TESTIMONIO DE KIKA
GONZALEZ DE ZANZI
hOMBRES Y rATAS

Francisca González
Fernández, más conocida por Kika de
Zanzi, es una ex prisionera política socialista. Durante el gobierno de la
Unidad Popular fue la directora de la Corporación de Centros de Madres
(COCEMA) en Magallanes. Estuvo detenida por nueve meses en la Cárcel
Publica, Regimiento Blindado Rene Schneider y en el Hospital Naval en
Punta Arenas. Fue torturada en el Palacio de la Risa y en las frías aguas del
estrecho. Salió del Hospital Naval en silla de ruedas y fue puesta bajo arresto domiciliario en
Julio de 1974. En Septiembre de 1974
viajó con su esposo, Carlos Zanzi a su relegación en Ovalle,
posteriormente salieron al exilio a España.
Regresaron a Punta Arenas en 1984, donde residen.
Kika de Zanzi fue
reconocida como la mujer Magallánica del año 2001.
A continuación reproducimos
en su totalidad el articulo testimonio de Kika de Zanzi que fue publicado una
década atrás por Aristóteles España en El Sur de la Memoria (1992) Divina Ediciones,
RCT, Dinamarca.
Las notas, fotos y subtítulos son de la editorial de Dawson
2000.
Marzo 2002
Trabajo y aporte durante la Unidad Popular (UP).
Cuando asumimos la tarea de
coordinar el trabajo de COCEMA en la región, lo primero que se hizo fue
cambiarle el rostro, que no sea una institución que entregue dádivas, que
regalara las cosas en forma maternalista, lo que hicimos fue educar a las
pobladoras para integrarlas al conjunto de la sociedad, a través de charlas
sobre el tema de la salud, para que sepan aprovechar sus capacidades. Por
ejemplo, hacer uso del famoso medio litro de leche que en ese tiempo fue tan
criticado y que, sin embargo, tanto ayudo a la gente. Trabajamos con las
mujeres capacitándolas en diversos cursos que realizamos. Recuerdo que
integramos a la mujer campesina que estaba completamente abandonada, en
resumen, nuestra labor social estuvo muy ligada a la educación y el grado de
participación era bueno. Además, teníamos un negocio para vender las cosas a
precio de costo a las mujeres y el grupo familiar. Se notaba un afán de saber,
de cada día descubrir cosas nuevas.
Una vez, llegué a un
asentamiento campesino y los hombres no querían que yo hablara con las mujeres.
Ante mi insistencia logré conversar con un grupo de ellas y pude percatarme,
porque ellas se fueron soltando, que vivían sometidas al hombre. Entonces,
vislumbraban un despertar con nuestras iniciativas y estaban contentas de poder
hacer algo. En el campo se da mucho esa forma de relación, la mujer en la
cocina, el hombre, afuera; pero también es un fenómeno que ocurre en todos
nuestros países. Nosotros formamos varios Centros en el campo y las mujeres se
integraron. No fue tarea fácil,
de por si la mujer campesina es muy callada y costaba que se integrara en forma
rápida, era un proceso lento.
Recuerdo
la época de la UP porque el pueblo vivió esperanzado y pudo concretar esas
esperanzas. Afirmo que nuestro pueblo nunca vivió mejor que en esa época. Había
salarios dignos. Allende siempre venia a la región a pelear por los intereses
de los trabajadores y decía con cariño que él quería a Magallanes porque aquí
había empezado su carrera política. Durante muchos años mi marido y yo fuimos
sus leales colaboradores. Hacia un culto de la amistad y nosotros siempre le
respondimos.
Militares durante la Unidad
Popular en Magallanes: General Torres de la Cruz y Allende
Durante su gobierno tuvimos una
excelente relación con los militares, especialmente con el Intendente, General
Manuel Torres de la Cruz,1 ya que mi marido era Vicepresidente
de CORMAG y trabajaba directamente con él. Nosotros creímos que era leal al
gobierno porque siempre hablaba muy bien de Allende. Recuerdo que asistimos
juntos a las bodas de nuestros hijos, con frecuencia comíamos con nuestras
familias. Existía un vinculo estrecho que nos hacia confiar en él como
persona.
