
El ex preso político Sergio
Reyes refuta las afirmaciones del general (r) Torres de la Cruz que en
Magallanes no se torturo bajo su mando. El periodo de Septiembre 1973 al
Febrero 1974 es uno de los más
brutales de la represión y del inicio de una sistemática violación de derechos humanos por la dictadura
militar en Magallanes. El activista y
canta – autor Sergio Reyes entrega su
testimonio personal en una carta publicada por la Prensa Austral el 10 de Enero de 2001.
Sergio Reyes estuvo preso en el regimiento Pudeto, isla Dawson (Remo) y en la cárcel
pública. Fue condenado en el consejo de guerra del hospital en enero de 1974. Fue exiliado en 1976 a
EEUU, donde actualmente reside.
A
continuación reproducimos en su totalidad el articulo Testimonio de un ex estudiante de la UTE publicado
en la Prensa Austral de Punta Arenas.
La Prensa Austral, 10 de enero de 2001
En carta desde Estados Unidos
cuenta que en Punta Arenas sí se torturó
Testimonio de un ex estudiante de la UTE
Sergio Reyes 1996*
Nuevas
reacciones ha seguido recibiendo nuestro diario a raíz de la entrevista que
concedió el general (r) Manuel Torres de la Cruz quien se desempeñó como
intendente del gobierno de la Unidad Popular y, luego, del gobierno militar.
Desde
Estados Unidos fue enviado el siguiente testimonio de un ex alumno de la
Universidad Técnica del Estado.
Señor
Director:
A
fines de diciembre del año recién pasado, el General en Retiro Manuel Torres de
la Cruz hace algunas declaraciones asombrosamente falsas. Digo asombrosamente,
porque existen testimonios que prueban fehacientemente dicha falsedad. En
síntesis el General plantea que durante su designación como jefe provincial
inmediatamente después del Golpe Militar de Septiembre 11, 1973, en Punta
Arenas no se torturó a los prisioneros políticos. En parte de sus declaraciones
a La Prensa Austral el General dice:
“Aquí
se hicieron todas los consejos de guerra como Dios manda, se hicieron todos los
procedimientos en forma completa y nadie puede venir a decirme a mí, por lo
menos hasta que yo entregué el mando de la zona y de la provincia, que aquí se
cometió algún desmán y que hubo alguna tortura”.
“...
Con profundo estudio, profunda calma, con gran detenimiento y con gran
acuciosidad, se estableció qué personas era necesario detener el día que se
produjera el pronunciamiento, para evitar que cometieran desmanes. Y toda esa
gente, a partir del 11 de septiembre, fue detenida y confinada en centros de
detención, que no eran de tortura, en bahía Catalina por parte de los
aviadores, en río de los Ciervos por parte de los marinos y en el Regimiento
Pudeto, por parte del Ejército”
El
General reconoce que estuvo a cargo de la Provincia hasta febrero de 1974.
Fue precisamente en ese período donde se llevaron a cabo la mayor cantidad de
detenciones. Hacia septiembre de 1973 yo era un estudiante de la Universidad
Técnica del Estado. Mi nombre apareció en las listas de esas personas “que era
necesario detener para evitar que cometiera desmanes.” Tenía entonces 19 años,
era comunista (ideológicamente hablando aunque no miembro del PCCh.), y pensaba
(y sigo pensando aún) que era necesario cambiar nuestra sociedad para que no
exista más pobreza y explotación de los trabajadores chilenos y del mundo. El
General se vanagloria de su “apoliticismo”, pero se puso del lado de la
derecha, subvirtió la propia Constitución política del capitalismo, y reprimió
a los socialistas para preservar los privilegios de los patrones.
Es
cierto lo que dice el General referente a los centros de detención que indica y
las ramas responsables de ellos. No menciona el Regimiento Blindado, a cargo
del Ejército, ni el Estadio Fiscal, a cargo de la FACH. Lo que tampoco dice el
General es que existieron centros de interrogatorios, en los cuales se
torturaba sistemáticamente a los prisioneros. Tampoco dice que en los mismos
centros de “detención” se abusaba también a hombres y mujeres con todo tipo de
castigos físicos y psicológicos.
En los centros de tortura se “ablandaba” a los prisioneros para luego sacarles
confesiones que serían usadas por los fiscales militares para proceder a los
juicios de guerra. El “ablandamiento” era tortura. Los fiscales militares lo
sabían muy bien, y en consecuencia fueron también cómplices de esta tortura.
Incluso muchas veces nos amenazaban con volver a enviarnos a los torturadores
si no confesábamos lo que ellos querían.
