Mi salida de Punta Arenas en Septiembre  1973

Sergio Barrientos: Andanzas y peripecias de  Patagón

 

 

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Cerca de las 8 o 9 de la mañana del 23 de Septiembre de 1973 me pasaron a buscar unos amigos que salían de paseo, o viajaban  fuera de Punta Arenas. Me despedí de mi madre y de mi hermana. Cuando me despedía pensaba es posible que nunca más las vuelva a ver. Les dije que si me preguntaban les dijeran que estaba en Puerto Natales.

 

El día antes de salir supe por vecinos que en la noche andaba gente comprobando y viendo el número de mi casa, alumbraban con linternas. El mismo día que salí me fueron a buscar. Entraron unos por el patio y otros por la puerta de adelante, revisaron la casa completa incluido por supuesto el entre techo. Preguntaron mucho por fotos mías.  Allí  en la casa  ya no había nada que pudiera servirles. 

 

Para salir, el problema mayor que tenía, y tuvieron todos los que cruzamos la frontera de a pie, era la tenencia de Río Pescado ( Kon Aike). Cuando llegamos a este lugar, por supuesto que tuvimos que parar, nos pidieron documentos. Me recuerdo que yo iba como haciéndome el  lolo volado, ese que no capta nada y no entiende nada. Creo que por eso no me pidieron documento, y nos dejaron pasar. Unos kilómetros más adelante me bajé del vehículo, y comencé a hacer dedo. Inmediatamente divisé  que se aproximaba un vehículo pero me llamó la atención que se  levantaba mucho polvo (no había pavimento), si que me tiré en un montículo de tierra que había a orilla de camino. Mi sorpresa fue el ver que era una patrulla militar  con 4 o 5 jeep Land Rover,  completo de milicos.

 

Con esta experiencia opté por  ir al hotel cabeza del mar. Yo sabía que por allí pasaba cerca de las 10 horas a.m. un bus con campesinos que iban a Laguna Blanca, pasando por Oasy Harbour.  Allí esperé  a este bus que demoró más de lo normal. Cuando llegó el bus los campesinos bajaron, no todos, algunos quedaron adentro. Me subí al bus  y muchos me miraron pero nadie dijo nada. Uno de ellos supe después que me  reconoció  y se quedo callado.  Cuando llegué a Oasy Harbour (estancia), pregunté por unos contactos que llevaba, pero estos no estaban. Como ya era tarde me alojaron en el suelo de uno de los dormitorios y me pasaron unos cueros de oveja. A propósito de ropa, yo llevaba exactamente lo puesto nada más, nada de recambio, absolutamente nada más. Eso me daba una posibilidad de decir salí a pasear en caso de tener que contestar alguna pregunta. Al día siguiente tomé un café que me invitaron y me embarque en un camión que  iba a dejar a trabajadores a otro lugar. Me bajé de el camión ya que  tenía que recorrer otros lugares que me alejaban de la frontera.

 

De ese lugar me subí a un trailer (es un tractor que tira un carro sin barandas que lleva pastos bolsas de papas y algún trabajador) que se dirigía a un puesto de ovejeros cerca de la frontera. Cuando estábamos llegando, como a unos dos o tres kilómetros antes, me bajé y le pedí a uno de los compañeros que me avisara si había alguien más. Esperé y cuando recibí la señal bajé hasta el puesto. La señora me invitó desayuno y unos exquisitos huevitos fritos. Le conversé de que estaba saliendo del país porque había sido llamado al servicio militar y  como no estaba de acuerdo con lo que estaban haciendo los militares yo no aceptaba su llamado de alistarme como militar. No creo que me haya creído pero me encontró la razón. Comencé a preguntarle dónde estaba y a que lado quedaba la frontera, cuando tiempo me llevaba llegar hasta allá, cuanto más para llegar a Río Gallegos, cuanto para llegar a algún camino, si había bosque o río que cruzar, animales  peligrosos que pudieran haber.  Hasta aquí ya tenía bastante claro que hacer.

 

En esos momentos, cuando conversaba y le pedía direcciones a la señora, sentí ruidos y le comenté que parecía que escuchaba ruidos de un avión (la frontera estaba también vigilada  en forma aérea). La señora salió a ver y eran, nada más y nada menos, que un jeep militar y otro de carabineros  que llegaban al puesto a ver si alguien había llegado en el trailer. Creo que estuvieron vigilando y hasta pueden haber contado cuantos bajaron del trailer y cuantos continuaron. Para ellos habían continuados todos ya, yo bajé antes (buena precaución tomada).