Es mas,
cuando llego de visita Fidel Castro, me pidió que atendiera a la delegación
cubana y que habilitara la residencia que para estos fines protocolares tenia
el gobierno regional. Todos esos días el general estuvo al lado de Fidel, en
las cenas que di en mi casa, en la Intendencia, se mostró como una persona muy
leal al gobierno.
Lo mismo cuando íbamos a Santiago. Almorzábamos en La
Moneda, ahí le decía a Salvador Allende, Presidente estamos con usted, y eran
fechas en que ya se hablaba de un golpe. Allendista no era, creo, dicen que era
de tendencia demócrata cristiana.
Con
Fidel hablamos de todo, recorrió los asentamientos, gran parte de la provincia,
Fidel es una persona muy inquieta, tiene una gran personalidad, converso con
los campesinos, con la CUT, con todos los sectores. Fidel sabia perfectamente
que llegaba al fin del mundo y quedo encantado con Punta Arenas. Converse mucho
con él porque ambos somos descendientes de gallegos e hicimos comentarios
sobre la tierra de nuestros antepasados. Una noche en mi casa con un grupo de
dirigentes nos quedamos hasta las cuatro de la madrugada y después de charlar
sobre los más diversos temas a Fidel se le ocurrió ir a Fuerte Bulnes. No pudo
ir a Puerto Natales pero prometió que para una próxima visita no dejaría de ir
a Ultima Esperanza.

Torres de la Cruz y Berdichevsky.
Septiembre 1973
Cuando
el tema de un posible golpe comenzó a comentarse con bastante insistencia
nosotros no creímos posible una acción asi pues los mismos generales Berdichevski
2 o Torres de la Cruz, 1 nos decían que no podía ser,
que ellos eran constitucionalistas, además, el general de la Fuerza Aérea habla
sido piloto del Presidente cuando era un joven oficial y lo unían lazos de
cierta amistad y consideración. Ahora pienso que fuimos muy ingenuos.
El día
10 tuvimos una conversación con el Presidente por teléfono y nos dijo que
estemos tranquilos, que si bien es cierto las cosas no estaban bien, y había
rumores de un posible golpe, él confiaba en poder mantener tranquila la
situación. Dormí con cierta tranquilidad y al día siguiente tenia varias cosas pendientes en mi
trabajo. Al levantarme me llevé el susto de ml vida pues al mirar por la
ventana de mi departamento en calle Roca veo que estaba rodeado de uniformados
con cascos y armas.
Eran como las nueve de la
mañana. Yo miraba con cierta incredulidad, era algo inesperado, entonces ml marido
me retiró de ahí porque empezaron a apuntar hacia nosotros. Prendimos la radio
y escuchamos las ultimas palabras de Salvador Allende. Vi llorar a mi esposo.
Ambos lloramos. Pensamos en Tencha, en sus hijas, en nuestro país. De todas
formas empezamos a alistarnos para ir a trabajar cuando llegó un amigo a
decirnos que habían detenido a Alberto Marangunic. 4
Esa
noche salieron los bandos y en uno de ellos salía Carlos. No dormimos. Se había
comunicado con nosotros gente del Partido para ver la posibilidad de que
saliéramos hacia Argentina pues temían represalias por las responsabilidades
que teníamos en el gobierno y por nuestra amistad con el Presidente.
Carlos
me dijo que no tuviéramos miedo. Que él tenia las cuentas claras en su
gestión, y que yo por ser mujer difícilmente iba a ser detenida. Hemos actuado
con honradez, dijo, no hay que temer. Finalmente, él se presenta a Carabineros
acompañado del abogado René Bobadilla, lo llevan a un regimiento y después lo
devuelven a casa. El 15 de ese mes lo llevan definitivamente con un gran operativo
militar (Septiembre 1973).
