LIBRE

 

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La lluvia fría empapa mi ropa y el viento no me permite correr como yo quisiera.

Salgo a correr habitualmente contra estos elementos, alrededor de un lago, en Holanda, mi pais del exílio.

Son casi cuatro Km. Algún día caminando los conté y llegue a cuatro mil pasos.

El viento frío hace doler los pulmones, al principio, dolor o vivencia dolorosa y generosa, que me brinda la infinita sensación de libertad.

 

Así debíamos correr y trabajar diariamente en Isla Dawson.

Después de casi dos años, éramos los últimos 15 presos políticos de la Barraca Charly y habíamos pasado a  la Barraca Alfa, con vista al mar, pues ya no quedaban más presos políticos en la isla, aparte de nosotros.

Sólo quedábamos tres compañeros en condición de ir a cortar leña conque hacer fuego y poder soportar el frío: Patricio Fabas, yo y otro compañero cuyo nombre no me acuerdo, pero había estudiado en la Escuela Militar, en Santiago y me merecía

Alguna duda.

Cantábamos. Siempre cantábamos.

 

Nuestro himno era “Libre”

 

“Tiene casi veinte años y ya está

cansado de soñar…

Pero tras la frontera está su hogar,

su mundo y su ciudad…

Piensa que la alambrada sólo es

un trozo de metal..,

algo que nunca puede detener

sus ansias de volar..

 

Libre, como el Sol cuando amanece

yo soy libre…., como el mar…

Libre…, como el ave que escapó de

su prisión y puede al fin volar..

Libre…., como el viento que recoge

mi lamento y mi pesar,

camino sin cesar

detrás de la verdad

y sabré lo que es al fin

la Libertad.

 

Con su amor por bandera se marchó,

cantando una canción…

Marchaba tan feliz que no escuchó la

voz que le llamó…

Y tendido en el suelo se quedó

sonriendo y sin hablar..

Sobre su pecho flores carmesí,

brotaban sin cesar…

 

Libre, como el Sol cuando amanece

yo soy libre como el mar…

Libre, como el ave que escapó de

su prisión y puede al fin volar..

Libre como el viento que recoge

mi lamento y mi pesar

camino sin cesar

detrás de la verdad

y sabré lo que es al fin

la Libertad.

 

 

Los compañeros de la Barraca Isla, todos de Santiago, habían sido ya trasladados

a otros campos de concentración en la zona central.

Otros.., habían sido silenciados para siempre como José Tohá, por orden del Gral. Arellano Stark.

Hernán Vergara, quién fuera Subsecretario General de Gobierno, anduvo durante meses con una bala alojada en su brazo, sin decir ni pío y sin recibir atención médica.

Finalmente murió, tal vez no de la bala, pero a veces la gente muere al sentirse traicionada sin esperanzas, de decepción.

No sé cual fue al final la causa de su muerte y tal vez,  a esta altura ya no interese. Son tantos los caídos…

Los compañeros de la Barraca Remo, todos condenados en el primer consejo de guerra, habían sido trasladados ya a Punta Arenas o a la Cárcel Pública.

 

Frente al campo de concentración Río Chico, en Isla Dawson, quedaba frente a Bahía Inútil y desde la Barraca Alfa podíase ver algunas luces en las noches claras, probablemente Porvenir, pueblo al otro lado del Estrecho.

Eran aproximadamente diez millas marinas.

La guardia en el campo se había relajado y un grupo de los nuestros había encontrado, hacía mucho tiempo, un bote,  fondeándolo en lugar seguro.

La idea era fugarse, pero muchos fueron siendo trasladados y el proyecto fracasó por falta de iniciativa. Pero yo sabía dónde estaba el bote aún anclado.

Claro que fugarse no era juego de niños.

Al frente estaba Porvenir y el Rgto. Caupolicán y allí habían asesinado a los Cros. Ramón Gonzáles Ortega, Germán Cárcamo Carrasco y Carlos Balgorri Hernández el 31 de Octubre de 1973, por el consabido intento de fuga.

Lo mismo pretendieron hacer con Sergio Miguel Logercio, que a la sazón tendría 16 o 17 años. Y no era el único adolescente.

Y este peligro latente existía sólo en el mejor de los casos, de lograr cruzar el Estrecho de Magallanes y llegar al otro lado de la Bahía.

