TARDE

 

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Hoy en la tarde pensaba en los amigos lejanos, olvidados, perdidos para siempre como fantasmas en la sombra.

Pero es sólo un decir, pues nunca es para siempre, desde luego.

Es sólo siempre un hasta luego.

Recuerdo aquel tiempo hermoso, en que muerto de hambre daba mi juventud trabajando

como profesor aquí y allá, dando clases particulares y estudiando dos carreras en la universidad.

Pensaba que me debía a la sociedad y tenía que pagar con creces lo que la sociedad me había dado.

Muchas veces tuve que estudiar de noche y larga se me hacían las horas.

Quinto humanidades en el Thomas Jefersson, cerca de la Plaza Brasil y así me fuí acostumbrando a hacer de la noche día y a trabajar o a estudiar sin descanso.

Pero lo más hermoso es ver a la gente, lo que aprende a pesar del cansancio nocturno.

Trabajé en el Liceo Nocturno Federico Hanssen, en la calle Cumming, cerquita de la Alameda.

Pero no era el único romántico desde luego.

Mis colegas? Cipriano Osorio, Jimmy Olate, Alvaro Román, Inés Manzur, Germás Saa, Eduardo Marambio, Angélica Péndola, Oliverio Barbe, Luis Cáceres (no es mi pariente), Mariani, Isabel..., José Godoy……. Y tantos otros…..

 

Ya no me acuerdo el año, pero Nelson Olavarría, otro compañero, comenzó un liceo nocturno en Lo Valledor, y ante la falta de profesores me invitó a participar.

Se creaba en aquella población, cerca de los Cerrillos, por primera vez, la posibilidad de

estudio para la juventud de ese barrio.

Y bien es sabido que los centros educacionales, son a la vez un centro social.

Así que se nos llenó el Liceo de jovencitas casaderas, obreros y delincuentes de todos los pelajes.

Pero yo seguía pedagogía para entregar algo a mi pueblo, con ese idealismo de jóven, vano y tonto.

Siempre hay tiempo para ganar dinero, más adelante, me decía.

Y si no lo gano mala suerte, nomás. Total lo importante es vivir y sentirse feliz. A quién le importa si eres rico o pobre si tú eres feliz?

Me levantaba a las seis de la mañana para llegar a tiempo a la Fac. de Filosofía y Educación allá en Macul.

A medio día me comía un sandwich llevado desde mi casa con un vaso de leche.

A las 18:30 tomaba la Liebre Lo Valledor repleta de gente para comenzar mi labor.

Terminaba a las 23:00 hrs. y a esa hora no había ya locomoción.

Tiraba millas cada noche hasta llegar a la Avda. Matta para tomar el bus de vuelta a casa.

Llegaba a eso de la 1:00 de la mañana. Comía lo que mi madre dejaba para mí y me iba a dormir contento y feliz.

Esperando comenzar al día siguiente la diaria rutina.

Pero en las clases nunca existe rutina.

Siempre ocurría algo nuevo en las clases.

Una vez en la última fila, un grupo de "choros y maleantes" comenzó a molestar a una alumna que había pasado adelante porque ella no aceptaba a ninguno como amante. Y la situación fué tan molesta que no me quedó mas remedio que mandar al cabecilla fuera de la clase.

 

"Chís! Ven a sacarme vós si soy tan gallo!", respondió el gil en cuestión.

Y yo no sé de dónde diablos saqué fuerza y valentía y me lo llevé retobado para afuera de la sala.

Al fin se hizo un poco de silencio y respeto y poco a poco, retomamos el ritmo de la clase.

Yo les conté que había sido como ellos algún día, también de un barrio pobre, pero nunca maleante. Que Care'lion mi amigo de la infancia vivía en la población, y que a él le preguntaran como había sido nuestra niñez de niños pobres pero honrados. Claro que ni tan fanáticos tampoco. Honrados, bueno! hasta dónde se podía nomás.

Care'lion ya no se atrevía a hablar conmigo, había perdido toda su familia y se avergonzaba ante mi, mas que nada por su pobreza. Pero yo creo que él me protegía cada noche, pues él tenía cierta reputación en la población y era conocido de todos en el sector.

Y lo sé casi con certeza porque los grupos de maleantes me dejaban pasar sin contratiempo, susurrando por lo bajo, es el profe amigo del Care’lion.

Con el tiempo organizamos un equipo de fútbol en el Liceo Nocturno Lo Valledor y yo los acompañaba los Sábados por la tarde. Aclaro que lo Valledor, no tiene nada que ver con valle de oro o cualquier cosa que se le parezca.

Y como si fuera poco, organizamos un coro, con un repertorio de conocidas canciones

incluyendo algunos simples cánones.

“Yo soy un pobre diablo…,

me siento muy cansado…,

cansaaaadoooooo, caminando tantooooo”

etc. etc.

Todo era miel sobre hojuelas, cuando en ese mes de Diciembre, el día15, le robaron el sueldo a una de nuestras profesoras en la liebre.

Yo que fuí profesor, conozco el drama que le roben a uno lo poquito que gana. Ella llegó llorando a dar sus aulas.

Un profesor es a veces como un artista. Tiene que actuar en contra de su voluntad.

Yo sin decir nada, me fuí a hablar con el maleante de mi alumno y le dije:

"le robaron el dinero  a la profesora Eugenia Gonzáles. Trata de recuperarlo de vuelta".

Y mi alumno de los bajos fondos, abandonó el local en busca de recuperar el dinero robado.

Al día siguiente llegó con el potamonedas y el dinero intacto y se lo entregué a la profesora, que no podía creerlo.

En aquellos tiempos había algo de moral en los bajos fondos.

Pero si algo no conté aún, es el hambre permanente que siempre me mantenía

despierto. No sabía lo que era un restaurant y nunca había entrado a algún local de aquellos. Cuando compraba algo para comer, me lo comía en la calle o buscaba agún asiento en alguna plaza.

Sólo, me acuerdo cuando pequeño, una vez mi hermana me compró un hot-dog en el

Portal Fernández Concha, a un costado de la Plaza de Armas y lo encontré tan delicioso,

que hasta el día de hoy aún lo recuerdo. Son cosas inolvidables. A veces es más rico el que menos necesita.

Pero en aquella semana del 15 de Diciembre, me encontré por casualidad con Pepe Godoy, profesor de historia de varios Liceos Santiaguinos y colega mío en el Nocturno Federico Hanssen de la Calle R. Cumming. Era nortino de La Serena, cantaba tango, solterón y se había comprado un autito Simca. Él me invitó a un restaurant al lado de "Il Bosco", en la Alameda, a comer un crudo.

Yo no sabía que era carne cruda con limón, condimentada, sobre una torreja de pan de molde y unas cuantos pickles adornando el conjunto.

Y que me dijeron a mí, que andaba como león hambriento.

Me comí mi porción en un dos por tres.

Cuando terminé, recién reparé que Pepe Godoy me observaba.

Y me dijo: "Toma. Cómete el mío. Yo recién tome onces en mi casa y me siento mal del estómago".

Y triple fué mi felicidad: los dos crudos que me comí y el hecho de descubrir muchos años más tarde que mi amigo dejó de comer para darme su parte a mí.

Eso es amistad. Eso es amor.

Y esa ha sido una buena lección en mi vida que siempre mantengo viva como una tradición, compartiendo el pan con quién sea.

Por eso soy compañero de mis compañeros.

En honor a mi amigo de La Serena José Godoy!

 

Charly7

 

(c) 1988 r.p.cáceres vidal

 

 

 

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