DE DAWSON AL HOSPITAL NAVAL DE PUNTA ARENAS
Gonzalo González Vargas

Al poco tiempo de estar en Dawson me enfermo. No tenía
ganas para nada. Me sentía muy débil. De repente me pongo amarillo como un
chino. El Dr. JIRÓN, el médico preso en una de nuestras barracas, me examina, y me comunica que me había dado
la hepatitis. Preocupado habla con el oficial de turno. Esa misma noche viene
una lancha a buscarme.
Si no hubiese sido por el Dr. Jirón que presionó para
que se me trasladara inmediatamente del lugar, creo que habría muerto en
Dawson. Desde estas páginas, te agradezco compañero y amigo socialista por tu
oportuna intervención. Aún oigo esas palabras suaves de estímulo que me diste.
Me ayudaste a hacer mis maletas, y me dijiste que una lancha iba a venir a
buscarme para trasladarme al hospital.
Recuerdo que todos los compañeros de la barraca se me
acercaron y me dieron ánimo. Emocionado les digo adiós amigos, ¡ y fuerza ! La
lancha vino al anochecer, y yo abrigado
con frazadas me voy lentamente caminando hacia la playa donde me esperaba la lancha con
marinos armados. Me subo en silencio, me siento, y miro las diáfanas estrellas que no me hacían sentirme sólo.
Después de un par de horas de navegación, llegamos a Punta
Arenas, y me trasladan al hospital.
En el hospital me dan una pieza y me acuestan de
inmediato, estaba tan cansado que me dormí de inmediato. Cuando me despertaron
para el desayuno, veo a mi lado a un
soldado fuertemente armado. Me doy cuenta que había llegado a un recinto
militar (¡de nuevo!). Sin embargo, sentí un alivio enorme haber dejado Dawson
y haber llegado a un hospital; sentí que estaba en un hotel, ¡y a pesar que
estaba con un guardia que me vigilaba!
Viene una joven
doctora a examinarme, y me confirma el diagnóstico del Dr. Jirón. Me
dice que no tenía que moverme mucho para no dañar el hígado. Me toman una serie
de pruebas a la sangre.
Alguien me saluda, lo miro bien de cerca, y me doy
cuenta que es ORLANDO LETELIER a quién solo conocía de dos o tres
reuniones del PS, esa vez que me mandaron por una semana al Comité Central del PS en comisión
de servicio. Qué gran alegría sentí al ver a este brillante político y ministro
de Allende, ¡como que me olvidé que estaba enfermo !
Orlando Letelier también era paciente en el Hospital Naval de Punta
Arenas. Lo habían llevado allí porque tenía problemas de salud. No estuvo
mucho tiempo allí, porque a los pocos días lo sacaron, sin embargo, ese corto
tiempo fue suficiente para adentrarme en la extraordinaria personalidad y carisma
de este inteligente hombre del socialismo chileno. Me dio una cátedra de la
cronología del golpe con todos sus personajes, y la forma cómo lo traicionaron y lo tomaron preso.
Detalles de la historia golpista que hoy se
conocen, Orlando Letelier ya me
lo había contado durante nuestras tertulias nocturnas, mientras el
vigilante hacía guardia afuera de la pieza. Me explicaba el rol de la CIA, Nixon y Kissinger en el golpe que ya en
ese entonces, Orlando lo tenía muy claro. Conocía muy bien la política interior
y exterior de EE.UU.
¡Este brillante político tenía la película muy clara!
Me impresionó su mística humana y socialista. Me
impresionó también su cultura, pero si era una biblioteca andando. Lo vi impecablemente vestido con terno ,
camisa blanca y corbata. Sus zapatos brillaban. Parecía un actor de Hollywood.
Imponía tanto respeto y admiración Era
un verdadero gentleman, culto y con una capacidad que atraía. Nunca me habló
que lo habían torturado. Tampoco le
pregunté. No era necesario, pero si me contaba que le requisaban la medicina
que le mandaban. Tenía un problema
a la piel, y estaba siendo tratado con una medicina
especial que le llegaba de EE.UU. Creo que era una pomada especial fabricada en
EE.UU. que le hacía bien a su piel.
A los pocos días lo sacan del hospital, y yo ya me
estaba recuperando bien.

Gonzalo González Vargas
Dinamarca, Junio 2004
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