Primer dia en Isla dawson en 1973
Gonzalo González Vargas

Los
golpistas militares decidieron
convertir la Isla de Dawson en un campo de concentración. La isla fue
expropiada y traspasada a la Marina chilena. Eso ocurrió durante el gobierno de Allende Irónicamente, fuimos a parar ahí, dándosenos
el calificativo de “prisioneros de guerra”.
¿De qué guerra? Guerra no había. Para justificar
la guerra, inventaron el Plan Z, que nunca existió en la
realidad.
Al
llegar a esa desolada isla, y ver el campo
de concentración, pensé de inmediato en Auschwitz; el peor campo de concentración nazi, donde
tanta gente inocente murió.
¡Un frío terrorífico invade mi cuerpo y mi alma !
Llegamos
de madrugada con las pocas pilchas que teníamos. Tiritábamos de frío. Era la
última semana de diciembre de 1973. Habían varias barracas y, otras en construcción. Pude ver a
políticos y ministros de Allende que
salían con hachas y serruchos a talar árboles. Iban escoltados por
soldados armados.
Un
oficial nos da la bienvenida, y nos lee la cartilla. Ahí, se nos
dijo por primera vez que éramos prisioneros
de guerra. Se nos informa de nuestros deberes, ¡pero no de nuestros
derechos!
Se me da
la barraca Charlie como mi nueva casa. Al entrar a mi habitación,
me dio la impresión que entraba a un establo de animales, con la diferencia que
había una fila de literas rústicas. Elijo una,
como mi lugar para dormir. Ahí, hice mi cama con la poca ropa de cama
que llevaba.
Suena la
campana. Era la hora del almuerzo. Nos llevan al comedor común. Cada barraca
tenía su horario para comer. No había comunicación entre barracas. ¡Estaba
prohibido! El almuerzo era una sopa de lentejas y un pedazo de pan. Calientita
estaba la sopa, y que bien nos hacía, dado el tremendo frío que sentíamos.
Después de comer, teníamos que irnos de vuelta
nuestra habitación.
Desde la
ventana de la barraca podía ver lo que afuera acontecía. Ministros con palos de
coigüe al hombro; otros con palas,
picotas, sierras, serruchos, y escoltados por los valientes soldados de
la patria. Miraba para arriba, y veía la torre de control con un soldado armado que vigilaban el campo.
Algunos
compañeros se pusieron a jugar al naipe, y otros a conversar, a pesar que poco
se hablaba, porque todo estábamos choqueados: ¡por lo que veíamos !
Suena la campana, es la hora de la cena. De nuevo
sopa, pero , esta vez de cordero. Uhm, que rica la encontré, aunque veía más
grasa que carne. Ya se estaba oscureciendo y nos encierran (bajo llave) en
nuestra habitación. Un poco triste y cansado me boto a la cama para
dormir. A media noche tuve que levantarme a hacer ejercicios. No podía dormir
por el frío. Finalmente, el cansancio me agotó, y deseaba no despertarme jamás,
porque todo me parecía un sueño lo que estaba viviendo.
Ese primer
día, no nos hicieron trabajar……

Dinamarca, Mayo 2004
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Gonzalo González Vargas
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