Ejercito Reconoce Politica Institucional
de violaciones de Derechos humanos durante la
Dictadura Militar
La declaración de noviembre del 2004 del General Cheyre

Reproducimos la declaración de prensa del comandante del ejercito General Cheyre del 4 noviembre del 2004. En
esta declaración, después de 31 años de negativas, se reconoce la existencia de una política institucional de violaciones de derechos
humanos contra los prisioneros políticos durante 1973 –1990. Esta política
institucional se trata de justificar, erróneamente, por los efectos de la guerra fría que afectaba a Chile entre
1960-1970. Al contrario, este periodo de los presidentes democráticos
Alessandri, Frei y Allende, se
caracterizó por el respeto y avance de
los derechos humanos en Chile.
Dawson2000.com
Ejército de Chile: el fin de una visión
Juan Emilio Cheyre Espinoza
Comandante en Jefe del Ejército
ejercito.cl
, 4 de noviembre del 2004.
Se ha cerrado
recientemente el Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE). Con la misma
fecha se ha creado y dado paso a la Agrupación de Seguridad Militar, unidad
eminentemente especializada, reducida en dotación de personal y preparada para
cumplir misiones distintas a las que efectuaba en el pasado, particularmente
hasta 1990, como producto de la situación nacional e internacional de fines del
siglo XX.
La
creación de esta nueva unidad obedece también a una legislación reciente que
busca dotar al Estado de un órgano de Inteligencia con capacidad para producir
los insumos necesarios para las resoluciones del nivel político, y con el cual
debemos interactuar. No constituye un mero cambio de denominación, de rostros o
de lugar de trabajo. Una función como la Inteligencia y la Seguridad Militar,
dada su creciente complejidad y su aporte a las decisiones en el ámbito
castrense, necesita de contenido real y no de tratamientos cosméticos.
De ahí
que este cierre deba ser interpretado como parte de un proceso general, progresivo
y previsto por la planificación de modernización institucional, para los
tiempos que se viven en la actual realidad nacional e internacional. Éstas son
las que nos indican los nuevos paradigmas a seguir. Sin embargo, en estricto
rigor, este cambio no es la esencia novedosa; el tema es más profundo, y el
cese del BIE es sólo un hecho –desde luego importante– inserto dentro de un
conjunto mayor y más relevante de planificadas acciones.
En efecto, el Ejército de Chile viene adoptando, desde
hace ya varios años, decisiones tendentes a abandonar una concepción centrada
en una óptica propia de la Guerra Fría. Una visión –por cierto generalizada en
los diferentes actores sociales nacionales y organizaciones en todo el mundo–
que llevó a la radicalización del conflicto y a la imposición de una lógica de
confrontación, que llegó a aceptar como legítimos todos los procedimientos y
medios de lucha como métodos para obtener o mantener el poder. Una visión que
condujo a la comprensión de la política desde una perspectiva que consideraba
enemigos a los que eran sólo adversarios y a la reducción del respeto a las
personas, su dignidad y sus derechos. Una visión, en fin, que se constituyó en
un sello distintivo de nuestras relaciones políticas, sociales y económicas, y
que se mantuvo imperante entre nosotros los chilenos, durante muchos años, como
la propia Guerra Fría que la inspiraba.
Como consecuencia de la situación descrita el Ejército
de Chile no pudo sustraerse a la vorágine inapelable de esa visión y de los
acontecimientos que ella, a escala mundial, precipitó, convirtiéndose en uno de
los protagonistas principales de los mismos en este, nuestro país. Actuó –en
ese contexto– con la absoluta certeza que su proceder era justo y que defendía
el bien común general y a la mayoría de los ciudadanos. Se podrá disentir
totalmente de esta afirmación, es lícito, pero no es igualmente lícito olvidar
ni la lógica de la confrontación que imperaba en ese momento ni el
comportamiento consecuente que ella indujo en los chilenos de entonces.
¿Excusa
el escenario de conflicto global ya descrito las violaciones a los derechos
humanos ocurridas en Chile? Mi respuesta es una e inequívoca: no. Las
violaciones a los derechos humanos, nunca y para nadie, pueden tener
justificación ética. Por ello mis palabras no deben entenderse como una
morigeración de lo ocurrido, sino como un esfuerzo más en la búsqueda de la
verdad pues, ya lo he dicho antes, la verdad libera y trae paz a los espíritus;
pero debe ser una verdad completa y entendida siempre en el contexto histórico
en que ocurrieron los hechos. En nuestro caso, unas circunstancias
excepcionales, anormales y de odiosidad muy amplias que nos dividieron, y
profundamente.
