ADIOS AL COMPAÑERO JUAN SOTO

Sergio Reyes

 

 

 

El compañero Eliecer Valencia, ex-preso político y activo miembro del Partido Socialista de Chile aun desde la distancia por medio de Dawson2000.com, nos informó de una despedida más: ha fallecido nuestro compañero Juan Soto, el 30 de marzo, lejos de su Punta Arenas, en Quilpué. Luego llegó un sentido obituario que enviara por correspondencia electrónica el compañero Armando Figueroa. Para los jóvenes que no nos han conocido, todos fuímos, con más o menos edad, parte de una generación de luchadores sociales para cambiar nuestra sociedad.

A Juan Soto lo conocí antes de la dictadura militar que empezó su reino de represión en 1973. Lo conocí en medio de los compañeros del Partido Comunista de Chile de Magallanes, siempre presente en las luchas de su colectividad y del pueblo. Mi memoria envejecida lo ubica  en algún momento como Secretario Regional de las Juventudes Comunistas, aunque puedo estar equivocado.

Sí me acuerdo de él como trabajador y dirigente en la otrora Universidad Técnica del Estado, frente al Hospital Regional. Alli recuerdo nuestras fuertes discrepancias, y como un dia ya harto de mis declaraciones críticas de lo que yo denominaba el “reformismo UP” decidió cortar por lo derecho y me increpó en los pasillos de la Universidad con un “¡Mira cabro de mierda, si sigues despotricando contra el Partido te vamos a sacar la cresta.!” – Mi respuesta: “Cuando quieran no mas compañero, usted sabe que siempre ando solo.” Y asi era. Mi respuesta, sin embargo, no era ésta de un valor bélico que nunca tuve, sino que era la de alguien que habiendo conocido a los compas del PC, entendía que tal cosa no pasaría. Que no era ese el estilo de zanjar diferencias de los compañeros. Al fin, esa “salida de madre”, inusual en Juan Soto, me dio cierto orgullo, porque implicaba que el hombre me tomaba en serio lo suficiente como para increparme de tal manera.

Más tarde, en 1973, nos volvimos a encontrar en el gimnasio del Regimiento Pudeto convertido en prisión de la dictadura de Pinochet. Esta vez, los milicos nos habían sacado la cresta a los dos y a miles de compañeros más. De nuestras diferencias no volvimos a hablar. Ya no tenían sentido. De ahí seguimos en la peregrinación forzada de los diversos campos de prisioneros que mantuvieron las Fuerzas Armadas en Magallanes, el Estadio Fiscal de la FACH, el Regimiento Cochrane de los Infantes de Marina,  Isla Dawson – donde todas las Fuerzas se turnaban para hacer guardia, desde Carabineros hasta la Marina. Y finalmente, la Cárcel Pública.

Desde la Cárcel muchos partimos al exilio. Juan Soto y su familia partieron hacia Holanda, mientras yo partía hacia los Estados Unidos. Desde ahí no supe más del compañero, hasta que en 1995 volví a Chile a acompañar a mi madre en su último año de vida en Viña del Mar. Casi a fines de ese año hice contacto con Armando Figueroa, ni recuerdo cómo. Pero, de paso andaba por Quilpué nuestro querido compañero Daniel Ruiz, promoviendo su compacto con versos de Neruda. Juan y Armando trabajaban duro en el frente cultural que denominaron Pablo Neruda.  Alli pude volver a conversar con Juan Soto, siempre activo, sonriente, amable.

En su obituario, el compañero Armando lo define como poeta. Creo haber escuchado algunas poesías que escribiera en Dawson. Pero no tuve la oportunidad de leer más de los produjo durante su vida de luchador social, prisionero, exiliado y retornado. Ojala que pueda leer lo que escribio. Porque su poesía ha de quedar igual que su recuerdo de comunista consecuente.

 

¡Compañero Juan Soto, Presente! ¡Ahora y siempre! ¡Venceremos!

 

 

[www.sreyes.org]

 

 


 

Marzo 31, 2006 – EE.UU.

 

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