ME DEJAN LIBRE: Punta
Arenas 1974
Gonzalo González Vargas

Después de diez días de estadía en el Hospital
Naval de Punta Arenas me dan de alta. Se me comunica que estoy libre y que
podía irme a mi casa. Además, se me informa, que tenía que ir a firmar todos
los días a la Intendencia.
Me voy a pié a mi casa con mis pilchas a cuesta. Aún
me sentía débil. La enfermedad me hizo perder de peso. Como vivía sólo, nadie
me esperaba. Tomo el teléfono y llamo a mi madre que cuidaba mi departamento en
Santiago. Mi padre estaba hospitalizado. Mi madre, llorando de emoción me comunica que mi hermano mayor, también le
habían lo habían dejado libre en la XI Región, pero que estaba enfermo.
Al próximo día en libertad, me voy a mi oficina a sacar mis cosas y nada encuentro.
Todo había desaparecido. El personal era nuevo. Ni siquiera me saludaron. Me
miraban como una persona extraña. Caminó a la Intendencia a firmar, y
veo puros funcionarios vestidos de uniforme. El oficial que me atiende me dice
que no debía abandonar la ciudad, y que mi libertad era condicional.
Un día veo al
temible Otto Trujillo, mi ex colega de INDAP, y agente de
inteligencia. Le pregunto, si cuánto tiempo iba a estar con la libertad condicional, ya que quería irme a Santiago.
Me contesta con una amabilidad que no lo esperaba, y me dice: ten paciencia
que pronto te daremos el salvoconducto para que abandones Punta Arenas.
En la práctica no me sentía libre. Estaba consciente
que estaba siendo vigilado. Mis compañeros
y colegas o estaban aún presos o tenían miedo de acercarse a mí. A nadie
vi en el lapso que estaba con libertad condicional. En general, la gente tenía
temor. Sentía una pesada atmósfera de suspicacia y sospecha de parte de la
gente que sentía temor de no verse envuelta en problemas con los políticos del
derrocado régimen
El terror y la
desconfianza reinaba a todo nivel.

Gonzalo González Vargas
Dinamarca, Julio 2004
Ø
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