Quica de Zanzi lanza sus memorias

 

 

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A continuación  reproducimos el articulo de la Prensa Austral de Punta Arenas  sobre el libro Mi memoria es mi Verdad de Quica de Zanzi. En esta crónica, publicada  el 14 de Octubre de 2002,  se reproducen fragmentos del libro.  

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Quica de Zanzi lanza sus memorias

Amiga personal del ex Presidente Allende, relata su detención en la cárcel y en un regimiento de Ojo Bueno. - A la presentación del libro vendrá la hija del extinto mandatario, la diputada Isabel Allende.

 

 

 

          No soy escritora. Mi único objetivo al escribir este libro es contar lo que viví para que nunca más vuelva a ocurrir en nuestro país. Estoy cumpliendo, además, una promesa que me hice a mí misma durante mi prisión”, señaló Francisca González Fernández, socialmente conocida como Quica de Zanzi, al ser consultada en torno al libro “Mi memoria es mi Verdad” que será presentado el 31 de octubre.


          El texto, de 142 páginas, relata las atrocidades que enfrentó esta mujer durante su detención en la cárcel y en un regimiento de Ojo Bueno, su posterior relegación en Ovalle, Viña del Mar y Villa Alemana y, luego, su salida del país para exiliarse en Italia y posteriormente en España. Retornó a Chile en 1985.
En su condición de amiga personal del ex Presidente Salvador Allende, Quica, junto a su marido Carlos Zanzi cumplieron distintas funciones para el régimen de la Unidad Popular. Zanzi estuvo a cargo de la Corporación de Desarrollo de Magallanes, Cormag y a ella, le correspondió dirigir la Confederación de Centros de Madres, Cocema.

 

          En el texto, critica a Pinochet, reprocha el silencio de la Masonería frente a las violaciones de los derechos humanos, menciona la visita de Castro a Magallanes y recuerda su encuentro con la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova.


          La mención a su amistad con el ex Presidente Allende es más bien breve.“Se han escrito tantos libros sobre el tema político que no quise extenderme más”, señaló ayer al ser consultada sobre este aspecto puntual. “Con la familia Allende mantenemos una amistad que se prolonga hasta hoy día y que yo diría, se ha acrecentado con el tiempo”, agregó. Como una señal de esa cercanía, al lanzamiento del libro asistirá la diputada Isabel Allende, quien junto al hijo mayor del matrimonio Zanzi-González, Carlos, serán los únicos oradores de la presentación.


          La siguiente es una selección de fragmentos del libro cuya publicación fue autorizada por la autora.

Desde la niñez
          Los recuerdos de Quica de Zanzi se inician en la niñez, con la mención de sus abuelos gallegos y de su padre que se vino a América a los 17 años. “La casa de los abuelos gallegos era visitada todos los días. Con frío y con nieve, en coche y más grandes en trineos, cubríamos la distancia entre las dos casas para reunirnos con mi hermana y sus dos hijos. Fue una época feliz. Diría que es la que más añoro en mi vida: la alegría de estar juntos, ver crecer los hijos y tener la familia en armonía. Los hijos vivían en un ambiente de cariño y nuestra situación económica nos permitía llevar una vida sin sobresaltos”.
Más adelante agrega: “Los cantos gallegos volvían a oírse. Mis hijos crecieron aprendiendo a querer a los dos países: España por mis padres e Italia por sus abuelos paternos”.

Vinculos con la masonería
          “Con Carlos disfrutábamos de la música y el baile en compañía de amigos con los que nos reuníamos en nuestras casas o eventos sociales. Con mi marido, en las largas sobremesas del crudo invierno, leíamos e intercambiábamos opiniones e ideas. Me explicó los principios de la Masonería y conocí sus grandes y nobles postulados”.


          “De gran significado fueron para mí los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad, pilares en mi vida hasta hoy. Recordaba y comparaba las ideas con los principios de la Iglesia Católica. No veía muchas diferencias en cuanto al respeto de la vida humana. A su modo, pregonan por un mundo más humano y fraterno, donde todos se respeten. Con rituales distintos, buscan una sociedad mejor”.


