Sergio
Barrientos: Andanzas y peripecias
de Patagón

Después de un tiempo en Punta Arenas en 1978, y cuando
el problema limítrofe estaba más tranquilo, quiero regresar a Argentina.
Si que fui patudamente a buscar mi salvo-conducto a Investigaciones.
Me dijeron que vuelva al otro día y fui. Me dijeron que tenía problemas, y me preguntaron de que si había tenido problemas con la justicia
alguna vez. Le dije que no, y que podía
tratarse de alguna coincidencia. El policía me pidió el nombre de mis padres y me dijo que vuelva al día siguiente, por supuesto no regresé.
Después
de esta visita Investigaciones conversé con Alejandro Goic, hoy
es obispo en el sur de Chile, creo que en Osorno. Le dije que quería que
me acompañe a conversar con el fiscal naval, creo que de nombre Walter
Radic. La Fiscalía Naval
estaba en lo fue el viejo hospital
naval. El mismo lugar que muchos
conocieron como el Palacio de la Risa, donde llevaban a los prisioneros políticos a interrogación.
Allí en ese lugar en la Avenida Colón
fue también donde funcionó la fiscalía naval, ya estamos hablando del
año 78.
Cuando entré a
conversar con el fiscal, este me miro y
se sentó. ¿Y tu que haces aquí?, me pregunto. ¿Cómo salistes?, ¿Cómo
desapareciste?, me preguntaba. Me decía que me habían buscado por cielo,
mar y tierra. Hubo gente destinada nada
más que a buscarme: ¡No lo podía creer!.
Yo capté la sorpresa que le había ocasionado y le
dije “salí con mucho cuidado”. Eso permitió establecer una conversación.
Le dije que quería volver, que estaban equivocados en mi persecución, y que
solo quería volver y trabajar.
El fiscal me dijo que esperara y llamó al jefe de Inteligencia de Armada.
Conversaron y le preguntó si yo tenía algún
problema, ¿si andaba en algo?. El otro tipo le dijo que no, y que eso sería todo. Me dijo el fiscal que no me
preocupara, que tenia que andar
tranquilo, que no me metiera en problemas y que me fuera tranquilo.
Fui de nuevo a Investigaciones, les dije lo
mismo que me manifestó el fiscal, pero no podían hacer nada porque
necesitaban algo escrito.
Después me
contacté con el compañero y abogado Mario
Espinoza. La verdad es que no se sabía que hacer y por donde tomar el caso.
Nos encontrábamos en un zapato chino. Yo les propuse usar la ley de amnistía de 1978 que habían
sacado para los militares. Si que eso hicimos, me amnistiaron y se solucionó mi
problema.
Posteriormente, fui también a la fiscalía militar.
Allí trabajaba un cabo del ejército que tuve cuando hice el servicio militar.
Estuvo contento de verme, y el mismo llevo los documentos a la policía de Investigaciones.
Y me dieron mi salvo-conducto para volver a Argentina.
Era fines de
1978, de nuevo salí de Punta Arenas,
pero esta vez en mi Fiat 600, amnistiado y con salvo-conducto.
Patagón

Sergio Barrientos
Punta Arenas,
Noviembre 2002
S.
Barrientos: Las andanzas de Patagón
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