
FAICHÁN
En todas partes hay weones pesaos.
También en los campos de concentración había
algunos. Y no eran milicos. Eran presos como yo.
En Isla Dawson, el hambre era lo único diario.
Y el frío intenso y el trabajo duro nos tenía a
mal traer.
Antuco Gonzáles bajó de 78 a 43 Kgrs. en ese
período y los Cros. de la Barraca Remo comieron
ratas almizcleras preparadas por Welet, un chilote
de pura cepa. También se comía caiquén y mariscábamos
erizos, pero había que ser harto gallo pa'meterse al
agua
dos grados bajo cero.
En cierta ocasión un miliquito de tropa, proveniente
de Santiago
y paleta, se echó un bagual, o una res salvaje.
Entonces tuvimos fiesta.
Por el resto, un puñado de lentejas, semicocidas,
camufladas en una sopa negra y con pedruscos de
condimento.
Pero el weon pesao de Olavarría, con más mandíbula
que el caballo de Condorito, hablaba siempre como
pelícano
de los manjares más exquisitos imaginables, terminando
irremediablemente con el "faichán" relleno
con puré de castañas
y un vinito pipeño. !!Vaya combinación!
Yo había conocido a su hermano Nelson en Santiago,
quién me pidió le ayudara a iniciar un liceo nocturno
en
Lo Valledor.
Ya conté anteriormente, que mis alumnos eran casi
todos asaltantes, monreros, carteristas, etc., etc y
las alumnas,
muchachitas pobres del sector, la única motivación de
los alumnos
aludidos.
A la hora de salida ya no había locomoción y debía
caminar cada
noche hasta Portugal con Avda. Matta para alcanzar el
micro.
Si en aquella época no me cogotearon es porque me
impuse desde
un comienzo y uno de los malevos calaveras había sido
mi compañero
de juegos de la infancia, Care'lion.
Por ello, conociendo a Nelson en Santiago, de una u
otra forma había
conocido también al Olavarría del faichán.
Cada día, entre un concierto de tripas, comiendo las
duras lentejas,
hablaba el susodicho en voz alta, para que todos lo
escucharan,
lo que a él le gustaría comer y era una lista
interminable de platos
de todo tipo. Era un tipo inteligente, que leía tres o
cuatro páginas de
un libro, por primera vez y las podía repetir
textualmente.
Por baboso y ponerle atención, una vez me quebré un
diente con un
condimento de las duras lentejas.
Estuvimos juntos también en el campo de concentración
de la IV
brigada aérea, en Punta Arenas, donde la dieta era aún
peor.
Allí nos echaban las sobras de la tropa en un gran
fondo y las revolvían con
porotos más duros que las lentejas, pero le agregaban
harta agua y comino.
Y el Olavarría aquél, siempre con su faichán relleno
con puré de castañas
y el vinito pipeño. Pta's el weon pesao!
Como mi estadía fue más prolongada que la suya, ya que
cerré el campo de concentración de Isla Dawson con los últimos catorce o quince
que quedábamos, dejé de ver al mandíbula del Olavarría para siempre con su
faichán.
Pero en mi recuerdo siempre ha quedado asociado al
faichán con el puré de castañas y el vinito pipeño.
Hasta el día de hoy, nunca lo he probado ni me abre el
apetito. Lo único que me recuerda son las duras lentejas condimentadas como con
piedras.
Pero al mal tiempo, buena cara.
Total no es más rico el que más tiene sino el que
menos necesita, decía Diógenes y yo con él!
atte. charlie7
(c) r.p. cáceres vidal
Volver a la Portada Volver al Indice