A
mí me arrestaron el día 5 de octubre de 1973 y la tortura comenzó en el
instante mismo del arresto. Allí mismo, frente a la modesta casa que arrendamos
en el Barrio Sur me vendaron y amarraron para golpearme y amenazarme en frente
a los gemidos de terror de mi madre de fusilarme en el acto. El simulacro de
fusilamiento terminó en las risotadas de burla de los fusileros. Me llevaron
entonces a un local habilitado para torturar en la Avenida Colón, un hospital
abandonado, donde como era tratamiento habitual para todos los prisioneros fui
despojado de mis ropas y sometido a golpizas con patadas, palos, puños y
culatazos, mientras permanecía amarrado y con los ojos vendados. Los gritos de
terror de hombres y mujeres se escuchaban por todos lados, mientras los
valientes soldados de la patria se ensañaban contra un enemigo desarmado. Luego
de varias horas de golpiza, fui sumergido en un pozo de excrementos humanos,
donde la fetidez y los líquidos nauseabundos me asfixiaban. Luego, fui sacado
de allí para ser metido en un baño donde me manguerearon con agua fría para
limpiarme un poco de los excrementos y continuar torturándome.
Bajo
el agua fría me siguieron golpeando con palos, para eventualmente sacarme de
allí y meterme a la “parrilla”. La “parrilla” era un catre de metal donde fui
tendido y amarrado. Luego hicieron un circuito con cables que partían desde los
dedos de los pies, las rodillas, el esfínter, los testículos, el pene, el
estómago, las tetillas, los dedos de las manos, el cuello, los labios, la
nariz, los ojos, para terminar en las sienes. Luego, el torturador al mando
ordenaba las descargas eléctricas que provenían de un dínamo manual. Todo mi
cuerpo se convulsionaba de dolor y emitía alaridos desgarradores, a los cuales
los torturadores contestaban con gritos, insultos y risotadas.
Cuando
ya los torturadores pensaban que habían culminado el “tratamiento” fui vestido,
tirado siempre amarrado y vendado en un camión del Ejército y transportado al
centro de detención del que habla el General, el Regimiento Pudeto. Al llegar
allí me encontré con que ya habían cientos de presos, muchos compañeros a los
que reconocí, que ya habían pasado por similar tratamiento.
Debo
decir que tal vez debo dar gracias que a mí solamente me dieron un tratamiento
de tortura “suave”, porque con otros compañeros practicaron aun torturas más
horripilantes. También hay que decir que parte del tratamiento general de las
compañeras estaba la violación, vejación y abuso sexual.
Estas
sesiones de tortura se repitieron hasta que se estableció una causa de
acusación en Enero de 1974. El fiscal a cargo de mi caso era un oficial de la
Marina, Walter Radic. Al final fui condenado a 5 años y un dia y en Febrero de
1974 nos mandaron a los primeros “rematados” de Magallanes a la Isla Dawson. Mi
número era “remo 14”.
Y
todo esto, General Torres de la Cruz, sucedió bajo su comando en Punta Arenas,
entre Septiembre de 1973 y Febrero de 1974. Claro que los abusos y las torturas
siguieron bajo la comandancia del General Lutz posteriormente.
Al
abuso criminal del pasado, se suma la mentira del presente de querer decir que
nuestro sufrimiento nunca sucedió, que nunca pasamos por la tortura a la que
fuimos sometidos, que en Punta Arenas no se torturó como en el resto del país.
En esa medida el General sigue hoy torturándonos psicológicamente.
Debería
también saber el General que cada vez que tenemos que hablar sobre estas
dolorosas vejaciones pasadas, las heridas vuelven a renacer. Pero, se hace
necesario hablar para no permitir esta nueva injusticia.
La
tortura es un crimen contra la humanidad. Los responsables de la tortura deben
ser castigados por su crimen. En Chile solamente se están escuchando casos
legales en contra de los asesinatos cometidos durante la dictadura de Pinochet
y de los capitalistas que se beneficiaron con la dictadura. Sin embargo, el
país debe reflexionar también sobre la victimización de los miles y miles de
torturados, hombres y mujeres, los cuales también tenemos derecho a exigir
justicia.
En
alguna medida, es bueno que el General tenga la osadía de hablar sobre su
pasado, porque en medio de sus propias palabras se puede ir configurando su
responsabilidad histórica en la represión que se desató a partir del golpe
militar, e incluso -como él lo reconoce- en el caso del asesinato de un obrero
de Lanera Austral durante un allanamiento represivo de la FACH bajo su
administración como Intendente de Magallanes antes del golpe.
Ojalá
que el pueblo de Magallanes, de Chile y del mundo no crea las declaraciones del
General Manuel Torres de la Cruz de que no hubieron torturados en Punta Arenas.
Mi caso y el de tantos compañeros y compañeras hablan por sí mismos.
Sergio
Reyes
Cambridge,
Massachusetts, EE.UU.
Prensa Austral, 10 de Enero 2001
*Nota del Editor:
Foto añadida por Dawson 2000
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