Yo seguí trabajando en mi negocio y la gran
preocupación era saber algo de nuestros hijos que estaban en Santiago. Por lo
menos sabia que Carlos estaba detenido aquí. Hasta llegó el rumor que mis hijos
estaban muertos. A las horas me dicen que no, creo que fue mi hermana quien me
llamó para decirme que les había vistos y que estaban escondidos.
Una tarde, había ido a dejarle comida a mi esposo a su
lugar de detención cuando veo que el edificio estaba rodeado por efectivos
militares. Le pregunto a un reservista y este dice que andan buscando a un tipo
del MIR. Tuve el presentimiento que era para mí, ya que en ese lugar la única familia
de izquierda éramos nosotros. Instruyo a mi empleada para que abran el negocio
al otro día, que mantengan la casa, etc. cuando tocan el timbre. Era un coronel
a quien yo conocía, y éste me dice, doña Kika, me tiene que acompañar para un
interrogatorio. Puse mi abrigo. No, me dice, lleve una maleta. Ahí me di cuenta
que no era un simple interrogatorio, sino que me llevaban por un tiempo.
-¿Qué van a hacer conmigo? —pregunto.
-
¡Silencio!
—grita el coronel.
-
Llegamos a la cárcel. Dice que siente mucho tener que
hacer esto, pero son ordenes. Yo lo conocía a través de reuniones sociales y
por amistades en común.
-¿Cómo viene
esta señora? —pregunta el Alcaide.
-Incomunicada.
Fui llevada a un calabozo. Esa noche pasé frío porque
estaba sin frazadas ni cama. Recuerdo que pasaban los ratones a mi lado. Estaba
aterrada. Al otro día me llevan comida, era un preso cubierto con un
pasamontañas, se le veía nada más que los ojos. Cada hora pasaba un gendarme,
levantaba la mirilla y alumbraba con una interna. Perdí la noción del tiempo y
no sé cuántos días estuve en a celda.
Después supe que al séptimo día me desmayé. Yo sufría
del corazón. Llamaron al medico de prisiones y éste dijo que él no se hacia
responsable. Que tenían que convocar a mí medico. Este llegó. Era el Dr.
Araneda 6. De inmediato dio orden de
trasladarme a la enfermería. Tres gendarmes me llevaron. El doctor indicó
medicamentos y se inició mi tratamiento. Estaba totalmente alejada del resto
de la población penal. Estuve ocho días hasta que ordenaron que me vistiera
porque tenían que trasladarme. A la salida me encontré con dos compañeras que
estaban en las mismas que yo: Ema Osorio7
y Gladys Pozo.8 Nos abrazamos, pero un guardia dio la orden de
no conversar. Abrieron las puertas y nos hacen subir a una tanqueta.
- ¿Qué te sucede? —dijo Ema.
- ¡Silencio, o disparamos! —contestó un soldado.
Estábamos sujetas a lo que
ellos determinen. Anduvimos harto rato hasta que la máquina se detuvo y
bajamos.
Regimiento Blindado Rene Schneider en Ojo Bueno:9
Reclusión y Recibimiento.
Es Ojo Bueno—dijo Ema al oído. Yo lo
conocía como el regimiento René Schneider.10 Paradojalmente lo había entregado el Presidente
unos meses atrás.

Llegamos
a un espacio amplio. Como 30 camas para tres personas. Por primera vez comí
una sopa que ayudó a recomponerme. Estuvimos cuatro días a la espera. Unos
conscriptos nos daban cigarros a escondidas. Una mañana dicen que tenemos que
prepararnos porque nos van a interrogar. La primera en salir engrillada fue
Gladys. Después me tocó a mí. Llegamos a una sala donde había mucha gente y
olor a cigarro. Tenia una venda, así que no veía.
- Te vai a sacar las esposas y los grilletes y te
vai a desnudar— dijeron.
Por
pudor, por decencia, me negué. A tirones sacaron mi ropa. Hicieron preguntas
relacionadas con mi cargo, con mi familia. Fue algo tan vejatorio que
difícilmente podré olvidar. Tiritaba, tenia frío, miedo. Era mucha gente.
- Aquí está el Mayor Hernández— dijo
alguien.
