Miguel
Loguercio
PIJESITO NORTEÑO

Era por el año 1967…cuando me traslade junto a mi familia
a Punta Arenas. Llegué solo con mi padre y al poco tiempo entre al liceo
de hombres en calle colon. Asistía a clases con terno pues mi uniforme estaba en
camino con el resto del menaje de casa. Rápidamente me gane el apodo de “pijesito
norteño.”
En ese entonces cursaba sexto preparatoria…teníamos un
profesor de apellido Ulloa, quien creo tenia algunas desviaciones pues
le encantaba castigar a los estudiantes, sin que estos rechistaran, con el
famoso paseo por la pista. El se sentaba en su puesto a mirar con cierto
deleite el castigo, este consistía en desabrochar los pantalones, bajar el
marruecos y el alumno tenia que caminar alrededor de la sala con los brazos en
alto…hasta que se le caían los pantalones.
Yo no era santo de devoción de mis compañeros, pues era
el nortino, el afuerino, había tenido algunas peleas en la escuela y otras
cuantas en la playa. Entre estas varias peleas una con el gigante de la clase,
hoy mi gran amigo El Negro Enríquez (Ramón). Recuerdo que le aseste un
brutal cabezazo en la boca, pues me había agarrado como un oso los brazos y no
dejaba moverme. Desde día siguiente fuimos inseparables amigos y hermanos.
Yo era bastante tranquilo, pero no tenia mucha tolerancia
cuando me molestaban. Y gracias a unas buenas clases de boxeo y algunos cursos
de defensa personal no era tan malo para los combos. Aunque era bastante
bajito, lo que me ayudaba mucho era que no temía a nadie, pero esto tampoco
solucionaba mucho mi problema de convivencia con mis compañeros.
Hasta que un
día este profesor me castigo al paseo por la pista. Y si algo yo desde muy niño
no toleraba era que me humillaran. Le dije que no, que eso yo no lo hacia, ante
el estupor de todos mis compañeros, que me mandara a la casa, que me
suspendiera, que mandara a buscar a mi apoderado, etc. Cualquier cosa menos
eso. Me negué rotundamente. El profesor montó en cólera y trato de
desabrocharme los pantalones, tuvimos un forcejeo y como no pudo me dio una
cachetada. Yo respondí con una senda patada ¡en las canillas! del profesor y
salí arrancando. Me fui directamente a la oficina de mi padre y conté lo
sucedido. Ante el asombro de Isidoro Liendo, mi padre me dijo vamos, fuimos al
liceo entramos a la sala de clases y yo jamás en mi vida he visto a una persona
tan asustada, como al Sr. Ulloa. Mi padre lo saco de la solapa al pasillo y le
advirtió que era la ultima vez que me ponía la mano encima y también la ultima
vez que realizaba tal cruel castigo. Así fue, nunca mas vii el paseo por la
pista ese año, pero seguro que siguió haciéndolo con su nueva clase al año
siguiente...
Lo importante es que desde ese día el pijesito norteño
fue aceptado por sus compañeros. Y desde ese momento, me sentí un chumango mas,
hasta el día de hoy porque en esas tierras, en esos paisajes,...en esas
acuarelas, en esas calles..., en esos árboles torcidos por el viento deje mi
vida de joven idealista y soñador, deje mis amores, deje mis compañeros y amigos.
Deje mis sueños y mis ilusiones, en esas tierras deje y esta mi todo.
Miguel Loguercio

Miguel
Loguercio
U-2
W
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Copenhague, Dinamarca. Diciembre 2002
Miguel Loguercio.
Septiembre 2002.
Miguel Loguercio.
Septiembre 2002.
Miguel Loguercio, Agosto 2002
Un
mundo de amor para Rosita
Miguel Loguercio, Agosto
2002
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