mi vuelta DESPUÉS de 19 años : El adiós a mi vieja en 1995
Pablo Jeria
Aquí van unos recuerdos del Mosca.
A todos nos ha pasado. Hemos padecido alguna
perdida de tipo personal, hemos dejado a alguien atrás o nos han dejado,
proyectos personales que por razones mayores no pudimos finalizar, lo cual nos
deja una herida emocional. ¡Las heridas físicas que hemos sufrido se curan
fácil. Les relatare un trozo de mi vida que de una u otra forma es universal y
que nos ha pasado o nos pasara a todos.....
Despierto en la mitad de la noche por la humedad y el
frió y por el extraño ruido, que tiene Santiago nocturno, que venia desde
afuera. Estoy medio confundido al ver tantas cosas diferentes, en el
departamento de un gran amigo, Carlos. Llegué a ese lugar después de varias
semanas de traqueteo que para mí fueron difíciles de hacer por problemas de
salud, que me están achacando en los últimos
años, el principio de una larga lucha por una recuperación.
Al despertarme comencé a recordar los eventos de las
últimas tres semanas. En medio de la noche mis recuerdos fueron así........
Volví a Chile el 1995, después de 19 años de cuando me
echaron de la cárcel en 1976, donde me tuvieron guardado por tres años. Osea 22 años que no andaba
libre por allá.
Durante el vuelo desde New York me di tiempo para
pensar y prepararme para los eventos que tendría que enfrentar y de los que
había dejado en NY. Este viaje no era de placer sino para prácticamente
despedirme de mi mamá que estaba sufriendo de Lou Gherig Disease por los
últimos 3 años.
El viaje fue sin contratiempos, solo puedo mencionar
que cuando llegue al aeropuerto en Santiago el tipo que revisaba los papeles al
ver mi pasaporte, inmediatamente pone mi nombre en la computadora a lo cual le
digo una mosqueada: ¿Y todavía me andan buscando?. A lo
que el tipo dice“ No caballero es solo rutina”.
Al salir de la sala de aduanas me estaban esperando mi
tío Humberto y mi primo Tito, los cuales me informaron que ella estaba en muy
mala condición y que posiblemente no duraría mucho. El tiempo en Santiago de
esa mañana era nublado, había llovizna y neblina, ¡malos augurios dijo el
poeta!
Arribamos a la casa de mis padres en Maipú. La visión
de mi Mamá en una silla de rueda, que le había enviado unos meses atrás cuando
mi Papa ya no podía físicamente moverla de un lado a otro, fue devastadora. Me reencontré con mi mujer
y mi hijo que habían viajado 10 días antes. Abracé y besé a mi mamá en esa
carita arrugada que había sido tan hermosa cuando joven.
Arribe en la mañana del 21 de Julio de 1995. Todo ese
día estuvimos sentados alrededor de la mesa, comiendo, tomando café, riéndonos
y recordando, recordándonos de personas, amigos y familiares con los cuales
habíamos compartido tantas cosas, buenas y malas: bautizos, casamientos, cumpleaños,
funerales.
Gran parte de la conversación se enfoco en los días
negros cuando nuestra patria fue ultrajada, especialmente de lo que había sido
de todas las personas que se llegaron a unir tan estrechamente en esos años de
espera, por nuestra salida de los campos de concentración, cárceles y
eventualmente al exilio.
¿Que es de los chicos...?, ¿Que es de....? En fin,
tantos que tuvimos que salir a empezar vidas nuevas en lugares extraños.
Algunos todavía están en este lado, otros lamentablemente nos dejaron, como
Tula, Coronado y mi primera compañera Danila Lazo, porque que no pudieron soportar y tomaron su vida en con sus
propias manos.
Mi mamá ya no
tenía la facultad de comunicarse verbalmente,
mi Papá interpretaba por ella,
esa noche nos fuimos a dormir temprano. Al día siguiente me levante
temprano a recorrer el barrio y trate de seguir mi rutina de NY, comprar los
diarios, comprar pan, jugo, leche, etc.
Al volver llame a mi tío Humberto para averiguar como
estaba la cosa de la clínica de tratamiento de diálisis, para ver cuando iba a
ser aceptado para tratamiento. Me dijo que requerían un examen de HIV, puesto
que el de NY no lo aceptaron. Me dijo que pasaría por mí en una hora y que este
listo para irnos a la clínica de la U. de Chile o Católica, no me acuerdo. Al
llegar allá tomaron la prueba de sangre
inmediatamente cuando le dijimos que iba a ser pagado en efectivo, mas encima
dólares: No Problem. Saliendo de ahí, como al medio día, ¿con
quien me encuentro?..con Cupido
Duhalde, un gran amigo y compañero que vive en NY. Con él comimos en una cafetería de las
anteriormente mencionadas universidades, ¿cual?
Después de este tramite me dejaron en la casa y
volvimos a la rutina del día anterior con mis padres. Mi mujer y mi hijo
salieron a Santiago con mis primas, así nos dejaron solos para seguir
recordando. He descubierto que los recuerdos son muy importantes ya que son una
forma de mantenerte contactado con el pasado, con acontecimientos y personas
que vivieron antes y este nexo nos da una orientación mejor para proseguir en
esta huella de la vida. Vuelven mi mujer y mi hijo temprano, puesto que la
señora que ayudaba en la casa iba a tener que irse temprano por que la hija no
estaba sintiéndose bien y tenia que cuidar al nieto, por lo cual la cena iba a ser temprano.