Pero lo más probable habría sido, morir congelados o baleados desde tierra. Quizás los mismos milicos habían puesto el bote a nuestra disposición para luego practicar tiro al blanco con nosotros. Era el deporte favorito de los canallas y así ocurrió en otros campos de concentración como en Pisagua dónde se sacó a plena luz del día a varios compañeros y  se les dió la órden de correr en dirección al mar, mientras eran asesinados por la espalda. Intento de fuga, lo llamaban. Y sobre los pechos y espaldas brotaban flores carmesí, como un río sin parar.

 

Por esa razón, habíamos postergado nuestra idea para una mejor ocasión.

Muchos fueron dejados libres, sin pena ni gloria. Otros relegados  o dejados en libertad bajo control policial.

Un tal Neira, preso con nosotros hasta el último momento, se presentó de marino uniformado a Lucho B., (Charly 8?) en Pta. Arenas, al poco tiempo de haber sido puesto en libertad, para amedrentarlo y continuarlo chantajeando.

O sea estuvimos infiltrados hasta el último minuto.

 

Una vez condenado y trasladado a la Cárcel Pública nos reencontramos con

los compañeros de la Barraca Remo, condenados previamente.

En mi grupo iba Che Márquez, Sergio Lausic, Parillo, El Flaco Ferrer, Pluma Sucia,

Guillermo Mell, etc. Algunos fueron relegados, otros pasamos a la peni.

 

Pero desde el primer día, el deseo de fugarme, crecía diariamente.

Hablando con los comunes, me fui haciendo una idea de la mejor forma de

hacerlo.

La fauna dorada de la cana estaba integrada por personajes famosos y siniestros:

Los Tres Virutillas, Gavilán, Camión, Siete Platos, el flaco Friedmann,

El Chico Vera, Valenzuela, Lobito, etc., etc., más algunos caídos eventuales

como La Chela, un  tal Sánchez y un loquito.

La pobre Chela, era un homosexual sin vuelta.

Le había robado una plancha al sastre donde trabajaba, en venganza, porque éste le había trampeado su salario.  Estando en mi celda de castigo, la 72, y La Chela

castigada en una celda contigua, podía escuchar como los pacos desgraciados abusaban con ella. Pero a pesar de su sexualidad, tenía bastantes cojones, muchos más que algunos compañeritos que tuvimos que expulsar por colaboradores con los milicos.

La Chela necesitaba ayuda para escribir una carta a máquina y pidió asesoría a los

políticos. Y así llegaba hasta la puerta de los políticos y luego de golpear el suelo

impacientemente con sus tacos, gritaba coquetamente: “señor Sadez!…, señor Sadez…!” , al decir del Coligue Biott, quién imitaba a la Chela para reírse un poco.

Y a su llamado aparecía el compañero mencionado, para ayudarla en

la redacción de alguna carta. Andaba buscando su libreta de imposiciones del

Seguro Obligatorio.

Este Cro. que las oficiaba de gentilhombre es gran amigo mío y en aquella altura tenía carreta con el coligue Biott, el Corte, el Alvarado y el Conono.

En cierta ocasión, le pregunté: “Oye Chela, el Camión dice que te hizo ver las estrellas..”

“Chis! Que se cree, ese weón… “, fue su respuesta. “Si fue una sola vez nomás y la pura puntita ….”

Pero había todo un tráfico sexual en la cárcel.

La celda 4 estaba convertida en prostíbulo. Un par de sapos, uno que cobraba la entrada y La Chela que ejercía de prostituta. Al ser descubiertos, se abrió un sumario y apareció el funcionario de las estadísticas a preguntar: “A ver.., a ver.. a ver….: “Y tú cuantas veces te afilaste a La Chela..?”

“Chis, fueron dos veces nomás…, mi teniente. Andaba escaso a los morlacos”.

Y el funcionario llevaba cuenta rigurosa de la actividad sexual del penal y la registraba en un gráfico.

Y de esta forma, llegó La Chela castigada a una celda contigua a la mía.

 

Yo era acólito de San Crispín y por ello trabajaba como zapatero en el taller.

Allí también trabajaba Parillo y Charly 57, Manuel Hernández, Takanaka, haciendo anillos.

Yo indagaba siempre, la posibilidad de escape.

Huir en el chute escondido bajo la basura y una manguerita para respirar, no daba resultado. Eso pasa sólo en la TV y ya había sido experimentado en la Peni de Stgo., me había confiado Sánchez.

Él, como muchos otros, le trabajaba al descuido, según él.

Tenía pinta de extranjero y ello desvelaba toda duda ante los ojos arribistas de los posibles desconfiados. Trabajaba en pareja con su mujer, una morenasa, mas bien bajita, pero simpática y juguetona.