          “Bajo la influencia de Carlos hice míos los postulados de la Masonería. Actué bajo su concepción más pura, formando parte de los centros femeninos”.
“No pretendo juzgar a la Masonería en general, pero sí hacer una fuerte crítica a los miembros de la respetable orden que no levantaron su voz ante los atropellos cometidos por la dictadura militar, a partir de 1973”.  “No sólo no levantaron su voz indignados ante tanto atropello y muerte, sino que las altas jerarquías de la Masonería chilena rindieron pleitesía al tirano, que, con la fuerza de las armas, implantó su atroz dictadura, encarcelando a hermanos y torturando a otros”. En otro párrafo posterior reconoce la labor que cumplió la Iglesia Católica.

Asume Allende

          “Ese día (4 de noviembre de 1970) me encontraba en Santiago en la casa de la familia Allende. Celebramos con gran alegría, pero con el pensamiento puesto en la gran responsabilidad que nos esperaba a todos los que de alguna manera habíamos contribuido al gran momento”.
“En la tarde llegaron algunas personalidades a saludar al nuevo Presidente, entre las que recuerdo al Cardenal Raúl Silva H. y al ex Presidente, Eduardo Frei Montalva”.


          “Todo lo que siguió a los días posteriores era un sueño. Carlos se trasladó desde Punta Arenas a Santiago, por expresa petición de Allende y asistimos a la fiesta en el Patio de los Naranjos. Tuvimos el placer de alternar con grandes y queridos amigos, con quienes habíamos compartido derrotas y ahora celebrábamos un triunfo largamente esperado”.

Gobierno de la UP
          “En los tres años del Gobierno de la Unidad Popular (si bien fueron años de lucha durísima, contra una oposición política intransigente) el pueblo como nunca antes se vio representado. Si bien no se alcanzaron a cumplir toda las metas propuestas, uno sentía la esperanza y la ilusión entre los más desposeídos”.
“Quisiera ser honesta y reconocer que hubo errores personales, no tanto por parte del gobierno, que trataba de ajustar el programa dentro de la Constitución. Es muy difícil controlar a todos aquéllos que forman parte de un equpo de gobierno. No todos actúan con la honestidad que debe ser la gestión de todo funcionario público. Esto ha suedido desde que el mundo es mundo y desde que el hombre existe”.

Fidel Castro
          “Enriquecedor fue conocer a Valentina, primera astronauta rusa y oírle relatar su experiencia con gran sencillez. En 1971 conocí al líder cubano Fidel Castro. Recorrió gran parte de Chile y llegó a nuestra zona acompañado de Allende, recalando en el puerto de Punta Arenas a bordo de un buque de nuestra Armada. Ese día, en las cercanías del puerto, se concentró gran cantidad de gente, ansiosa de saludar a los Presidentes de Chile y Cuba. En el trayecto desde el muelle a la Plaza de Armas había una cantidad impresionante de público que repletaba las calles con banderas de ambos países y vitoreaba saludando a los dos líderes. Asistimos a todos los actos programados y las dos noches que estuvieron en Punta Arenas, los Presidentes compartieron en nuestra casa con un grupo de amigos.

 

 En febrero de 1972 visitamos La Habana, invitados por Fidel”.
“En Cuba quedé admirada por los avances en salud y educación, pero también conocí otras situaciones con las que no estuve de acuerdo como las libretas de racionamiento y los tribunales populares”.


El golpe militar
          “Escuchamos la noticia de la muerte del amigo, el Presidente Allende, y luego la de otro gran dilecto amigo, el periodista Augusto Olivares”.
“Fue algo tremendo, horroroso. Caminaba por mi casa llorando desconsoladamente. Me abrazaba a Carlos y a Irma, nuestra antigua y buena empleada, que también lloraba por la muerte del hombre con el que tantas veces conversó”.


