Las violaciones de dDHH
y las responsabilidades institucionales
Manuel Luis Rodríguez

Vuelvo a referirme al tema de las propuestas en
materia de DD.HH. que han proliferado en las últimas semanas, dando de paso un
saludable viento de refresco a una cuestión pendiente que algunos han querido
olvidar, soslayar o dejar en un segundo plano.
Me he dado el trabajo de leer todas las propuestas que
han circulado desde 1995 en adelante y tengo la impresión que hay una demanda y
un concepto que debe ser subrayado con mayor énfasis: el de las
responsabilidades institucionales. El reciente fallo de un tribunal a propósito
de un cura pedófilo, me dió la idea de que también en materia de violaciones a
los Derechos Humanos y a su sanción penal no es posible circunscribirse a
responsabilidades individuales. En la medida en que cada uno de los autores,
cómplices y encubridores de estos delitos, formaban parte de una cadena de
mando al interior de estructuras institucionales altamente jerarquizadas y
disciplinadas, además de las responsabilidades individuales debieran
sancionarse y declararse las responsabilidades institucionales.
De poco nos sirve que los integrantes del cuadro
permanente vengan ahora a hacerse el hara-kiri públicamente por las
órdenes que cumplieron ejecutando o torturando detenidos, por cuanto ellos
formaban parte de una cadena de mando en la que ningún integrante
podía mandarse por sí solo. Más aún si se considera que en el primer período de
los hechos todas las instituciones militares no solo habían adquirido la
totalidad del poder político sobre el país, sino que incluso habían declarado
el estado de guerra , y en la guerra, con mayor razón, las órdenes no se
discuten, se cumplen rigurosamente.
Por lo tanto, hubo oficiales ubicados sobre esos subalternos
que recibieron una orden de arriba, de manera que cada orden que se dió,
cada instrucción que ejecutó debió atravesar la totalidad de la línea
jerárquica de mando hasta llegar al individuo que la cumplió. Esa línea
jerárquica y la similitud de la forma como fueron ejecutados, desaparecidos y
re-desaparecidos nuestros compañeros detenidos, por parte de personal
uniformado durante la dictadura, nos revela que no se mandaron solos ni
cometieron "excesos" aislados: actuaron organizada y
jerárquicamente cumpliendo órdenes: el general manda al coronel, el coronel
manda al capitán, el capitán manda al teniente, el teniente manda al sargento,
el sargento manda al cabo y el cabo ejecuta. Y eso se llama responsabilidad
institucional.
La propia declaración reciente de los ocho tenientes
generales deja en evidencia que ellos estaban situados en la cúspide de la
línea de mando de su institución bajo su comandante en jefe, lo que los hace
aún más responsables de los delitos que se hayan perpetrado durante su gestión,
por cuanto el superior está obligado -por la naturaleza y carácter de sus
funciones- a saber más y a tener pleno control y acceso a toda la información
acerca de lo que hacen sus subalternos. Así funcionan las instituciones
militares. Y en virtud de esa jerarquización vertical y disciplinada que
las caracteriza, los mandos superiores tienen siempre una responsabilidad
moral, política y penal mayor, responsabilidad que al asumir una forma
institucional no exime a ninguno de los subalternos en la cadena de mando.
La mejor demostración de que no fueron excesos
cometidos en el ejercicio de sus funciones, es que jamás se ha sabido de
juicios o sumarios administrativos internos en las instituciones, incoados
contra los mandos y subalternos que hayan cometido estos delitos: prueba más
que palmaria que las órdenes e instrucciones (incluso de alguna eventual carta blanca para actuar) venían de
lo alto de la jerarquía."
Manuel
Luis Rodríguez U.

Punta
Arenas, Chile, Agosto 2003.
Dawson2000.com y Agrupación de DDHH Letelier
Julio 2003.
Ø Crónicas y Relatos de Manuel Rodríguez
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