El Papa Caliente

Roberto Patricio Cáceres

 

 

 

 

El Papa Caliente, era o es un chileno refugiado político por estos lados. Yo me había olvidado ya del "Papita Caliente", pero ayer mi visitó mi amigo el Negro José, que es Mapuche puro, y estuvimos haciendo recuerdos de los años mozos pasados en los Campos de Concentración y de la reinserción en la vida normal, en estos países europedos. La verdad es que ha sido uno de los períodos más críticos, hasta ahora, para cada unos de nosotros, en nuestras vidas.

 

Después de pasar algunos años en los campos de concentración, tuvimos que rehacer o reconstruir nuestras familias, reconquistar el afecto de nuestras mujeres e hijos e hijas, estudiar un idioma extraño, conseguir trabajo.., etc., etc. y aún hacerle frente como machos a la cuestión sexual. Problema nada fácil de resolver porque como bien supondrán, nos dieron corriente y golpes por lo bajo, en el pajarilla y a todo nivel. Incluso a un amigo que ahora vive en Besançon le atravesaron ambos testículos con una aguja y lo dejaron pegado a un tablón por varias horas. Parecía mariposa de insectario. De sólo pensarlo... se me encoge la diuca. Porque han de saber que sexualmente hablando, el órgano que más se usa.. es el cerebro. Y es por ello que todo contacto, sobre todo el contacto carnal, fue al comienzo ya un gran problema. Sin contar con el trauma psicológico de no poder hacerlo. Pero hay que tratar de salir adelante, en todo caso, con la frente en alto, sin agachar nunca la cabeza. Fue un período muy difícil que no todos superaron.

 

Cual más, cual menos salió con algunos problemitas.. Tanto tiempo encerrados en los campos de concentración.., además, con la angustia de no saber que sería de nuestras familias y de nosotros ., ya nos estabamos poniendo agresivos y habíamos comenzado a patearnos entre nosotros mismos. Yo me acuerdo que a mi salida del hospital naval, dónde me operaron por causa de un puntapié en la región inguinal, fui a parar al Regimiento Cochrane, de los kosakos de la marina. Ya estábamos en los últimos días antes de pasar a la Cárcel Pública, con los delincuentes.

 

Nuestros familiares, no todos, pues el Cochrane queda en las afueras de la ciudad, camino a Fuerte Bulnes y en aquel entonces no había locomoción, nos hacían llegar algunas cositas, que como buenos camaradas, repartíamos entre nosotros a como diera. El Gato Lanfranco, había salido en libertad mucho antes y no había sido condenado. Igualmente su padre. Pero su hermano, Fernando, aún estaba encerrado, motivo por el cual el Gato nos llevaba algunas delicadezas, como una torta hecha de galletas, bañada con dos botellas de ron. Después de la repartija, se paró el Chico Ulloa sobre una cama y comenzó a hacer un discurso revolucionario contra los fascistas. Se le obligó a bajarse con un cállate weón, del proscenio improvisado, pues íbamos todos a ser nuevamente torturados.

 

El pobre Chico Ulloa había sido dirigente campesino y dirigente de la Federación Campesina 26 de Julio y de la Central Única de Trabajadores. ¡Ese era su único delito!

Se le encarceló, se le torturó, se le trasladó a lo largo de Chile, de cárcel en cárcel, hasta llegar a la Penitenciaría de Santiago. Allí, sin tener cargos en su contra, lo dejaron libre. Pero a los 100 metros más allá, lo volvieron a agarrar y lo metieron preso con ficha de homosexual. Regresó a Punta Arenas y se trastornó. De allí su discurso fuera de lugar. Salió finalmente libre, pero después de algunos años se suicidó en Punta Arenas...  ¿Quién reclama sobre esto..? ¿Los canutos que compartían el pan y el vino con los asesinos, en la mesa del dictador..? ¿Los católicos, cuyo cardenal oficia la impunidad para el viejo traidor y asesino...? ¿Dónde está el amor cristiano...? ¿Quién asesinó al Cro. Ulloa...? Porque aquí se trata de un crimen, no es una casualidad. Y decir que es su propia culpa es tan estúpido como echarle la culpa a la cuerda o a la viga de la cual se colgó.