          “Vivíamos estas horas de angustia pegados a la radio y a la televisión, que emitían bando tras bando. En el canal local leyeron una lista de nombres que al día siguiente debían presentarse ante las autoridades militares. Carlos figuraba entre ellos. Esa noche no dormimos”. “Carlos salió sereno, tranquilo, honrado, con la seguridad del hombre íntegro dispuesto a responder por su gestión y a no temer a ningún interrogatorio.


          “Mi desesperación era total. Algunos amigos me animaban en la esperanza del pronto retorno de Carlos. Y así fue. A las pocas horas, mi esposo estaba de regreso en casa, contándome que después de un interrogatorio normal dispusieron su libertad”. (El 15 de septiembre fue detenido nuevamente tras un allanamiento) “Irma me informó que se habían llevado las radios. Las fotos de Tencha, de Allende y Fidel las hicieron pedazos. Preguntaron en qué cama dormía Allende; se ensañaron destruyéndola”.

La detención
          El 18 de septiembre un coronel se presentó en la casa de Quica de Zanzi.
“Me dijo que lo acompañara a un interrogatorio, idea que pronto deseché al agregarme que preparara una maleta con algunas ropas”.
“Me condujeron a la cárcel. Por orden del coronel fui llevada a una celda de incomunicados.


          “Pasé la noche más horrorosa de mi vida, sentada en el suelo y con un frío espantoso, pues el único ventanillo existente no tenía vidrios. A ratos me levantaba, caminaba, sacudía los pies y frotaba mis manos, todo en una horrible oscuridad. Cada cierto tiempo se abría una pequeña mirilla en la puerta y alguiem me alumbraba con una linterna. Los ratones pasaban sobre mí. Era horrible. Sentía que se acercaban y trepaban por mis piernas. Los espantaba como podía. Fue una lucha de toda la noche y decidí comenzar a escribir un diario”.

21 de septiembre
          “Estoy igual pero muy débil. Las fuerzas me fallan. La mala alimentación y el frío influyen para que vea todo negro a mi alrededor. Ya no me sacan para ir al baño, seguramente para que no me vean los reclusos y evitar los gritos de aliento. Han puesto un balde en mi celda, para que lo use en mis necesidades. Al lado colocan la comida. ¡Es un asco, algo denigrante, doloroso, terrible!

A un regimiento
          El 29 de septiembre fue trasladada a un regimiento en Ojo Bueno.
“Esposada y vendada me introducen a una pieza. Trato por todos los medios de calmar los latidos de mi corazón, demostrando calma, más al oír muchas voces, ruidos de máquinas de escribir y mucho humo. Una voz tajante y seca me ordena:
-¡Desnúdate!
Pregunto:
-¿Por qué?
-Tienes que llenar mi ficha me responden.
Me resisto y niego, apelando a mi condición de mujer. Manos rápidas y brutales sacan mi ropa. Tiemblo de vergüenza, rabia e impotencia. Empiezan comentarios sobre mi figura y con una cinta van tomando mis medidas, pechos, caderas, color de pelo, peso y dentadura. Todo lo van anotando, pues una máquina teclea a mi lado. Ríen enloquecidos”.

21 de octubre
          Otro interrogatorio.
-¿Estás dispuesta a hablar?- inquiere una voz airada.
-¿Qué quieren que diga? No sé nada de armas, no conozco el Plan Zeta. Jamás pensé matar a nadie. Nunca ha pasado esta idea por mi imaginación-, contesto.
Cambian las preguntas.
-¿Cuántos informes sacaste a los militares con quienes te acostabas? ¿Hacías llegar esos informes a Santiago?
Niego rotundamente con todas mis fuerzas y apelo una vez más a mi condición de mujer y de madre. Jamás traté de sacarle información a nadie y nunca hice tal cosa.
Mi respuesta les causa gran risa.
Brindan por la puta, por la Mata-Hari ahora a su merced. Llegan más hombres, entre ellos está el general Manuel Torres de la Cruz. Uno exclama:
-Esta es una upienta dura, así que se acabaron los buenos modales.
Comienzan golpes con un material duro. Golpean mis piernas, caderas, pechos, espalda, brazos. Mi carne estalla. Grito y me retuerzo de dolor. Ríen enajenados, gozando con mi carne lacerada.
-No hay ceniceros en la pieza- dice alguien.
Otro responde:
-¿Para qué quieres ceniceros? Apágalo en el cuerpo de esta puta.
Todos siguen su ejemplo. El tormento es atroz.

