoramos con qué fin.
Historias de traiciones, sin duda.
Como muchos “héroes” de la guerra sucia fue abandonado por
sus jefes; seguramente le pagaron sus trabajos y si te he visto no me acuerdo.
Ahora vaga por las calles como un zombie, sin empleo fijo y despreciado por los
suyos, con los ojos hinchados, el cabello cano y un olor indescriptible. Al verlo de lejos, se parece a los
personajes de Knut Hamsun y Nicomedes Guzmán, pero solo en la apariencia. Ahí
va El Mago dice la gente y colocan cara de asco.
Aristóteles
España
Calama, abril 2003.
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