-Que bueno, dije yo. Mayor
Hernández no permita que sigan vejándome. Ud. tiene familia, mujer, madre.
Yo lo
conocía en las reuniones sociales de la región.
-Tú no eres ni mujer, ni madre, ni esposa. Eres
una puta allendista —respondió un oficial.
Ese fue
el recibimiento que tuve.
Ex Hospital Naval, Palacio de la Sonrisa: 11 Interrogatorios y Torturas
con presencia de General Torres
de la Cruz
Por
noviembre empezaron de nuevo. En una oportunidad me llevaron al ex-hospital
naval de la calle Colon. Después de la antesala típica hicieron que beba un
liquido muy amargo, espeso. Le he preguntado a muchos médicos estos años pero
nadie tiene idea qué pudo ser.
Me
amarraron en una cama, desnuda y perdí el conocimiento. Cuando regresé a Ojo Bueno las chicas
dijeron que estuve fuera tres días. Recuerdo que antes de hacerme efecto él
liquido en forma total pedía permiso para ir al baño. Como no me dejaban y era
tanta mi desesperación hice mis necesidades ahí mismo. Cuando llegaron los
tipos decían, mira la puta allendista
lo que se hizo. Apenas lleva unos días y mira lo que pasó. Con una manguera de
agua fría me pusieron contra la pared y así me limpiaron. Era difícil
determinar el tiempo. Estaba muy confundida.
- ¿Qué sabis del Plan Z? 12
-No tengo idea –
Seguía desnuda y mojada. Pude percatarme que
estaba presente el general Torres de La Cruz, mi viejo amigo.
- ¿Por qué todo esto, general?
-Si habla no le va a pasar nada —respondió.
- ¿Pero de qué voy a hablar?
-Encontraron la correspondencia suya con
Allende, en Santiago— dijo un agente.
-¿ Qué tiene de malo? - respondí.
Yo me escribo con el Presidente
desde hace muchos años. Es amigo de mi familia. Carlos y él me ayudaron a
entrar a los centros femeninos de la masonería. Como mi marido es malo para
escribir hasta los días de hoy, siempre me dictaba su correspondencia con
Salvador Allende. Además, uno de mis hijos vivía en su casa. También nos
escribíamos con Tencha.
-Cuando lleguen las cartas las vamos a publicar
porque son muy comprometedoras
— amenazaron.
-Por mí, pueden publicarlas— dije.
Golpeaban mis piernas con
una manopla. Colocaban ratas en mi cuerpo, hasta me quisieron hipnotizar. Había
un hipnotizador que utilizaban para sacar información. Cuente hasta tres me
decía el hombre, pero le dije que no sabia nada, que todo lo había dicho y que no tenía idea de armas. Mientras
tanto, a mis compañeras les dijeron que me habían matado, así que cuando llegué
se alegraron.

Palacio
de la Sonrisa
Avenida Colón entre Bories y Chiloe. Edificio del medio.
Punta
Arena. Foto 2002
Cuando
deshincharon mis piernas de nuevo me llevan a interrogatorio. Como esos días
habla llegado a vernos el capellán yo iba con un rosario en la mano. En la
patrulla que me llego a buscar iba el Mayor Bisquert, que era masón. Fue muy cariñoso, me trato de
hermana. Fuimos conversando en la camioneta.
-Mire hermana —me dijo—
aquí los interrogatorios son muy fuertes, pero si Ud. habla no le va a pasar
nada. Yo quisiera que hable, así
la voy a defender como hermano, no se preocupe. Antes de llegar me vendó y todo
fue igual. El mismo Mayor Bisquert se transformó en un torturador tremendo.
Uno de
los agentes dice, tengo ganas de fumar, convidémosle a esta puta también. El
cigarro me mareo y yo escuchaba sus voces y risas.
-Así que ahora vienes católica—.
-A lo mejor me ha vuelto la fe que me enseñó mi
madre desde niña, por eso ando con el rosario -dije.
Pescaron el rosario, lo
pusieron en el suelo y lo pisaron.