 

Pero estaba contando, que todo lo que llegaba nos lo repartíamos equitativamente en el campo de concentración. Y estaba yo un día de ranchero, o sea, debía repartir lo que llegara. Creo que llegaron dos tarros con perdices escabechadas y había que repartirlas en sándwichs entre treinta. ¡Nada extraordinario! Pero Juanito Eterovic me tiró el sanguche de vuelta, por la cabeza, porque dijo que yo le había dado el más chico. Y yo...., operado y todo, me le fui encima y le pegué un castañazo... ¡Perdóname Juanito! Nos separaron entre todos.. entre otros el loco Cárdenas, si mal no recuerdo.. ¡Bueno! Ese era el estado de ánimo que reinaba entre nosotros. Los kosakos no se metieron, pues era eso lo que querían, que nos destruyéramos solos.

 

Claro que una vez saliendo y ya en libertad, instalados ya en otro mundo, la situación fue cambiando, pero para muchos no cambió en mucho e incluso empeoraron ante la presión de la nueva sociedad que nos acogía. Nos recordamos, con mi amigo, el Negro José del "papa caliente". Le decíamos así porque hablaba como el rambo silver stalone y movía la mandíbula inferior circularmente. Como rumiando en forma permanente, como si se estuviera quemando la lengua  ¡con una papa caliente! Además se calentaba por todo como bombilla 'elata! Y era cosa seria pa’armar rosca, bochinche o lo que fuera. Y lo peor es que siempre le pegaban

 

Una vez estábamos en una fiestoca, donde todos habíamos aportado una cuota y el Choro Aristey, si mal no recuerdo, le dijo a unas amiguitas: ¿ a qué hora nos vamos chiquillas..? Estaban todos alrededor del buffet y el Papa Caliente, se estaba sirviendo más comistrajo. Las chiquillas entusiasmadas le respondieron al Choro: espérate un poco Chorito, la fiesta está tan re’guena. Está bien, dijo el Choro,  pero no se demoren muchoA quien le venís a decirle que no devore mucho.., tal por cual.., saltó el  Papita Caliente, si yo pagué también mi cuota igual que vós…, todo ello acompañado con abundantes saludos a la madre del Choro.

 

El Choro que había sido kosako también, pero de los buenos, le explicó que se refería a las chiquillas a quienes les había dicho que no se demoraran mucho. El Papa Caliente, no quería dar su brazo a torcer y desafiaba a pelear al Choro, pero este se resistía sabiendo que con un sólo coscorrón el Papita Caliente quedaba hecho puré. Pero el Papita Caliente tuvo la última palabra: Así son to’os estos miristas ‘emierda. Rehusan siempre el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Ahora resulta risible la situación, pero varios salieron bastante ralladitos de los campos de concentración.

 

El Choro Aristey, había sido Kosako y nos contaba de su preparación. En uno de sus cursos, debía encerrarse en un cuarto obscuro con un gato negro y matarlo de un sólo puntapié. Era una orden y de nos ser cumplida sería castigado. Cuenta el Choro Aristey, que gracias a Dios y a la Virgen Santísima, consiguió reventarle la cabeza al pobre gato y cuando el instructor lo vio, en lugar de congratularlo, le dijo: p'tas que soy malo Choro, que te hacía el pobre gatito? Flexiones comenzar, págame mil, pero en cada flexión tenis que darle un besito al gatito. Es decir, eran preparados para matar.

 

En Isla Dawson, los Kosacos  reemplazaron al contingente del Regimiento Caupolicán de Porvenir, a mando del psicópata Teniente Mancilla, asesino de Porvenir. Este tienentillo había asesinado a dos compañeros en el conocido intento de fuga.

 

Los kosakos, tenían esa del págame diez, por cualquier motivo. Se referían a diez flexiones. Y así surgió el conjunto musical de los prisioneros de Isla Dawson, llamado Los Págame Diez. Su característica musical era: ..me engañas mujer.., con el mejor de mis amigos que fue.., como un hermano para mi.., etc., etc. ¡Qué tiempos aquellos, hermano!

 

charlye7

           

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Holanda, Julio  2004

 

 

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