DE centro de tortura al regimiento PUDETO

Gonzalo González Vargas

 

 

 

 

El Regimiento Pudeto solo lo conocía por fuera. Cuántas veces no pasaba al frente de ese Regimiento, en camino a casa de mi primo Osvaldo que vivía cerca. El era ingeniero de ENAP  En su  linda casa estuve viviendo un tiempo, mientras encontraba un lugar definitivo. Recuerdo que conocía algunos reclutas  que estaban haciendo el servicio militar en ese regimiento. Eran jóvenes de mi ciudad natal de la X-Región.

 

En mi vuelta de Santiago a Punta Arenas (ver  De Santiago a Punta Arenas) me detienen en el aeropuerto. Me doy cuenta que eran  agentes de seguridad del régimen de Pinochet. Me hacen subir a un jeep militar. En el jeep  me ponen una venda a los ojos. y el vehículo se pone en marcha. ¿Por qué me ponen vendas? Fué mi primera pregunta a esa gente vestida de civil que me detiene, ¡y que desconocía!

 

¡Cállate, (una serie de epítetos groseros me responde ), que ya te darás cuenta !

 

El tono amenazante me despierta a la primera realidad que tuve que vivir: la realidad de la incertidumbre que produce la angustia de un destino trágico que está por venirse. En esa noche oscura, me llevan a un lugar secreto, donde se me  interroga y tortura.

 

Vivir la tortura en su propio cuerpo y alma es lo más denigrante e inhumano que una persona puede experimentar.

 

Hay dos elementos que participan en la acción de la tortura: el torturador y el torturado ( verdugo-víctima ) El uno tiene todo el poder, el otro toda la impotencia!

El verdugo es un instrumento de un aparato institucional (dictadura) que  hace uso de la tortura para sacar información, castigar y  amedrentar. Al torturador se lo prepara y  se lo adiestra en el arte  de la tortura. Los pedagogos de la tortura son gente especializada que enseñan cómo torturar. El torturado pasa por un  proceso en la tortura, porque la tortura es un proceso que tiene diferentes fases/etapas,  donde lo siquíco, lo físico y lo espiritual están indisolublemente envueltos.

 

A mi llegada al centro de la tortura  se me quita la ropa, y  se me ata  a una parrilla metálica, mientras me colocan  electrodos en las partes más sensibles de mi cuerpo. Después se me interroga.  Cada pregunta iba seguida de un golpe eléctrico. El golpe producía un chock tremendo,  que se hacia más grande, cuánto más volts se iba recibiendo. No había respuesta a las preguntas, porque hasta la lengua estaba paralizada por el golpe eléctrico. Me pregunto a mi mismo, ¿soportaré este  electrochok  que me  hace temblar como un terremoto ?

 

Un torturador con voz amenazante me pregunta  por Sergio Loguercio1, un líder del partido socialista (PS)  y funcionario del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de la región, que los servicios de inteligencia no lo podían encontrar. Al contestarle que nada sabía de Sergio Loguercio, me dan una porción extra de electrochok que me hace perder la conciencia de lo que estaba pasando. Cuándo recobro el conocimiento, oigo una voz suave que me dice:

 

Mira, cómo la estás sufriendo por tu propia culpa, yo te conozco a tí y a tu familia y yo quiero ayudarte, dime pa’ callado, dónde se esconde Sergio Loguercio.

 

Esa voz suave amigable me calma, y tuve la sensación que era una persona que quería ayudarme. Cuando le contesto a esa voz amigable, que nada sabía del compañero aludido, esa misma voz se transforma en una voz amenazante y me golpea.

 

Tuve la sensación que habían varios torturadores en la cámara de la tortura, y pude identificar el dialecto y acento de los torturadores. No todos eran de la zona. No pude ver a nadie, porque estaba vendado todo el tiempo, pero, podía oír su lenguaje violento de  odio, venganza,  y constante amenaza.

 

En el interrogatorio me di cuenta que mis torturadores estaban en antecedentes de todo mi trabajo de INDAP, y de mi actividad política en Santiago. Hasta conocían detalles de mi vida privada y de mi familia. No podía entender, cómo habían logrado tanta información que no podía negar. Me veía envuelto en un mundo kafkaiano desconcertante y enajenante.

 

No sé  cuántas horas pasé en ese centro de torturas. Casi al amanecer me llevan (aún vendado) a otra parte, y me meten en un calabozo (celda) donde había dos personas. Me dí cuenta que había llegado al Regimiento Pudeto:  mi próxima estación de mi nuevo  peregrinaje. ¡Yo, un peregrino de la paz y la justicia  llevado a las mazmorras  magallánicas del fascismo pinochetista !

 

 

 

 

Dinamarca, Abril 2004

 

 

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Nota Editorial

         

1.      Sergio Loguercio era el secretario regional del partido socialista en Magallanes hasta mediados de 1973. Salió al exilio a Dinamarca, donde reside.

 

 

 

 

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