—No creas que un rosario te va a salvar, hoy vas
a hablar o si no veremos qué hacemos contigo.
Uno
de los tipos dijo sigamos fumando, pero no hay ceniceros, dijo otro, pero si
tenemos cenicero aquí, y empezaron a apagar los puchos en mi cuerpo. Hasta hoy
tengo las marcas. En los pechos, en los brazos. Es terrible sentir el dolor
cuando varias personas apagan objetos encendidos en tu piel. No sabia que
hacer. Yo atinaba a gritar nada más, bien fuerte, pero no hacia ningún efecto
en ellos. Estaban como inmunizados al sufrimiento.
-Ahora te vamos a conectar con el detector de
mentiras, para ver si sabes o no del Plan Z.
Me
conectaron con unos alambres y los agentes decían que el detector indicaba lo
contrario de mis afirmaciones. Estuve toda la noche sometida a sus
arbitrariedades. Dormía desnuda en una cama y por la noche entraban a tirarme
agua con baldes. Al otro día era
domingo y traen a Gladys Pozo. Querían seguir divirtiéndose.
-No pudimos ir al cine por culpa de ustedes,
pero las dos van a protagonizar algunas escenas como de película. Una de amor.
Ellos
querían que Gladys hiciera el rol de hombre y yo de mujer y que hagamos el
amor ahí. Parecía divertirlos mucho y reían a carcajadas.
-Como
toda las upelientas son lesbianas, esto no es ninguna novedad para ustedes.
Las
dos nos resistimos. Gladys los trató muy mal, ella tenía un carácter muy fuerte. Así que nos dieron una
paliza del porte de un buque. Conmigo se les ocurrió jugar a la pelota y
pateaban todo mi cuerpo obligando a subir y bajar una escala. Arriba y abajo
había jóvenes esperando. ¡Imagínate cómo quedaron nuestros cuerpos!.
Esa noche nos llevan con
Gladys a Ojo Bueno. Faltaba poco para llegar cuando detienen el jeep y
el Capitán Zamora 14 me hizo bajar.
-Vamos a hacer un jueguito muy entretenido —dijo.
Esto es una pistola y como no has confesado, tu vida ya no vale mucho. Vamos a
jugar a la ruleta rusa.
Yo tenia que colocar la
pistola en la sien y dispararme. Así lo hice, pero no estaba cargada el arma.
Yo pensé que lo estaba y era consciente de que podía morir. Pero en esos
momentos uno piensa solo en terminar de una vez con tanto sufrimiento. No pensaba
en otra cosa. El Capitán Zamora estaba serio y muy altanero.
-Ahora te vamos a dar un baño en el Estrecho dijo.
-No sean sinvergüenzas, son
unos maricones, dejen a esa mujer que está delicada de salud, ya tiene sus
años.

Después
me contó que la tiraron contra el jeep a culatazos, mientras me internaban en
el Estrecho de Magallanes con una soga amarrada al cuello. Ahí supe en carne
propia lo que es el agua fría en esta parte del mundo.
Iba amarrada por las axilas
y el cuello y me hicieron entrar unas ocho veces al mar. No pude ver los rostros
de los agentes que hicieron esto porque iba vendada. Yo solo reconocía la voz
del Capitán Zamora. Cuando ellos veían que el agua estaba a punto de
cubrirme entera tiraban la soga para que saliera a la playa y así
sucesivamente.
En “Ojo Bueno” me tuvieron
que hacer masajes varios días para recuperarme y bebía agüita caliente. Una vez
que me recuperaba, otra vez al ruedo.
Mas Torturas en el Palacio de la Sonrisa:
Llegaron
las cartas de Santiago— dijeron.
Otra
vez lo mismo. Leyeron todas las cartas de Salvador Allende, las mías, de mi familia. Fueron sesiones
larguísimas. De a poco fueron entendiendo que en las cartas no había nada de
malo.
- Pero aquí solo habla de sus hijos —dijeron. Del
negocio, de la CORMAG. No hay nada para publicar. No hay nada sensacionalista
como nosotros queríamos.
