LOS CANELOS: UNA VERDAD QUE SE QUIZO OCULTAR
Iván
González Toro

El 30 de Octubre fueron asesinados en Porvenir,
German Carcamo, Carlos Baigorri y Ramón González por ordenes
directas del alto mando del Regimiento Caupolicán de Porvenir. La versión oficial
que fue publicada por los medios de Prensa, Radio y Televisión de la época
declaraban que tres presos del Regimiento Caupolican se fugaron del recinto a
la 24:00 hrs. del día 30 de Octubre y una vez ubicados a 20 Km. y no
obedeciendo a la voz de alto, fueron los tres muertos.
Ninguna información fue entregada con
posterioridad a los hechos, solo después de 17 años, la Comisión Rettig se
refiere a los casos de violación de los derechos humanos en Magallanes
expresando las convicciones a la cual llegó sobre los diversos casos ocurridos
en Punta Arenas, Cerro Sombrero y desde luego Porvenir.
La Comisión establece claramente la
responsabilidad de las muertes de Baigorri, Carcamo y González a Agentes del
Estado pertenecientes al Regimiento de esa ciudad, indicando lo inverosímil de
la información que en su momento
justificó los asesinatos.
Aún cuando el trabajo de la Comisión representa una
labor responsable y objetiva, yo, Iván González Toro, hijo menor de Ramón
González Ortega, inicio el 30 de Agosto de 2003 una investigación personal
respecto a los hechos, dado que en la región nadie ha tomado el compromiso de
esclarecer estos crímenes y poner los antecedentes ante la justicia. Esta
investigación concretamente ha significado mas de un
avance en el tema de establecer la verdad en los acontecimientos de ese 30 de
octubre de 1973.
Los cuerpos de Carlos Baigorri y
German Carcamo fueron enterrados en el cementerio de Porvenir después del toque
de queda, con presencia de un grupo de profesores, colegas de Carlos Baigorri,
además del sepulturero, un destacamento de soldados y con presencia del propio
Gobernador del Departamento de Tierra del Fuego Coronel Augusto Reiger Rago ya
fallecido. Jamás fueron entregados a los familiares, sino que fueron inhumados,
condicionados a vigilancia militar. El Gobernador dió la orden de “entregar los
cuerpos” al Segundo Comandante del Regimiento Caupolicán, Mayor de Ejercito
Ciro Jofré Niño de Zepeda. Esto ocurrió días después de los asesinatos,
específicamente el día 2 de noviembre.
Entre el 30 de octubre y el 2 de
noviembre de 1973, pasó algo que en mi opinión es de suma gravedad.
Carlos Baigorri, German Cárcamo y Ramón González son
asesinados en dependencias del Regimiento Caupolican.
Se les aplica la “Ley de Fuga”. Posteriormente ingresan vehículos civiles al
recinto militar, trasladando los cuerpos al Sector de “Los Canelos” a 30 Km. de
Porvenir para realizar el ocultamiento de los cuerpos. Fueron enterrados y
dejados en el lugar para poder justificar la fuga de los presos, regresando
posteriormente al Regimiento de Porvenir. Con ello se puede entender que las
primeras medidas después de los asesinatos fue de
ocultar los cuerpos. Pero lo que sorprende de todo esto es que en el mismo día
se invierte la orden.
Ese mismo día 30, por ordenes del alto mando, los cuerpos son rescatados del lugar
en que se los dejó, y llevados
nuevamente al Regimiento Caupolicán, siendo depositados en el Galpón de tiro,
cercano al polígono del Regimiento. La orden provino e specíficamente
del Segundo Comandante Ciro Jofré Niño de Zepeda, quien se hace cargo de los
cuerpos a partir de ese momento. Además, al regresar los efectivos del ejército
en búsqueda de los cadáveres aún enterrados, constatan que era visible la
vestimenta de las victimas lo cual fue producto de la oscuridad tan entrada la
noche en que se hizo tan macabra labor, comprobando que el trabajo de
ocultamiento fue insuficiente y que fue oportuno ir en su búsqueda ya que
hubiera sido fácil el rescate de los cuerpos por civiles que pasaran por el
lugar. El hecho se puede constatar ya que en Porvenir se vió ese día, frente a
la Gobernación de Tierra del Fuego, lugar de trabajo del Comandante del
Regimiento Caupolicán como un destacamento militar lavaban en la vía publica un
steichon de propiedad de un particular los charcos de sangre que había en su
interior.