28 de octubre
          “Despierto en mi cama del regimiento. Veo las caras de mis compañeras. Unas me colocan paños en la frente, otras masajean mis piernas y brazos. Dicen que pasé varios días fuera, llegue inconsciente y me tiraron a la entrada del dormitorio. Mis piernas son una masa informe por los golpes y las inyecciones de agua destilada con que nos inflan las piernas”.

2ª semana de noviembre
          Ahora somos muchas; dicen que 56. Nos sacan del pabellón de tres o cuatro. Permanecen afuera horas o días. Retornan en estado trágico. Cuentan horrores”.
“...La sesión sigue más bruta y terrible. Escucho horrorizada:
-“Verás ahora puta, vas a servir a nuestros jóvenes, total uno más en la vida no va a ser nada raro para ti.
Me levantan la cabeza y veo a tres soldados desnudos, con sus caras tapadas y sólo con sus ojos descubiertos. Avanzan y trato de huir, de salir de la camilla. Con sus miembros erectos avanzan hacia mí. Intento retroceder, pero me lo impide una bota firme sobre mi espalda. En su mirada veo locura, lascivia. Escucho risas, me tienden en camilla y yo imploro. Ríen y ríen. Parecen locos, borrachos o drogados. Uno me monta. Me defiendo, lo araño y pataleo. Atan mis manos y sujetan mis piernas y en el borde de la locura me sumerjo en el vacío, pierdo la conciencia y caigo en la nada.
(...)Grito, quiero huir, me golpeo contra las paredes. Me sujetan y me aseguran que una compañera matrona que me examinó dijo que no hay vestigios de violación. Un enfermero me inyecta un sedante”.

Visitas de un sacerdote
          Quica de Zanzi cuenta que la visita de un sacerdote le dio esperanza. Posteriormente supo que sus hijos estaban vivos y que era falso el fusilamiento de su marido. Recibió también la visita de sus padres.
Antes de ser liberada fue introducida en el estrecho de Magallanes y sometida a nuevos interrogatorios con aplicación de corriente eléctrica.

En el hospital
          “Mi recuperación fue lenta, aunque a veces, sentía que la razón se me iba. Una tarde llegó el director del hospital y me dijo:
-Señora Quica, está en libertad. Debe irse a su casa.
Me puse a llorar sobre su hombro mientras el doctor Babaic me daba ánimo.
Días antes me habían llevado una confesión que anulaba todo lo que yo había dicho y, según el médico, no había motivo para juicio. No hubo ninguna explicación”.

 

 

La Prensa Austral, Punta Arenas, 14 Octubre 2002.

 

 

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Ver otros artículos relacionados:

 

*        La Mesa de Honor.

            Saludo a doña Quica.

            Alejandro Ferrer y Hernán Biott. Noviembre 2002.

 

*        Un momento solemne donde el espíritu se pone de fiesta

            Presentación libro Mi memoria es mi verdad.

            Rosa Maria Lizama.  31 Octubre 2002.

 

*        Quica de Zanzi: Todavía me cuesta perdonar.

      Prensa Austral.  1 Noviembre 2002.

 

*        Para que Nunca Más torturen a Magallánicas.

            Elie Valencia, Marzo 2002.

 

*        Testimonio  Kika Gonzáles de Zanzi.

            Reproducido Marzo 2002.

 

*        Kika de Zanzi: Mujer Magallánica del Año 2001

            Febrero 2002.

 

*        Hospital Naval.

            Aristóteles España, Diciembre 2001

 

 

*        Nuestras Historias

 

 

 

 

 

 

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