
TINTERO
Las noticias en Chile para nosotros no eran muy buenas.
El Partido Comunista había sido declarado ilegal por el Sr. Presidente
de la República don Gabriel González Videla. Un hombre amable,
simpático,
que bailaba zamba y besaba los niños. Cuando declaró la guerra a los
comunistas,
recibió un avión color canela de regalo, parte de los EEUU. Mi padre era
anarquista
y yo no tenía edad para pronunciarme políticamente. Pero para la gente
del barrio
no existían sutilezas y a todos nos metían en el mismo saco: comunistas.
Naturalmente yo no tenía edad para saber de política pues andaba recién
el primero o segundo año de la escuela básica.
Pero González Videla me dio un beso de propaganda en cierta ocasión.
La Gladis Marín también, cuando le conté que no quería ir a la clase de
la
vieja Julia, porque le tenía miedo. La Gladis me dio un beso y pude
quedarme en su
clase. Nuestra profesora estaba enferma y éramos repartidos en otras
clases.
Y hay que imaginarse un aula repleta donde llegan de improviso 20 o 30
niños
extra. La clases eran de por lo menos 50 alumnos y a menudo no había
donde sentarse.
Claro que al poco tiempo desapareció, desapareció la Gladys, sumergida,
perseguida por los esbirros de siempre.
La propaganda entonces contra los comunistas era terrible. "Muerte
al comunismo" y no faltaba el cliché de que el mejor comunista es el
comunista muerto.
En el cine, se presentaba el noticiero "Mundo al Instante"
lleno de noticias controladas por las multinacionales de la prensa y la radio
presentaba una serie diaria llamada "Ojo de Aguila", el científico
que dio todo por combatir al comunismo.
Y el Reader's Dijes, estaba lleno de cuentos de gentes que huían
aterrorizadas por el sistema. Uno de estos se quejaba de haber sido torturado y
tratado de perro sarnoso por la KGB en tiempos de Stalin hasta que pudo escapar
hacia la libertad de los EEUU.
Mi padre era anarquista, pero en aquel entonces no se hilaba tan fino y
nadie ponía atención a estas sutiles diferencias y éramos todos metidos en el mismo
saco.
Y yo también, porque era considerado el hijo del comunista!
En la escuela era a menudo golpeado por los anticomunistas más grandes y
para colmo de males mi madre me había cortado el pelo casi al cero, a lo
colegial, decían, siendo así más fácil de ser localizado por mis enemigos.
Cuando estos en grupo me agarraban yo quería llorar y explicarles que yo
no
era comunista, que era anarquista pero para el hocicón Ramírez y su
pandilla, vecino de mi calle, no había diferencia alguna y era el que más me
pegaba.
Además, siempre existe algo así como dignidad y como nadie me
creía.........
aprendí a luchar...
Entonces luché. Sólo en un comienzo y con Care'lion después, mi
camarada.
Pero yo quería crecer pronto. Ser luego adulto para determinar mi propio
destino.
Y una de las cosas que debía hacer, según pensaba yo, con mi mentalidad
de niño, era a aprender a escribir con tinta y con pluma Faber "R Nr.
2", tan pronto como fuera posible.
Pero ello sólo era permitido a partir de la tercera clase y yo estaba recién
en la segunda.
Pero no pudiendo esperar más, me encaramé en una silla y me apoderé
secretamente del tintero de cristal que había en mi casa. Era una
reliquia, pasada de generación en generación por parte de mi madre. Había
pertenecido
antes a mi abuelo zapatero quién lo había regalado a ella. Ocupaba un
alto
sitial en mi familia, sobre un estante de libros construido por mi padre
carpintero.
Para mí aprender a escribir con tinta, era todo un status. Mi pobre
hermana
había tenido que aprender a escribir, a falta de lápiz, con trozos de
soldaditos de plomo.
Mi padre apenas podía escribir y
cuando lo hacía tenía que meterse el lápiz
en la boca para llenarlo con saliva como una especie de tinta invisible.
Yo
no encontraba bueno el sabor de la punta de los lápices, cuando lo
imitaba, pero
estos se deslizaban más suavemente sobre el áspero papel de los sacos de
cemento que usaba.
Cuando volvía de la escuela, un día, satisfecho de mis avances con
tinta, había un
grupo de anticomunistas en una calle lateral, nuestro campo de Marte, a
mi acecho.
Yo quise devolverme, pero no.
Siempre enfrente, pase lo que pase!
Tuve que luchar y Care'lion que iba conmigo luchó como un buen camarada
junto a mí.
A punta de bolsonasos y de todos lo trucos ilegales aprendidos en la
lucha, cuerpo a cuerpo, pudimos zafarnos de la jauría.
Pero cuando llegué a mi casa mi silabario y mis cuadernos estaban
manchados
con un azul dorado de la tinta que mi propia madre hacía con agua,
anilina y goma arábiga.
El tintero, recuerdo de familia, también había caído víctima de la lucha
de clases.
Y sigo luchando desde entonces…
(c) 1988 r.p. cáceres vidal
Volver a la Portada Volver al Indice