Llego El Dia fatalmente esperado

 

Andanzas y peripecias de  Patagón

 

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Soy parte de una de las generaciones más golpeada por el infortunio durante muchos años. Quiero dar a conocer algunas situaciones vividas un poco antes del siniestro año 1973 y después de este fatídico año. La razón... bueno... es que pueden servir de alguna experiencia para la juventud,  sobre todo a quien le interese saber  algo de lo que nos correspondió vivir. Mucha  gente, compañeros fueron acusados injustamente, perseguidos injustamente, secuestrados y luego torturados físicamente y torturados sicológicamente, además del cruel amedrentamiento hacia  familiares  amigos y vecinos.

 

Para el año 73 era un estudiante de la Universidad Técnica del Estado, UTE. Era alumno regular de la carrera de dibujo industrial y proyectos, y cursaba ya mi egreso de la carrera, terminaba  con tres asignaturas en el semestre Septiembre –Diciembre 73. En el año anterior me dedique y nos dedicamos, junto con Libio, el flaco Pérez, tarugo Fernández, el Vitoco y varios más, a ganar la federación de estudiantes de la UTE (FEUT). Esto me llevó a perder el semestre completo de estudio. Claro que para el año siguiente solicité  autorización o mejor dicho comuniqué al Regional de la JS que me marginaba temporalmente porque tenía que recuperar mi semestre perdido. No tuve ningún inconveniente, y realicé dos semestres en uno, los  superé  sin contratiempos  y recuperé lo perdido (bueno jamás se puede recuperar el tiempo perdido). Fui nombrado delegado del nivel de la carrera, ósea de 8 alumnos que  me parece que éramos los primeros en egresar ese año.

 

A comienzo del año 73, escuchábamos discursos muy encendidos de nuestros dirigentes y comenzamos a esperar el golpe de estado, se especulaba que para tal día que para el otro. Me molestaba ser dirigente, y aceptar discursos engañosos y sin fundamentos, discursos ardientes, de cambio, de enfrentamientos, que algunos victoreaban cada vez que los escuchaban. Estos discursos asustaban a los demás, incluyendo a nuestros familiares, amigos, vecinos, creo que de esto no nos dimos cuenta. Seguí adelante  sin saber como hacerme entender que esa situación nos llevaba al desastre final como individuos y como sociedad.

 

Comencé a  averiguar, como soporte, sobre situaciones semejantes en Paraguay, Uruguay, Argentina. Con un libro de los tupamaros de Uruguay entendí lo que era un golpe de estado, su crueldad, su maldad, su hambre de matar y sus inventadas guerras contra la población civil. Entendí el abuso de poder que generarían en los soldados, incluso en  lo de menor grado, ellos tenían que creerse importantes y poderosos, y inventarse ser valientes. Entendí que no debía ser apresado y que lo evitaría de cualquier forma. Entendí que perdería todo, mis estudios, mi democracia, mis familiares mis amigos, mis vecinos. Y empecé a soñar como saldría de una situación semejante,  en sueños creo haberlo logrado, porque cuando salí me pareció que ya lo había hecho alguna vez, que ya tenía esa fea experiencia.

 

Llego lo fatalmente esperado el 11 de septiembre de 1973

 

Me encontraba trabajando, cuando me entere de que había llegado lo ya tanto esperado. El presidente del sindicato de Vialidad, nos llamó a reunión. Uno de los planteamientos fue de sacar a la calle la maquinaria pesada con que contaba Vialidad, es decir tractores, moto-niveladoras, salir con cascos, palas, picotas, barretas y bloquear la calle. Yo me opuse a semejante situación, parece que nadie se dio cuenta que a lo que  se enfrentaba era  a una fuerza militar dispuesta a matar porque para ello fueron adiestrados. Creo que tuve razón ya que además de hacerles ver que esa decisión era justificar una masacre, era más conveniente irse a sus casas y  estar atentos a las radios antes de que las apaguen o corten su transmisión,  tratar de estar con sus familias, y sobre todo tratar de escuchar e informarse de todo lo que les llegue a sus oídos, si es que había algo organizado había que esperar, si no había nada,  no hacer ningún acto que justifique la muerte sin necesidad.

 

Nos reunimos varias veces para tratar de juntar y analizar la poca información con la que contábamos. Escondimos a algunos compañeros que se  sabía que lo buscaban más, dormían en entre-techos. Yo comencé a andar con cigarros y alguna manzana, lo cual convidaba a los conscriptos cuando me encontraba con alguna patrulla,  y trataba de conversar con ellos para saber algo que me indicara que hacer.

 

Me recuerdo que habían llamado a muchos compañeros a presentarse al regimiento para tal día, y tenían que llevar una frazada,  con el fin de regularizar su situación. Después de varias reuniones nos encontramos donde Coco, que triste día, creo que fue el peor. Tratábamos de convencer a Coco y otros compañeros  de que saliéramos del país. Veía a la esposa de Coco, dando vueltas sin decir nada, y  a Coco Chico, muy pequeñito, quizás sin entender mucho que ocurría, ignorando por completo que su vida tomaba un rumbo nuevo con características crueles y dañinas. No hubo forma de convencerlos, nos dimos un abrazo fuerte  todos, nos deseamos suerte y cada uno partió a su lugar, unos a entregarse otros  a continuar esperando que hacer.

 

Nos reunimos otra vez los que aún nos veíamos y analizamos la situación. Se escuchaba que el general Prat avanzaba desde Concepción a Santiago, lo cual abría una esperanza  y nos aguantaba un poco más antes de emprender la salida. Decidimos enviar al Panchito primero, para saber si de Argentina se sabía alguna noticia. Solo supimos de Argentina que habían voluntarios para defender al gobierno del Presidente Allende, de Pancho nada supimos. Terminó el plazo que nos dimos y decidimos salir cada cual como pueda y varios compañeros nos quedamos en juntar en Río Gallegos ( sur de Argentina). Salieron de a dos, yo salí solo. Elegí un 23 de Septiembre, el día 24 habían  elecciones en Argentina,  si que supuse que eso me daba alguna ventaja  al cruzar la frontera (menos patrullajes,  menores controles, por parte de Gendarmería o policías).

 

Patagón

 

Marzo 2002

 

 

 

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*    Patagón: Mi Salida de  P. Arenas en Septiembre 1973.

 

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