UN MUNDO DE AMOR PARA ROSITA
Miguel
Loguercio

No todo lo vivido en mi reciente regreso a Punta
Arenas, después de 27 años, fue hermoso. También hubo
situaciones y realidades llenas de amargura e impotencia. Una de ellas fue la
visita a mi amiga y compañera Rosita Amarante.
Un día pedí en forma
especial a Ricardo Andrade y a Arturo
Román que quería visitar a Rosita.
Durante largo rato
estuve
insistiendo, pero ambos dejaban pasar mi petición, como si no prestaran
atención. Finalmente y ante mi insistencia partimos a una población que no
conocía. Llegamos a una casita modesta, entramos y nos recibió el marido de
Rosita, sus hijas, unas lolas grandes y bonitas: Marisol de 21 años, Vanessa de 16 años,
y el regalón de casa, Ramón Rodrigo de 4 años. Las niñas tienen las
edades que teníamos nosotros el 73.
Rosita estaba durmiendo, la despertaron, cuando salió de la pieza, pidió un
cigarrillo. Su marido me miraba con cara de interrogación. Rosita se sentó
frente a mí, y empezamos a conversar, le
pregunte que si me reconocía... me miraba y se reía. Dame algunas pistas me
decía.
Bien
conteste: noviembre o diciembre
1974. Cuando yo salí de la cárcel,
te fui a ver a tu casa en calle Colón.
Conversamos largo y te invité a dar una vuelta, caminamos en silencio
por calle Colón, hasta la playa y
regresamos por el mismo camino. Tu me confesaste que era la primera vez que
salías en mucho tiempo, y que estabas contenta, que tenias miedo, pero que
conmigo te sentías tranquila. Mientras yo relataba esto, ella me miraba,
atentamente, para de pronto pararse y abrasarme, diciendo...
¡Miguel Loguercio!
Fue en ese mismo instante
que su marido me dijo, pero si yo te conozco y tú a mí también... soy Ramón Miranda. Claro, yo tampoco lo había reconocido, él era un
estudiante de la Instituto Comercial en esa época. El pasar de los años
deja huellas en todos concluimos. Rosita comenzó a recordar, y su mente fue
trayendo al presente un montón de historias y recuerdos lindos, de un pasado
hermoso... pero la amargura me embargaba. Me sentía mal, de ver hoy la
transformación increíble y dolorosa de aquella reina de Punta Arenas, que fue victima de las torturas más crueles.
Rosita, es una más, de esas cientos de mujeres de nuestra
patria que soñaron y lucharon por un Chile más justo, recibiendo a cambio,
tortura, dolor, vejaciones y un sabor amargo a la vida. Para quienes conocen la historia de nuestra Rosita,
las palabras están de mas, y para los que no la conocen, pueden estar seguros, convencidos, que Rosita
sigue siendo esa compañera... inmortal,
hermosa, linda y llena de vida que muchos conocimos un día. Fuerza Rosita,
somos muchos los que estamos pendientes de ti, somos muchos los que te queremos
y estimamos. Dawson 2000 saluda a Rosita Amarante con los mejores deseos para su futuro. Esa Reina de Punta Arenas merece un mundo de amor de
todos nosotros.
Miguel Loguercio
U-2

Copenhague, Dinamarca. Agosto 2002