Visitaban casas vacías y una vez comprobada la ausencia de los dueños en vacaciones, habrían con ganzúas y se apropiaban de las joyas y del dinero.

Fueron detenidos en el aeropuerto cuando estaban a punto de embarcar. Habían desvalijado muchas casas y el botín no era despreciable.

Como devoto de San Crispín, yo tenía el privilegio de ir a recibir visitas a cualquier momento dentro del horario que impone el regimen carcelario,  y así podía mirar hacia la Sección Mujeres y a través de señas y papelitos, podía entrar

y sacar noticias en los tacos de los zapatos a reparar.

Así le conté a Sánchez que la morenita tenía que separarse de él, para quedar libre.

También sabía que el flaco Friedmann, cavaba un túnel en su celda, pero al encontrar los cimientos, comenzó a cavar mas profundo y le comenzó a aparecer agua.

El gallo de las guitarras, había asesinado a su mujer a sus dos cuñadas y a su suegra. Parece que no era muy fijado en detalles. Tenia  cana perpetua. Nunca hablaba, con alguien, pero salía cuando quería a hacer sus compras de materiales.

Ello me llevó a la idea, de que lo mejor era escapar cuando a uno lo sacaban fuera

del penal. Y para experimentar, me hice el loco y pedí que me llevaran al psiquiatra.

Contaba con el apoyo de un viejo sargento, que habiendo sido militante socialista,  yo lo mantenía amenazado con denunciarlo de terrorista y de achacarle las cinco mil metralletas mas el plan Z, si no colaboraba conmigo. El pobre sargento llegaba a temblar cuando me veia.

Me mandaron al psiquiatra con un paco chico, caminando, con mi mano izquierda metida en el bolsillo ligada al tobillo por una cadena. No se puede correr de esta manera, pero confiaba que estando con el psiquiatra, éste ordenaría sacarme la cadena.

Un tal Gumucio era el psiquiatra y yo tenía esperanza de que por el apellido tuviera algo de la Izquierda Cristiana, pero nada. Se opuso terminantemente el muy maricón a que me sacaran la cadena y me explicó con tono suficiente, que “los sesos son como una olla de porotos hirviendo”.

Guena weon ooh! Dónde estudiaste anatomía. Estudiaste el Testut alguna vez..? Yo estaba choreadito ya con la cadena y venir a escuchar más encima estupideces, era mejor perder el tiempo en la calle, caminando de regreso lentamente. Me recetó un calmante pa’hacer dormir elefantes que yo naturalmente nunca lo tomé.

En la Biblioteca del penal, había una colección de libros de medicina en francés, dejados por un médico, que según dicen, perdió en una noche de juego, toda su fortuna, su departamento y su mujer adentro.

Yo no lo podía creer, pero me convencieron que la mujer también había estado de acuerdo.

Así, describiendo los síntomas de un tratado de gastroenterología, me llevaron al hospital regional para ser examinado por cáncer al estómago.

Pero con tan mala suerte, que la vigilancia policial estaba redoblada, porque había otro preso político recién operado de los juanetes y su mujer siendo enfermera lo visitaba solicita noche tras noche, hasta que al parecer descubrieron a la buena samaritana escondida bajo la cama a altas horas de la noche. Si fueron descubiertos no me consta, pero la vigilancia policial había sido aumentada, fueron descubiertos.

Y para colmo de males, dicen que me encontraron cáncer, pero hasta el día de hoy,

los síntomas no han pasado a mayores.

 

Y en eso andaba, tratando de fugarme, cuando apareció el Dcto. 504, por el cual podíamos salir del país si tuviésemos visa donde ir.

 

Esta vez me llevaron a la dentista, que sentía una tremenda envidia contra nosotros que podíamos salir a diversos países y expresamente buscaba la broca mas gruesa y dolorosa para perforarnos y hacernos sufrir.

Pero después de todo lo padecido, esto ya era juego de niños.

Y en estas cosas pienso cuando salgo a correr.

Y una sensación de bienestar invade mi cuerpo y me siento como hace un cuarto de siglo atrás, en Isla Dawson.

Infinitamente libre. Y para siempre!

 

Libre, como el Sol cuando amanece

yo soy libre como el mar…

Libre, como el ave que escapó de

su prisión y puede al fin volar..

Libre como el viento que recoge

mi lamento y mi pesar

camino sin cesar

detrás de la verdad

y sabré lo que es al fin

la Libertad.

 

 

 

Atte.charly7

 

© r.p.cáceres 1999

 

 

 

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