
CRECENCIO
Crecencio
Soto, fue un noble y antiguo militante socialista,
humilde
y anónimo. Era más bien bajo de estatura y con una cabeza
de búho
asustado.
Cayó
preso el día del golpe en Punta Arenas y yo le conocí en
el Rgto.
Pudeto, donde quedamos esperando el barco o el avión que nos
llevaría
a la muerte, pues existía el propósito de fondearnos a todos los dirigentes
en medio
del estrecho, tal como lo hicieron en otras ciudades, haciéndolos caer al mar
desde un helicóptero.
Y yo
esperaba en cualquier momento que me llegaran a buscar.
El pobre
Crecencio, tenía problema de incontinencia y como éramos más o
menos
400 presos para sólo seis baños, tuvimos que buscarle una lata vacía,
donde
pudiera orinar.
En
cualquier momento llegaba Penjamón con su pistolón haciéndolo girar en
la mano,
para llevarse un grupo de nosotros a los lugares de tortura.
Estaba
prohibido hablar en un comienzo, pero pronto supimos que se nos
vendaba
y se nos trasladaba al más tarde mejor
conocido como Palacio de la
Risa.
Una vez
llegados al Palacio de la Risa, se nos obligaba a ponernos en fila
india y
con las manos sobre los hombros de quien estuviera adelante
nuestro,
se nos llevaba jugando al trensito hacia el interior para comenzar con las
torturas.
Los
esbirros encargados del transporte nos dejaban en el patio del
local y
desaparecían. Allí nos recibía otro gorila quién nos ordenaba:
"manos
a los hombros",
"trensitoooo,
comenzaaaaar!".
Y los
presos teníamos que jugar:"Huhu-chiquichi-Huhu-chiquichi" hasta
llegar al
interior.
Cuando
nos llevaron un día, le tocó a Crecensio hacer de último vagón.
A la
orden pasiva: "trensito" , todos pusimos las manos en los hombros del
compañero
que nos antecedía y a la voz activa "Marrrrrrrr":
"Huhu-chiquichi-Huhu-chiquichi".
Cuando
llegamos al interior, en el tercer piso del edificio, se nos ordenó
pasar
número.
Ya nos
habían explicado con anterioridad, en dos horas y quince minutos,
todas
las sutilezas de las voces de mando:
"atención",
para poner atención.
"Firrrrrrrrrrrrrrr",
voz pasiva. "Msssssssssss:, voz activa.
"Atencióooon",
"pasar número": 1-2-3-4-5-6-7-8-9.........
"De
nuevo, pasar número, Mrrrr": 1-2-3-4-5-6-7-8-9 y último
mi.....sargento!”
"A
ver, a ver": 1-2-3-4-5-6-7-8-9.........
"A
chuchas se fugó un weón…!"
"Voz
de alarma!" "Voz de alarma! Rápido"
Y
comenzó la sirena y las carreras de las patrullas en todas direcciones.
Y cada
uno de los valientes que pasaba nos daba un aletazo.
Cual no
sería la sorpresa al encontrar a Crecensio en medio del patio, con
las manos
sobre sus propios hombros, jugando al
trensito: "huhu-chiquichi,
huhu-chiquichi".
Más
tarde me comentaría: "Y yo no me podía explicarme, cro., que extraña
tortura
psicológica podía ser aquella".
Pero no
todo era cómico en Colón con Chiloé, donde estaba el Palacio de la
risa.
Yo
estaba en la parrilla y aparte del dolor había olor a carne quemada.
Una de
las correas que me habían puesto, no estaba bien apretada y se
producían
chispas que me quemaban horriblemente, hasta hacerme heridas.
Desde
luego estaba desnudo con electrodos en los genitales, brazos,
cabeza,
ano, todo. No había ni un sólo lugar libre. Y llevaré por el resto de mi vida
las huellas de esas quemaduras terribles.
Pero ni
por un sólo instante, aceptaría en hacer padecer lo mismo a mis torturadores.
No está
en mi naturaleza. Y no es de seres humanos.
Al final
que ganaron? La mayoría terminaron, locos, drogados, destrozados.
El mismo
director del SIM-Magallanes, Bisquert, se trastornó mentalmente.
Y pensar
que hay quienes justifican este tipo de situaciones, porque consiguieron
afianzar sus privilegios. De ganar más dinero con su amada democracia y a este
precio. Con el terror fascista.
Las
mujeres estaban en el Rgto. blindado "Ojo Bueno". "Todas fuimos
violadas", me contaría años más tarde en una noche de ronda una Cra. en
Barcelona. Y yo que aún pensaba que los chacales podrían haber siquiera
respetado a nuestras mujeres. Y digo nuestras mujeres porque las siento mis
hermanas.
No
tienen perdón. Es ese el precio que hay que pagar por querer una democracia
justa y para todos?
Sea como
fuera yo no tocaría ni un sólo cabello a las mujeres o hijas de los soldados
que nos torturaron o violaron nuestras mujeres o nuestras hijas. Y esa es la
diferencia.