Igual
leímos todas las cartas. De nuevo soy devuelta, hasta otro día, en que
siguieron con sus métodos. Era algo de nunca acabar. A veces empezaban despacio
y crecía el ritmo de la tortura vertiginosamente, en los genitales, en los
tobillos, yo sentía que saltaba, que llegaba no sé dónde, porque la corriente
te hace perder los sentidos.
-Esta puta se nos muere, está en
las ultimas— dijo alguien.
Llegó un
medico, tengo la impresión que era un falso medico, por sus modales; empezó a
hacerme respiración boca a boca y estaba hediondo a pisco. Enseguida, colocan
ratas en mis órganos genitales, las introducían y ellos gozaban haciéndolo,
eran verdaderos degenerados sexuales.
Ahora
pienso que esa gente no eran seres normales y siento angustia al pensar que
andan sueltos por nuestras calles.
Yo
estaba a punto de enloquecer, escuché que pensaban llevarme al hospital
psiquiátrico. Cuando llegué a Ojo Bueno, la misma carcelera que antes
había sido mala con nosotros se conmovió y les dijo a los militares que ella me iba a cuidar. Licha se
llamaba la carcelera. Fue un gesto noble. Yo tenia la boca reventada y no me
dejaba beber agua por indicaciones del enfermero de Ojo Bueno.
-Puede tener un schock— dijo. Le
han colocado mucha corriente.
Pasaron
muchos días. Cuando mostraba síntomas de recuperación de nuevo me llevaban a
las sesiones acostumbradas. Una tarde de nuevo soy desnudada y me tienden en
una cama. Me golpean con fuerza en las piernas, cuando veo a dos soldados en
posición de violarme. Perdí el conocimiento de nuevo y siempre he quedado con
la duda. Hasta los días de hoy tengo pesadillas con esa escena brutal. A esas
alturas ya no requerían información, lo hacían por maldad,
para saciar sus instintos bestiales.
Como, consecuencia de esto sufrí
un ataque al corazón en el regimiento. Llegó el Dr. Araneda y dijo que
tenían que llevarme a Punta Arenas, a un hospital, porque de lo contrario él no
respondía por mi vida.
Estaba en muy mal estado, además
me faltaban dos uñas le la mano izquierda que la noche anterior me habían
sacado los agentes, con un palito
hacían palanca para forzar la extracción.
—Cuéntanos qué
opinaba Allende del general Torres, qué sabes de la masonería.
Tenían una verdadera obsesión por
descubrir algo grande a través de mis declaraciones. No sabia de armas, las
famosas cartas no tenían nada de interés, ¿qué querían ahora?. En la ciudad
todo el mundo sabe que Carlos es masón,
que éramos amigos de la familia Allende, todo era de dominio publico. Si
querían desacreditarnos como personas difícilmente lo iban a lograr porque toda
nuestra vida había sido intachable y
ahora este absurdo interrogatorio con
golpes, doblemente cobardes por abusar de una mujer atada y vendada y más
encima enferma del corazón, ¿qué clase de hombres eran? , ¿por qué
tanta saña?.
Un día llegan con una grabación
qué Fidel Castro hizo en nuestro hogar y con un disco o algo así de Carlos
Altamirano. Debes imaginar como me pegaron por ambas cosas. De mas está decir
que saquearon mi casa, se llevaron objetos de valor. ¿Quién responderá por eso? Mi pelo estaba blanco. El
encierro y la tortura estaban dejando sus huellas.
Inmovilizada durante Explosión del regimiento Blindado
en Ojo Bueno: Enero 1974. 15
La explosión del regimiento
me pilló totalmente inmovilizada. Quise salir, arrastrarme, pero no
podía. Fueron dos conscriptos los que me sacaron.
-Abuelita, abuelita, apúrese, que nosotros la vamos a
sacar - dijeron los muchachos.
Y me salvaron la vida. Yo había
bajado como quince kilos y ellos me alejan del lugar hasta que, posteriormente, me reúno de con mis compañeras.
Nos llevan a la cárcel. El Capitán Figueroa, de la marin