¡SI FUERA COMO LOS PÁJAROS!

 

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Los últimos gansos han dejado ya el viejo continente de regreso a tierras mas cálidas.

A la distancia parecen frágiles mariposas luchando por no perder su formación en contra de la dinámica de las corrientes que suben y bajan. Ups and downs.

El viento frío del norte se ha enseñoreado en la cañada y el olor a invierno se ha colado bajo mi puerta.

Pienso en mis amores. Los más pobres de los pobres, los más débiles sectores. Pienso en mis niñas de Lota y de todo el mundo, que empujadas por el sistema y por los dueños de la miseria, son pasto tierno para dar rienda suelta a todos los abusos.

Y yo lo sé porque fui niño de la calle en mi Santiago pobre de otros tiempos.

Las barreras sociales discriminan, destruyen y matan.

De mi escuela de barrio sólo yo llegué a la cima. Y no por ser más inteligente, pues estoy seguro de que había muchos más talentos en mi curso. Sin embargo todos fueron víctimas del sistema social cruel, mezquino y burgués.

Siento pena por el egoísmo humano que cortando los brazos al negar el trabajo, cortando las piernas al cerrar los caminos, cortando los rostros al quitar la dignidad al ser humano, discrimina a los pobres.

Los campeones de la oferta y la demanda, los que compran barato y venden caro, compran con sus sistema, vidas humanas en el fondo.

Veo a la distancia los rostros de las niñas de la calle en Chile, en un albergue en la sureña ciudad de Lota, que visitara algún día dando mi aporte humilde. Este albergue estaba a cargo de Marlene Sandoval y el Cro. Tito Vera que estuviera  preso conmigo en Dawson.

Allí estaban: Ingrid (12 años), Marianella (13 años), Luisa (14 años), Ana (12 años), Carola (11 años), Susana (13 años),  Angélica(12 años), Fidela (12 años), Roxana (11 años), Jeanette (11 años), Carmen (12 años), Edith (11 años), Paola (11 años), Isabel (8 años), Alejandra (8 años), Elena (11 años).

 

Ellas son tímidas, sensibles, no quieren hablar de sí mismas. Tienen un concepto idealizado de la maternidad, del deber que debe sentir una mujer hacia su hijo.

 

"Qué como soy? Es difícil tío. Nunca me lo preguntaron antes. Yo no sé como soy. Nunca a nadie le había importado".

"Si fuera como los pájaros, volaría tío, lejos, muy lejos, hasta perderme tras las nubes".

 

Son humildes como un quiltro vagabundo sin dueño. No son registradas al nacer y al dejar este mundo van a la fosa común sin una cruz, sin un amen, sin un adiós, sin una lágrima, como un surco en el agua trazado por Dios.

Habiendo sufrido frecuentes experiencias de agresión sexual, eluden el tema sintiendo miedo, inquietud o vergüenza, hablar de sexo es algo sucio que no entienden bien.

Sus sueños son sueños de cuentos de hadas llenos de flores, colores, belleza, dónde esperan un mundo de amor idealizado que les abra las puertas.

 

"Y de repente jugar sin parar tirarnos terrones de tierra y dormirme riendo".

"Sufro en la calle en el invierno hay mucho frío y lluvia".

 

La exclusión social es un fenómeno que afecta en forma creciente al niño de la calle, nacido en un cuarto de población callampa, no tiene documentos que certifiquen su nacimiento, no va a hospitales, no ingresa a la escuela, sólo está allí sin que haya más que la constancia visual de sus existencia.

No tienen noción de lo que les rodea y sienten que lo único igual a ellas son los miembros de su grupo, entre ellas son personas iguales, no rechazadas y no tienen que explicar nada para ser valorizadas. Y la calle representa el anhelo de libertad y autosuficiencia que la sociedad les niega.

 

"Que la gente me diga: Angélica estás más limpia, eso me ayudaría."

 

La visión de la vida es parcial, el momento y la sobrevivencia la agresión y la defensa, el temor y la desconfianza hacia los adultos son los determinantes de su existencia.

Frecuentemente son detenidas por la policía, ya sea por la venta de artículos en la calle sin permiso, por sospecha de hurtos, por inhalar neoprén en lugares públicos o sólo por estar en la calle, delito tipificado como "vagancia". En los lugares de detención o centros de reclusión comparten con adultos, incluidas mujeres de alta peligrosidad y son sometidas a agresiones físicas y verbales, golpes y agresiones sexuales.

 

"Era tan helado....! Fue a los 5 años, me llevaron con mi mamá a la cárcel porque no teníamos  que comer y pedíamos en la calle".

 

Los hurtos los realiza generalmente por encargo de adultos, de algún miembro de la pandilla o para demostrar que ya es valiente.

 

"A veces nos pegan sin motivo en la cárcel. Hay comida y cama pero muchas mujeres tienen relaciones sexuales entre ellas y si una no se mete ellas nos castigan".

