Arrancando de Argentina: Acusado de ser espía chileno
en 1978
Sergio
Barrientos: Andanzas y peripecias
de Patagón

Pasamos unos
años en Comodoro Rivadavia en Argentina.
Así llegó el año 1977-78 y los problemas limítrofes entre Chile y Argentina. En este tiempo fui acusado de espía. Me prohibieron el ingreso a todo recinto militar y público, y pusieron un patrullero de la policía
en mi lugar de trabajo y otro donde vivía.
En Argentina se dio forma a una organización para el enfrentamiento bélico
con Chile. Se organizó a sus habitantes por manzanas y cuadras y sector
poblacional. Un jefe comandaba cada una
de estos sectores, existía un jefe de cuadra y otro de manzana. Tenían que ser
Argentinos, los cuales eran un poco escasos, y así quedaron como jefes varios
chilenos residentes antiguos. Estos nos
hacían llenar un formulario con varias preguntas.
Como tenía estudios universitarios y me conocían en
varios recintos por mi trabajo me consideraron peligroso, remarco esto de
estudios universitarios porque para muchos de los argentinos pensaban que en Chile
no existían las universidades. Tampoco creían en que éramos ciudadanos formados con un nivel cultural
superior al argentino, incluso nuestro nivel educacional también era mejor.
Cuando por ejemplo postulé a trabajos, ya sobresalía de cualquier técnico
argentino, solo que por mi nacionalidad no me permitía trabajar como tal.
Esto por lo menos ocurrió en una
planta de zinc, me contrataron como obrero. A los dos o tres meses conocía la planta
mejor que sus técnicos, ya que trabajé
de ayudante de un obrero chileno que conocía la planta mejor que los
ingenieros.
Con estos controles y por haberles parecido peligroso
a los jefes, también me asignaron mi lugar de detención. Así que
en caso de guerra me
encarcelaban en un lugar que prepararon para eso, que tenía una ubicación
estratégica justo al lado de unos estanques de combustibles.
Un día la Policía Federal alertó a
mis jefes, que eran amigos míos, que al día siguiente nos apresaban a todos.
Ellos me lo informaron. Si que les
dije que me iba a volver a Chile ese mismo día. Le avisé a los demás compañeros de la situación pero no me dieron ni la hora.
Así que salí
esa misma noche en mi auto, un fiat 600, y llevé a un amigo que se volvía a
Chile. El policía que custodiaba mi casa encañonó a mi amigo con su pistola. Yo
lo escuché y cuando salí le pregunté que pasaba, me pidió documentos. Se los
mostré y le dije viajábamos para el norte, para Trelew, a conocer un poco esos
lugares tan lindos. El policía nos aconsejó que cuando prepare un viaje de noche y esté cargando al vehículo lo haga
con las luces encendidas.
Salimos inmediatamente de allí rumbo al sur, eran como
las 3 am y llegamos a Punta Arenas
a las 3 am del día siguiente. Es decir estuve conduciendo 24 horas, nos
deteníamos solo para pasar a los puestos policiales a identificarnos.
En esta travesía me pasó algo que encontré un tanto curioso, en plena ruta en medio de la pampa argentina, me pararon unos militares armados y me dijeron que tenía que conducir despacio. El motivo era que me encontré con una columna de tanques de guerra que venían de regreso a su guarnición militar, como no tenía mucho que hacer los conté. Fueron 58 tanques, mi auto Fiat 600 no alcanzaba a pasar la altura de las orugas de los tanques pienso y creo que los conductores de los tanques no me vieron.
Cerca de la medianoche llegué a la frontera Paso
Fronterizo Monte Aymond. En carabineros no pasó nada, con la policía
internacional tampoco. Crucé bien el paso fronterizo, sin novedad. Bueno a esta
altura de viaje ya estaba muy cansado y con el sueño la tensión continuaba. Se
me venían unos pestañazos y me salía un poco de la ruta pero continuaba hasta
que llegué a mi destino final, mi casa, que había abandonado no por mi voluntad
el 23 de Septiembre de 1973.
Cuando llegué a mi casa estaban mi madre y mi hermana,
estaban durmiendo. Fue una sorpresa agradable por un lado y
terrible por otro, el miedo se noto de inmediato por lo que podía ocurrir en
los días siguientes.
En Punta Arenas, salí a la calle al día
siguiente, al centro, intentando encontrar a algún amigo, compañero, para saber
algo de que estaba pasando en la zona, o saber de los que fueron arrestados y
exiliados, donde estaban, si estaban bien, si había algún compañero dañado, en
fin todo lo que era información. Los conocidos y amigos y también algunos
compañeros que encontré se cruzaban de calle para no encontrarse conmigo,
miraban para otros lados y desaparecían de inmediato. Me sentí solo quizás como
lo estoy hoy. Ahora cada uno esta en lo suyo y se perdió la solidaridad de que
tanto hablamos y practicábamos, yo aún la practico esta dentro de mí. Fue
terrible esa experiencia vivida, me pareció
que el mundo se hacía pedazos.
Recuerdo que encontraba a la gente en general en esos
días de Punta Arenas, creo, que contenta. Me parece que la zona franca
ya estaba funcionando y se veía el boom del automóvil, y las facilidades que
daban para tener un vehículo.
A la gente no le importaba absolutamente nada de lo
que ocurría, por lo menos era la sensación que
parecía. Puedo ilustrar esto con un ejemplo, no me recuerdo la fecha.
Ocurrió en los días que asumió Sergio
Onofre Jarpa de ministro del Interior. A los días de asumir hubo una protesta
y este tipo sacó a la calle 18.000 militares. Estos disparaban a las casas sin motivo alguno, el resultado de esto fue
que asesinaron a 23 personas, incluidos niños. Salió en los diarios nacionales
y locales, y la gente no decía nada. Yo no entendía la pasividad y la falta de
sentimientos de dolor por esas muertes. A mí me afectó bastante, me costaba
creer hubieron esa cantidad de muertos en una jornada de protestas.
Notaba
también algo que me llamó la
atención, la inestabilidad de trabajo.
La poca seguridad para poder mantener el trabajo debido a que si decían algo
contra el sistema los despedían de
inmediato. Esto dio paso a que las mujeres en edad de casarse se casaban con
gente uniformada, estos les proporcionaban seguridad de mantención (ingreso
económico para el sustento del hogar), y de trabajo. También se veían a
carabineros ya de edad casados con mujeres muy jovencitas.
A los pocos días de estar en Punta Arenas,
aparece como noticia la detención de mis compañeros. Fueron traídos a Río Gallegos
y allí les pusieron un traje a raya. Me contaban que cuando los bajaron
del avión en el aeropuerto había un
despliegue militar impactante. Había tanques y ametralladoras fusiles apuntando
a un puñado de jóvenes asustados y
amarrados que acusaban de espías. Su detención fue por casi un mes.
A la altura de cuando el problema limítrofe ya estaba
tranquilo, necesitaba regresar a Argentina. Para eso necesitaba un
salvoconducto de la policía de
investigaciones, pero no estaba
clara aun mi situación con los militares chilenos, y como arreglarla.
Patagón

Sergio Barrientos
Punta Arenas,
Septiembre 2002
S.
Barrientos: Las andanzas de Patagón
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