Los cuerpos, una vez ingresados
nuevamente en el Regimiento son envueltos en sacos de arpillera dejándolos dos
días en el galpón de tiro hasta el momento en que fueron entregados. Carlos
Baigorri a los profesores y Germán Carcamo a los trabajadores de Socoagro. Los
restos de Ramón González, mi padre, fueron solicitados en nombre de la familia
por un funcionario del Servicio de Impuestos Internos, siendo trasladado a la
ciudad de Punta Arenas y velado en la Capilla de Don Bosco. Solamente se
permitió a la familia publicar en el Diario La Prensa Austral algún escrito
notificando el fallecimiento. Los funerales se realizaron el día 3 de
Noviembre, alojando los restos en el mausoleo de la Cruz Roja en el cementerio
Municipal de Punta Arenas en forma momentánea ya que seria trasladado
posteriormente a la ciudad de Chillán.
Los ataúdes fueron entregados sellados en la parte que
comúnmente se puede contemplar el rostro del fallecido, una lata gruesa
encierra la gran incógnita si los restos corresponden a Germán, Carlos y mi
padre. El ataúd de este último fue envuelta en un caja especial ya que por
razones de sanidad debía procederse a sellar completamente el ataúd o de otra
forma era imposible el traslado a Punta Arenas, pero además también se
encontraba sellado la parte superior del rostro.
En Porvenir, la comunidad ha
hablado por mucho tiempo sobre estos hechos, pero no abiertamente, siempre ha
sido un tema que se conversa solo en cuatro paredes, pero nunca nadie pudo
confirmar esta información. Algunos hablaban que los ocultaron en el sector de
las Mercedes, otros mencionaban el sector de Boquerón, de Santa María, todos
recintos que se encuentran cerca o en los alrededores de Los Canelos, pero nadie
en estos años dió en forma certera algún testimonio claro, que me hubiese dado
un punto de partida a mi investigación. Solo el paso del tiempo, reuniendo las
piezas de este enorme rompecabezas, bajo los testimonios de personas que
directamente tuvieron relación con los hechos, han ayudado para que pueda dar
hoy día esta información.
Es por eso que en el sector de Los
Canelos, fue puesta la primera piedra del monumento que pretendo se construya
para recordar el sitio en que se trató de ocultar las evidencias de un crimen
que hasta los días de hoy no tiene responsables.
Hasta el día de hoy, todavía la
incertidumbre de que si los cuerpos fueron entregados por las autoridades
militares ronda por mi mente, jamás nadie ha visto o constatado si los cuerpos
corresponden a Baigorri, Carcamo o mi padre. Los asesinados en Porvenir han
sido declarados como ejecutados políticos desde el momento en que fueron
entregados. Si una orden judicial decretara la exhumación y se confirmara la
inexistencia de restos en el interior de las tumbas, la figura cambiaría al de
detenidos desaparecidos, incluso quedaría la incógnita si una vez rescatados
los cuerpos desde Los Canelos, fueron hechos desaparecer dentro del Regimiento,
siendo responsable directo el fiscal militar ad-hoc quien tomo la misión de
inscribir sus muertes en el Servicio del Registro Civil en Porvenir.
Estos hechos fueron informados al
que fuera Intendente de la Región de Magallanes, Jefe de la Junta de Gobierno
Provincial, Comandante de la V División de Ejército y mayor responsable de las
violaciones de los derechos humanos en nuestra región desde 1973, el General
Manuel Torres de la Cruz. En su despacho por comunicación telefónica supo de
estos hechos, viajó a primera hora de
ese día a Porvenir para informarse personalmente por el Gobernador de la
Provincia y Comandante del Regimiento Caupolicán Augusto Raiger Rago de los
motivos por las cuales se cometieron estos asesinatos. En Diciembre de 1973, el
General Augusto Pinochet, escoltado por Manuel Torres de la Cruz, se apersonó
en el Regimiento Caupolicán de Porvenir, siendo informado de estos sucesos,
siendo posible constatar este hecho por publicación de la Prensa Austral del
día 01 de Diciembre en su portada.
Quien puede entregar mayores
detalles respecto a estos sucesos es quien era el Secretario del Intendente, el
abogado Juan Toro, quien personalmente comunicó a mi familia del fallecimiento
de mi padre, siendo mas grave aún que, conociéndolo, saber en detalle toda la
gestión que realizó mi padre en Porvenir como Interventor de la Cooperativa de
Pescadores de Tierra del Fuego (Copetif), ser familiar de nosotros, no hizo
nada por ayudarlo al momento de ser detenido, y aún más ha guardado silencio
todos estos años, sin que pueda dar una explicación por su muerte ya que el
estaba al tanto de todos los sucesos que ocurrieron en la Región.

Iván
González Toro
Punta Arenas, Enero 2005
Ø
Prisioneros
políticos ejecutados en Tierra del Fuego