 

Las que han pasado por la cárcel tienen mucho temor a la obscuridad, a Dios, a los Santos, se sienten perseguidas, rechazadas, sucias, según sus experiencias callejeras. Enfin, sólo sienten un terror cerval a todo.

Yo también tuve miedo siendo niño. Pero no es miedo al peligro ni a la muerte. Ese miedo nunca lo he tenido. Es el miedo a la especie, a los poderosos, a los dueños del dinero. Y ese miedo mata. Y si por ventura consigues llegar a pertenecer a una elite económica e intelectual, ya has dejado tu mundo atrás y no perteneces a ningún medio social. Sólo te quedas con tu huellas de recuerdos,  penas y hambres metidas en el cuerpo. Y entonces te sientes infinitamente solo.

La importancia del dinero se ha masificado, mistificado, exagerado, prostituido y estimulado por el consumismo cuidadosamente planificado por el sistema y la televisión.

 

"Si se tiene plata, por último te compras ropa bonita y te tienen que aguantar"

 

El vestirse a la moda, hace que las niñas recurran a cualquier artimaña para verse como "hijos de ricos", llegando a la prostitución y al robo "para ser como ellos".

 

"Me iba por meses pero no me pegaban cuando volvía con regalos".

 

Los niños de la calle realmente ganan dinero y sostienen a su familia y no es fácil reemplazar  sus horas de trabajo por el estudio.

En la mayoría de los casos la niña deja su hogar gradualmente y en la medida que va perdiendo el temor a la calle, se hace de amigos y comparte con ellos detenciones, risas, cigarros, alcohol y neoprén.

 

"No me dan ganas de vivir ahí. Mi mamá tiene un hombre. Cuando ella fue al hospital se me tiró encima".

 

En la calle se subdividen en grupos: las que venden y/o pertenecen a alguna pandilla y las que no venden o han dejado de hacerlo para trabajar en los autos y moteles. Dentro de esta escala de valores se van haciendo expertas. Todo depende de lo que resista en la calle y sea capaz de callar en favor de la pandilla y de ella misma.

En la lucha diaria por sobrevivir no hay lugar para sentimientos o aspiraciones. El motivo principal de su existencia es el que comerá al día siguiente.

En la calle las menores se relacionan a partir de tres elementos: fuerza, presión y represión.

Víctimas de esta realidad se desenvuelven presionando para conseguir lo que quiere, reprimiendo a las más débiles y usando la fuerza para avanzar y conquistar alguna forma de poder.

Sólo existen nulas o deficientes relaciones con la familia, por la presencia de violencia, falta de interés y de contaminación por miseria.

 

"Nos colgaba y nos pegaba con una manguera. Vivíamos asustadas"

 

Careciendo de espacios físicos, morales, humanos, educacionales para entender su realidad se enfrenta a un mundo de adultos que determinan su vida, sus intereses sin consultarla, pero que la explotan en su trabajo en la calle, sin que ella entienda las razones de su destino.

 

"Me fui nomás. Todos tenían problemas. Nadie hablaba conmigo"

 

Para los que hemos tenido vivencias callejeras, la escuela tradicional es aburrida, todo es gris, sin colorido, sin cariño, sin alguna actividad económica que permita aportar con algo a la mantención del hogar.

 

"Siempre me retaban y criticaban sólo a mí. Mejor y más cosas pasaban en la calle"

"El hombre me dijo si quería plata. Yo le seguí porque mi abuelita necesitaba plata"

 

La prostitución es una forma de agresión a la niña de la calle, que ha aumentado considerablemente a partir de la dictadura y la rabiosa economía de libre mercado.

La oferta y la demanda. Comprar barato y vender caro, vidas humanas.

 

"Vendo riñón para pagar deudas".

 

De 500 casos de menores prostituidas en los últimos cinco años, 400 habían comenzado después de ser violadas.

 

"Nosotros sufríamos mucho en la casa. Mi padrastro trató de violarme".

"Lo que más miedo me daba en la calle es que los hombre me hicieran maldad".

 

El motor principal de este flagelo es el hambre y el hombre. Se prostituyen primero para comer y después para apoyar el grupo familiar.

 

"Me siento mal a veces. Mucha gente cree que somos anormales y no personas con carne y huesos"

"Cambiar, ser distinta. No robar ni aspirar neoprén, sino estudiar y ser otra persona.

 

Los efectos de los cambios sociales, bajo la dictadura y el dudoso proceso de transición hacia la democracia, se hace notar en todos los aspectos: el lenguaje soez y agresivo lo demuestran a todos los niveles y todas las formas de relaciones humanas, comenzando por la familia, así lo confirman.

 

"Si fuera como los pájaros, volaría tío, lejos, muy lejos, hasta perderme tras las nubes".

 

 

(c) 1998 r.p.cáceres vidal

 

 

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