Al retirarnos esa noche después de ver la tele un
poco, me despedí de mi mama con beso grande y nos fuimos a dormir. Bien tarde o
temprano en la mitad de la noche, depende del punto de vista. Me desperté sin
razón alguna pensando que me iba a dar un huascazo a la cuchara por no haber
tenido diálisis en tres días, me mande una píldora de nitro por sí las moscas.
Ahora entiendo el dicho que dice ¡ no
creo en brujas pero de que las hay las hay!. Debe haber sido ese nexo entre
seres queridos que te dicen que te dejan. Medio minuto después golpean la
puerta, era mi papá, el cual me dice “algo
le ocurre a tu mamá por que no respira y hay que llamar al doctor”. Voy a su dormitorio le toco el
cuello a mi mamá y no hay pulso, llamo a mi tío Humberto y le digo que venga
inmediatamente con mi tía porque mi mamá se murió. Mi papá me dice que hay que
llamar al doctor a lo que le respondo que es “muy tarde, ella se
murió”. Momentos de
silencio e indecisión, la beso en la frente, mi papá hace lo mismo, mi hijo y
mi mujer también.
Después de esto fuimos a buscar un certificado de
defunción al Dr. y lo llevamos a la funeraria con la cual mi papá había hecho
contrato en caso de esta eventualidad, en caso de uno de ellos muera. Volvimos
a la casa con el mortuorio y sus ayudantes que iban a hacer los arreglos
necesarios ubicar la tarima para el ataúd, las velas eléctricas ya que con mi
papá habíamos decidido que el velorio se iba a hacer en la casa. Mi tía y
mujeres vecinas de mi Mama la estaban
preparando para el ataúd. A Henry, mi
hijo, se lo llevó uno de mis primos a su casa para que este con sus primos y no
tenga que participar en esta cosa de la preparación. Los vecinos tuvieron la
amabilidad de mover los muebles y preparar la casa.
En el íntertanto tome tiempo para llamar a mi hermana
que vive en Argentina y le informe de la situación. Dijo que viajaban esa misma
tarde a Santiago para asistir al velorio y funeral. Pronto llego el cura y
converso con nosotros sobre los arreglos religiosos, le dijimos que haga lo que
tenia que hacer en una situación como esta y quedamos de acuerdo en que él
volvería a las seis de la tarde para comenzar un servicio. Llame a un montón de
familiares de Valparaíso, Quilpue, Punta Arenas y Santiago informándoles la
situación.
Después de todas estas llamadas y trajineos, con mi
papi nos sentamos en el patio de su casa, prendí un cigarrillo y nos sentamos a
reflexionar en la magnitud de lo que es perder un ser querido, nadie dijo nada
por unos minutos. Al conversar llegamos
al acuerdo que este suceso, el fallecimiento,
después de 43 años de casados en las malas y en las buenas, para él tuvo un fin agridulce El único consuelo que tenia era de que el
sufrimiento de los dos se había acabado. La enfermedad que duró tres años, la mato pulgada a pulgada. Mi
papá fue testigo de ese deterioramiento y trato de hacer lo humano posible por
tratar de hacer su vida más fácil. Después de eso no miramos, no dijimos nada,
nos abrazamos y nos corrieron las lagrimas. ¡Era la primera vez que veía llorar a mi papá y él a mí!
Al velorio llegó bastante gente de la
parroquia de mi mamá, vecinos y familiares. Mi hermana, cuñado y sobrinos
llegaron esa noche desde Mendoza. Con mi hermana quedamos de acuerdo de que lo
mejor seria de que mi papi viaje por un tiempo a Mendoza para que no este solo
en la casa.
En fin, después de este tipo de momentos, por la perdida de un ser querido como es la mama, papá o un hijo, el dolor se lo lleva uno por el resto de tus días.
Por lo general, lo saben los que me
conocen personalmente, soy un huevon bastante bestia en tanto a demostrar el
dolor físico, el emocional esta ahí, como un duende, pero yo creo que lo
cubrimos y no lo dejamos escapar para que nos subyugue con su manto sutil.
Creo que es una de las lecciones aprendidas en tiempos
de vida dura, como cuando había estado preso, el nunca expresar lo que realmente pensábamos. Creo que este
universo donde mucho de nosotros crecimos, digo crecimos por que muchos fuimos
mozalbetes cuando ocurrieron los hechos, nos obligó a enfrentar nuestra
realidad día a día. Las amistadas nacidas entonces, cuando las papas quemaron,
con sus altos y bajos, duraran mucho tiempo. Son cosas invalorables y es un
motivo de orgullo el haber conocido y haber afrontado esos malos ratos unidos.
Ahora que nos estamos poniendo viejo, ya que la
juventud se fue al patio de los recuerdos, nos ponemos más pensativos, más
sentimentales y muchas veces nos decimos a si-mismos ¿Cómo pude haber sido tan
huevón?. Nos hace pensar que porque no hice eso así o asa. A lo que yo me
respondo: ¡Huevas, las cagadas o las decisiones fueron hechas!!
Saludos.
Pablo

New York City, Julio 2002
Ø
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