Yo no
quiero justificar nada, pero los torturadores son también un instrumento del
sistema impuesto por los amos del norte.
Fueron
mantenidos muchas horas, antes de cualquier operativo, en vigilia,
sin
comer ni beber, mientras los oficialillos de aquel ejército invicto, se
turnaban, para hablarles en contra de los marxistas.
O eran
obligados a realizar violentos ejercicios físicos mientras debían repetir en
voz alta las consignas en contra del gobierno de la UP. Esto era lavado de
cerebro. Y cuando salían a los operativos, eran como perros rabiosos, o una
tropa de gorilas borrachos por comer frutas podridas, donde el azúcar ya es
alcohol.
Los
gorilas querían saber de mí sobre las cinco mil metralletas, que según
ellos
habían llegado de la URSS.
De
dónde!? Puras invenciones al igual que el Plan Z, ya experimentado por
la CIA
en Indonesia contra Sukarno.
En la
murallas chilenas, escribían JKTA (Jakarta) viene.
Un joven
estudiante, apremiado por los gorilas, había dicho verme con armas
en la
universidad. Mentira!
Había
caído por estar en posesión de un billete de cien pesos antiguos.
Era,
según decían, el contacto entre los Miristas.
Los
gorilas estaban siempre en un grupo de a tres por cada torturado. Pero
cuando
permanecía sólo uno de ellos junto a mí, era claro que se sentía culpable. Y
entonces recibía un cigarrillo encendido entre mis labios hinchados o limpiaban
mis
heridas. Era un poco de compasión, pero también una manera sutil para
hacerte
hablar, lo que ellos querían oír.
Aunque
la mayoría de las veces, eran ellos los primeros en hablar. Estaban
siempre
drogados.
Cada
choque eléctrico me hacía saltar como un muñeco de trapo en la camilla
de
fierro. Me habían obligado a beber previamente una salmuera para mejorar la
conductividad eléctrica. Y ellos hacían chistes brutales acerca de mis genitales,
estimulados por el terror y la angustia, sabiéndose desde ya vencidos de
antemano.
La
sangre manaba de mi nariz y boca. Mi corazón era un tambor a punto de
reventar.
No sólo la venda en mis ojos, me cegaba. También la sangre y sentí que todo
giraba a una velocidad increíble. Pero de pronto una luz se acercó
a mí y
en un rápido carrusel vi mi madre, mi padre, mi mujer, mis hijos, mi
barrio,
mi escuela "templo del saber", todo. Y estaba completamente
consciente y sin dolor. Sólo tenía pena.
Cerca de
mi casa, cuando niño, vivía don José, que aparte de ser zapatero y
secretario
del glorioso club de fútbol, J.M. Carrera, mantenía trampas para cazar pájaros.
En cierta ocasión su hijo, me mostró un fenómeno inexplicable. Pintó las alas
de un zorzal de color rojo. Era el crepúsculo y éste quería volar hacia sus
camaradas de regreso. Cuando por fin quedó libre, sacudió sus alas y voló a lo
alto del
nogal a reunirse con sus congéneres, pero su retorno despertó gran
algarabía
y desorden. Yo asistía asombrado a lo que veía. Después de un par de minutos,
cayó el cuerpo del zorzal muerto, esta vez rojo por su propia sangre. Su
bandada lo había rechazado por estar de rojo. Los últimos rayos del sol se
ocultaban en el horizonte.
Así me
sentía yo. Como el zorzal, traicionado y torturado hasta la muerte
por su
bandada. Pero llegó el Dr. Araneda, el Mengele, del invicto ejército y le
sugirió a los gorilas que pararan con la corriente, si querían continuar más
adelante conmigo. Más tarde este Araneda se arrancó a EEUU.
Como
después de cuatro horas estábamos aún en el mismo lugar donde habíamos
comenzado.
Me habían limpiado y el método era otro. A mí se me ocurrió reconocer
lo de
las armas, pero di al mismo tiempo las presuntas fechas siguientes: Octubre del
''72, Marzo del '73 o Julio del ''73.
“Ah-Ah….,
finalmente…”, dijo una voz sentenciosa a mis espaldas.
Y el
pobre estudiante, titubeando, dio como fecha,
Julio del ''73.
“No es
verdad”, dije yo. “En ninguno de los tres períodos estaba yo en P.
Arenas”.
Y eso era verdad!
Y ahora
fue el turno del pobre estudiante, en recibir una dosis extra de
corriente.
“Por
mentiroso”, dijo uno de los gorilas.
Y a mí
me llevaron de regreso al Pudeto.
Ejército
invicto? Es la peor derrota de las fuerzas armadas: volver las armas compradas
con el sudor del pueblo, contra ese propio pueblo sin armas. Los cientos de
miles de chilenos libres que vivimos en el extranjero somos la demostración de
esa derrota.
© R.
Cáceres vida
atte.
charly7
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