 

La señora alcanzó a esconder el plato y la taza y cucharas que yo había ocupado. Entonces yo me metí al dormitorio y me puse detrás de un calentador agachado. Escuchaba la voz de un Sargento conocido por la señora que decía que llegaban a  allanar la casa a modo de broma. La señora les dijo inmediatamente que pasen a tomar desayuno con unos huevitos. Estos pasaron pero no sé si entrarían todos o si dejaron guardias afuera, si le invitaron a los conscriptos, estuvieron una hora adentro y yo no movía ni las pestañas, cualquier movimiento podría ser sospechoso. El cuadro visual que tenía no era muy alentador, al frente mío tenía un espejo grande, a mi derecha una ventana abierta, tenía ganas de salir por allí pero no sabía si había alguien afuera. Por el espejo divisaba los fusiles dejados en pabellón (fusiles  que quedan tomados por la trompetilla)  y veía  el perfil de un carabinero.

 

La verdad es que fue una hora  de varios millones de minutos. Recuerdo que pensaba, en porque el hombre es tan salvaje a esa altura de siglo, pensaba de porque me perseguían  tanto si lo único que quería era que los pobres puedan tener voz, puedan tener trabajo, puedan vivir de manera digna,  no podía ver el delito. Me sentí muy mal, pensaba entregarme. También pensaba en tratar de tomar algún fusil y dispararle a cuanto alcance, pero después pensaba que saco hacerlo si tal vez esta gente no tiene idea lo que está pasando, también tienen familia, y no puedo caer en lo mismo que hacen ellos: matar, reprimir torturar. Cuando se fueron, o mejor dicho continuaron hacía otro sector su patrullaje, dijeron que regresaban al otro día.

 

       Esa mañana estuvo granizando, la señora me había convencido que me fuera al otro día. Yo lo había aceptado pero después pensando las ventajas y desventajas que tenía ese día opté por salir en ese momento. Las ventajas eran que estaba nublado con posibilidad de  que continúe granizando. Eso me permitía dos cosas, una que la visibilidad de que me vean por el aire era casi nula y la otra ventaja era que tenía agua. El granizo en esos tiempos no se derretía tan fácilmente. La desventaja era que había frío y me podía mojar. Caminé un poco y agarre un caballo mansito, lo monte y me llevo hasta el alambre doble que era el límite y  lo salte.

 

Comencé a caminar siguiendo una cerca de alambre (divide  terreno). Esta es la forma de caminar más derecha que puede haber cuando se camina a campo abierto, de lo contrario  caminas zigzagueando  y por supuesto que avanzas menos y te cansas más. Andaba un avión dando vueltas, si que   me acerque a un poste del alambrado y me apegué a el lo más que pude. Me dio la impresión que sospecharon algo porque dieron muchas vueltas, bueno yo creo que fueron muchas. Cuando ya no los divisé seguí mi camino, al cabo de una hora divisé el tren de Yacimiento Carboníferos Fiscales de Argentina, que llevaba carbón a Río Gallegos.

 

Una hora después estaba en la ruta que va desde Río Turbio a Río Gallegos. Le hice dedo a una camioneta y esta paró. Se dirigía a Río Gallegos, pasó a un puesto de policía caminera Argentina a buscar a una niñita  de un policía, pero la niñita ya  se había ido. Allí en el puesto policial  solo me miraron y no preguntaron nada. El chofer con seguridad se dio cuenta de donde venía y  él porque  la razón de mi salida. Empezamos a conversar de las elecciones en Argentina que eran ese día, me aclaro  lo que pasaba con los Peronistas, con las Juventudes Peronistas, que existían dos una de derecha y otra de izquierda (este dato me sirvió mucho después).

 

Cuando llegué a Río Gallegos, fui a la sede de el Partido Justicialista y  pregunté por algún dirigente  para conversar con él. No me dieron ni la hora, estaban celebrando su triunfo electoral. De allí empecé a buscar a doña Elba,  la mamá del Chico Vera. Cuando la encontré fue muy emotivo. Ella solo pensaba en su hijo, no tenía ningún dato, y yo le llevé el más malo. El Chico estaba detenido pero no sabía dónde. Allí pasé la noche y al día siguiente me contacte con Pancho y quedamos a alojarnos en una residencial de unos compañeros de la Juventud Peronista de Regionales (Montoneros).

 

Comenzamos a prepararnos para la llegada de compañeros que estaban llegando desde Chile, no solo de Punta Arenas. Se nos acercó mucha gente que no conocíamos a ayudarnos con ropa, comida, algunos alojamientos. También, arrendamos una pieza para alojar algunos compañeros.

 

Trabajamos en una cantera de arena, creo que logramos llenar un camión con arena, trabajábamos con turnos pero la verdad esto no era nuestra especialidad.  Nos dieron una posibilidad de trabajar  en la caza de avutardas (ave parecida al kaiken).  Estas aves eran plagas. Nos pagaban bien, pero lo malo era que teníamos que dormir o vivir en carpas en lugares apartados de la ciudad y en medio de la pampa.

 

Las peripecias pasadas aquí  en estos meses fueron muchas. Nuestra seguridad era nula. Por eso, a finales de Diciembre  con Pancho decidimos irnos más al norte de Río Gallegos.

 

 

   Patagón

 

 

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   Sergio Barrientos

 

 

 

Punta Arenas, Julio 2002

 

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