Se trata, sin embargo, de una época y de una manera de
existir, como pueblo y como Nación, que se ha dejado atrás. Por ello, como
Comandante en Jefe del Ejército, he volcado una parte importante de mi cometido
a adecuar a la institución a la realidad de un Chile que aspira al desarrollo,
la cooperación y la paz internacionales; a la realidad de un país –el nuestro–
que hace suyos los principios y valores de la democracia como sistema político
y del respeto a la dignidad del ser humano como el elemento vital para una sana
convivencia nacional e internacional.
En esa perspectiva –como ya lo advertí– el cierre del
BIE no es un hecho aislado. Concluye un proceso de cambios graduales y
sucesivos entre los que destacan la nueva arquitectura del Ejército –que se
sustenta en considerar a nuestros vecinos como verdaderos socios y amigos con
proyectos comunes–; un proceso educativo de revalorización de los derechos
humanos, una atenta revisión y reformulación de nuestra reglamentación y
procedimientos y un reposicionamiento en la sociedad –a la cual nos debemos y
servimos– buscando una mayor cercanía que nos haga ser percibidos como una
institución de todos los chilenos.
El Ejército de Chile tomó la dura pero irreversible
decisión de asumir las responsabilidades que, como institución, le cabe en
todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado. Además, ha
reconocido en reiteradas oportunidades las faltas y delitos cometidos por
personal de su directa dependencia; las ha censurado, criticado públicamente y
ha cooperado permanentemente con los tribunales de justicia para, en la medida
de lo posible, contribuir a la verdad y a la reconciliación. Asimismo, se ha
condolido por los sufrimientos de las víctimas de estas violaciones,
reconociendo que recibieron un tratamiento que no se condice con la doctrina
permanente e histórica de la institución. Unas violaciones que no justifica y
respecto de las cuales ha hecho y seguirá haciendo esfuerzos concretos para que
nunca más vuelvan a repetirse.
Expresión de esta línea de conducta ha sido nuestra
concurrencia a la Mesa de Diálogo y el esfuerzo de recopilación de información
útil y conducente para establecer el destino final de los detenidos
desaparecidos, así como su remisión a los tribunales, únicos encargados de
establecer la verdad jurídica y aplicar la legislación vigente. Y al mismo
estilo de conducta ha correspondido, más recientemente, nuestro decidido
compromiso y colaboración con la Comisión Nacional sobre Prisión Política y/o
Tortura, cuyo contenido y conclusiones asumiremos con la misma serenidad y
responsabilidad con que hemos actuado hasta ahora.
Puedo
afirmar pues, al ofrecer esta sintetizada cuenta del proceso de cambios que el
Ejército ha venido efectuando que la institución a mi mando ha transitado desde
una organización, una lógica y un actuar, que eran propios de la Guerra Fría,
hacia aquella que Chile hoy nos demanda.
Me parece que con el proceso que ha vivido la
institución y el país, las lecciones aprendidas por todos y la superación de
las divisiones mediante la verdad y la justicia, nos encaminamos hacia un
futuro promisorio que, recogiendo estas experiencias, le dé a Chile la
suficiente fortaleza y cohesión de su sociedad para enfrentar un mundo
complejo, competitivo y con heterogéneas amenazas. Creo, sin embargo, que
todavía podemos avanzar mucho en el perfeccionamiento de la sociedad
democrática a la cual aspiramos todos los chilenos y que una de las formas de
procurar ese avance es la superación de prejuicios y desconfianzas que, también
en el pasado, llevaron o al ostracismo de las Fuerzas Armadas en los cuarteles
o a un protagonismo de éstas impropio de la condición militar. Esa dicotomía
–como expresé en otra oportunidad– puede ser resuelta con grandeza por los
chilenos. El justo medio entre estas dos desviaciones sería el paradigma
virtuoso que, como sociedad, encontraríamos para establecer los límites entre
el aislacionismo ciego, auto excluyente, y el tutelaje castrense.
Se trata, sin embargo, de un justo medio que no nos
corresponde a los militares encontrar sino a la ciudadanía toda por intermedio
de sus instituciones. Nuestra tarea en esa dirección, quizá aún incompleta, se
debe limitar al tránsito institucional desde visiones del pasado, como aquella
determinada por la Guerra Fría, hacia otras contemporáneas y concordantes con
el Chile hoy. Una tarea a la que seguiremos dedicando nuestros mejores y más
honestos esfuerzos como militares y como chilenos.
Ø
Resumen
Propuesta de DDHH Dawson2000 y Agrupación DDHH Letelier
Noviembre 2004
Dawson2000.com
y Agrupación de DDHH Letelier. Julio
2003.
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